Tiene su historia, este restaurante que os presento hoy. Lo montó a mediados de 2009 el tokiota Takao Kondo, un personaje casi de cómic manga que llegó a Gran Canaria en un velero en el que daba la vuelta al mundo, se enamoró de la isla y decidió crear en su capital un restaurante japonés sin la más mínima concesión a las tendencias europeas, en el que sus paisanos se sintieran verdaderamente como en su país. Para ello, se trajo de allá a un cocinero experto en sushi y en otras artes que luego les comento, el paciente Tomokazu, y contrató a un magnífico estudio de arquitectos que le montó el que a mi gusto es uno de los locales más originales de la capital grancanaria, tan minimalista que parece una sala de multicine, con los detalles mínimos para que el comensal esté a lo que hay que estar.
Vino pues Takao con su Benkei, antes de abrirlo lo presentó en un almuerzo con periodistas en el Hotel Escuela de Santa Brígida en el que Tomokazu hizo filigranas con su sushi, nos vaticinó una auténtica revolución...y no pasó nada.
Bueno, si pasó, yo creo que lo que pasó fue que el bueno de Takao no entendió a los del país o se creyó que podía subirse a la parra sin conocer a nadie ni saber una palabra de español. Con una mentalidad casi de samurai, se empeño en elaborar una carta cerrada al gusto de su tierra a precios prohibitivos y no se bajó de la burra, y dicen que al pobre Tomokazu lo trajo por la calle de la amargura con sus exigencias (la foto es de cuando se presentó en el hotel escuela; ahí podemos ver a Takao de corbata y al bueno de Tomokazu a la izquierda, minutos antes de hacerse en hara-kiri). A los seis meses de la apertura o así fuimos por allí Mario Hernández Bueno, Luz Cappa y yo por mediación de un relaciones públicas que intentaba echar una mano al tokiota y nos encontramos el local vacío y a Takao, atacao. Que nada, que no sabía que hacer con el negocio para que marchara. Por cierto, el único cliente que había aquel día era un nipón de cerca de ochenta años que nos contó que había sido kamikaze en la segunda guerra mundial (fracasado, se entiende, ¿no? a ver cómo iba a contrarlo si no...).
Bueno, consolamos a Takao como pudimos, Mario le dio algunos consejos como técnico que es en materia de hostelería y la verdad es que no volvimos a saber nada del Benkei ni de su peculiar propietario hasta que el otro día un buen amigo, abogado de la isla, me dijo que el restaurante había cambiado de manos y ahora lo regentaba otro letrado, el madrileño José Antonio Infiesta, casado con una japonesa especialista en sushi.
Lo primero que hizo Infiesta, un tipo tranquilo, culto, viajado y muy agradable, ha sido confirmar en su puesto a Tomokazu y dejarle hacer como él sabe, y al pobre cociinero fue como si le hubiera venido a ver Dios de lo mobbingizado (palabro que me acabo de inventar) que estaba con su anterior patrón. Ha bajado los precios (viene a salir por unos 30 euros el cubierto, puede ser menos y puede ser más, claro) y mantiene la alta calidad del producto. A mí me fascina lo que me suele fascinar en todos los restaurantes japoneses de alta gama, el maguro (atún toro) que parece pata negra, con sus sublimes infiltraciones de grasa sana, pero también me gusta dejarme llevar por Tomokazu y que me sorprenda con sus platos tan ricos como visuales. Bueno, basta de cháchara y al turrón.
PD: Creo que Takao se ha dejado melena y anda navegando por el mundo. Espero que le vaya bien donde quiera que esté
PD 2: Me olvidaba de apuntarlo: Tomokazu está licenciado para preparar el fugu (tamboril), ese famoso pez globo letal si no se sabe trabajar, lo que pasa es que aún no ha dado con la forma de traerlo. Mario dice que el fugu es el tamboril, sí que se parecen, pero a saber. Yo, por si acaso, kioto parau.
Restaurante Benkei en Las Palmas from antonio f. de la gandara on Vimeo.
