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Archivos Enero 2012


Tiene su historia, este restaurante que os presento hoy. Lo montó a mediados de 2009 el tokiota Takao Kondo, un personaje casi de cómic manga que llegó a Gran Canaria en un velero en el que daba la vuelta al mundo, se enamoró de la isla y decidió crear en su capital un restaurante japonés sin la más mínima concesión a las tendencias europeas, en el que sus paisanos se sintieran verdaderamente como en su país. Para ello, se trajo de allá a un cocinero experto en sushi y en otras artes que luego les comento, el paciente Tomokazu, y contrató a un magnífico estudio de arquitectos que le montó el que a mi gusto es uno de los locales más originales de la capital grancanaria, tan minimalista que parece una sala de multicine, con los detalles mínimos para que el comensal esté a lo que hay que estar.

Vino pues Takao con su Benkei, antes de abrirlo lo presentó en un almuerzo con periodistas en el Hotel Escuela de Santa Brígida en el que Tomokazu hizo filigranas con su sushi, nos vaticinó una auténtica revolución...y no pasó nada.

takao.jpgBueno, si pasó, yo creo que lo que pasó fue que el bueno de Takao no entendió a los del país o se creyó que podía subirse a la parra sin conocer a nadie ni saber una palabra de español. Con una mentalidad casi de samurai, se empeño en elaborar una carta cerrada al gusto de su tierra a precios prohibitivos y no se bajó de la burra, y dicen que al pobre Tomokazu lo trajo por la calle de la amargura con sus exigencias (la foto es de cuando se presentó en el hotel escuela; ahí podemos ver a Takao de corbata y al bueno de Tomokazu a la izquierda, minutos antes de hacerse en hara-kiri). A los seis meses de la apertura o así fuimos por allí Mario Hernández Bueno, Luz Cappa y yo por mediación de un relaciones públicas que intentaba echar una mano al tokiota y nos encontramos el local vacío y a Takao, atacao. Que nada, que no sabía que hacer con el negocio para que marchara. Por cierto, el único cliente que había aquel día era un nipón de cerca de ochenta años que nos contó que había sido kamikaze en la segunda guerra mundial (fracasado, se entiende, ¿no? a ver cómo iba a contrarlo si no...).

Bueno, consolamos a Takao como pudimos, Mario le dio algunos consejos como técnico que es en materia de hostelería y la verdad es que no volvimos a saber nada del Benkei ni de su peculiar propietario hasta que el otro día un buen amigo, abogado de la isla, me dijo que el restaurante había cambiado de manos y ahora lo regentaba otro letrado, el madrileño José Antonio Infiesta, casado con una japonesa especialista en sushi.

Lo primero que hizo Infiesta, un tipo tranquilo, culto, viajado y muy agradable, ha sido confirmar en su puesto a Tomokazu y dejarle hacer como él sabe, y al pobre cociinero fue como si le hubiera venido a ver Dios de lo mobbingizado (palabro que me acabo de inventar) que estaba con su anterior patrón. Ha bajado los precios (viene a salir por unos 30 euros el cubierto, puede ser menos y puede ser más, claro) y mantiene la alta calidad del producto. A mí me fascina lo que me suele fascinar en todos los restaurantes japoneses de alta gama, el maguro (atún toro) que parece pata negra, con sus sublimes infiltraciones de grasa sana, pero también me gusta dejarme llevar por Tomokazu y que me sorprenda con sus platos tan ricos como visuales. Bueno, basta de cháchara y al turrón.

PD: Creo que Takao se ha dejado melena y anda navegando por el mundo. Espero que le vaya bien donde quiera que esté

PD 2: Me olvidaba de apuntarlo: Tomokazu está licenciado para preparar el fugu (tamboril), ese famoso pez globo letal si no se sabe trabajar, lo que pasa es que aún no ha dado con la forma de traerlo. Mario dice que el fugu es el tamboril, sí que se parecen, pero a saber. Yo, por si acaso, kioto parau.

Restaurante Benkei en Las Palmas from antonio f. de la gandara on Vimeo.

No acostumbro hacer "corta y pega" en este blog. Sólo lo hice una vez, para adherirme a una campaña contra la censura en Internet. Pero lo voy a volver a hacer y, os lo juro, no porque esté falto de ideas -que también podría ser, también; aún así, anuncio que tengo un vídeo en preparación-, sino porque esta mañana recibí un mensaje de mi querida hermana Elia que me dejo absolutamente...seré cursi: conmovido, emocionado y maravillado, y que creo que debo difundir por todos los medios a mi disposición. Contenía, aparte de las habituales dosis de cariño que me dispensa Elia, un artículo del muy solvente periodista gallego Eduardo Rolland (antes firmaba en Faro de Vigo, ahora, según veo, en La Voz de Galicia, lo que me alegra) sobre.... bueno, sobre lo maravillosa que puede ser la solidaridad a veces, sobre las flores que en ocasiones emergen de la basura, o sobre lo que ocurre cuando la realidad supera a la ficción y se materializan fábulas como "La vida es bella" de Roberto Benigni, o aquella fantástica historia sobre la vida de un frac en distintos cuerpos que protagonizaba Edward G. Robinson y que se perdió en el camposanto del celuloide.

Lo he colgado en mi muro en facebook y en la versión en la red social de Entremesas, y ahora lo reproduzco aquí citando por supuesto la fuente, Eduardo Rolland en La Voz de Galicia, estas navidades. Se titula...

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Salir a comer fuera

Hay niños de Vigo que creen que salen a comer de restaurante todos los fines de semana. Van con sus padres a un establecimiento situado en Teis, que un día fue un asador llamado Mautte Grill. Hoy es un comedor de caridad, pero no lo parece. Porque se mima hasta el último detalle para que los comensales se sientan a gusto y, sobre todo, para que los niños no sepan que les da de comer una institución benéfica.

Me lo cuenta mi amigo Ricardo, que es el vicepresidente de Vida Digna, la heroica ONG que gestiona este comedor, donde cada fin de semana almuerzan no menos de quinientas personas sin recursos, que son, cada día más, vigueses de clase media empobrecidos por el desempleo.

El menú, ayer sábado, estaba compuesto por entremeses variados, conejo a la cazuela y, de postre, melocotón en almíbar.

El restaurante ha sido dividido en dos partes. En la zona general, comen los que van solos. Pero el antiguo espacio para fumadores ha sido habilitado especialmente para familias. Todo allí tiene que parecer idéntico a un restaurante. Los niños no deben saber que están comiendo en un local de caridad.

Para conseguirlo, los voluntarios actúan como camareros. Se sirve y retira cada plato en todas las mesas. Se acude a consultar si la comida es de su gusto. Y, en lugar del melocotón de lata, a los postres se les canta una modesta carta, para que los chavales puedan escoger entre helado, yogur, piña, flan, fruta o cualquier otra lambonada, que se reservan para esta zona entre las donaciones que hacen empresas de la ciudad.

Me lo cuenta ayer mi amigo Ricardo, mientras tomamos una cerveza, y me parece emocionante. La historia tiene algo literario. Y supongo que esos niños vigueses algún día entenderán, ya mayores, dónde iban a comer con sus padres. Y lo dura que es la vida. Y lo jodida que es esta crisis.

Vida Digna, que pertenece a la Iglesia Evangélica situada en Vázquez Varela, moviliza cada fin de semana a dos docenas de voluntarios para atender el restaurante. El personal son profesionales solidarios de diversos sectores. Que, cuando toca, se reconvierten en camareros. Tengo el honor de conocer a un cirujano de mucho prestigio que se pone el mandil y coge la bandeja como si tuviera el título de la Escuela de Hostelería. No vamos a decir que parezca de El Bulli, pero se da un xeito.

El próximo fin de semana, Vida Digna tiene un nuevo reto. El sábado, habrá de dar comida y cena, porque la Navidad cae en ese día. Tendrán que redoblar sus esfuerzos. Para esa noche, están ultimando el menú: entremeses, langostinos, ternera al horno, postres y delicias navideñas.

Me gustaría decir qué empresa dona los mariscos, pero no me dejan. Aquí todo es anónimo y desinteresado. Porque unos niños de Vigo saldrán a cenar esta Nochebuena a ese restaurante donde, cada fin de semana, sus padres los llevan a comer fuera.

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Postscript: Escribí a Rolland para felicitarle por el magnífico artículo, y además de informarme de que había vivido un año en Güimar, me comentó que había tenido unas repercusiones que no esperaba ni de lejos. Pieza más leída de La Voz en 2011, reacciones de todas las esquinas del globo...se lo merece, ¿no creen?

Postscript 2: Me cuenta un amigo que la Sexta emitió el martes pasado un reportaje sobre este asunto, con imágenes del comedor.