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Archivos Octubre 2011

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Suelo decir que desde que nacieron mis hijas voy poco al cine y que el último estreno que vi fue Ben-Hur, pero ahora sí que es en serio que este Tintín de Spielberg va a ser la primera película en 3-D que vea, si no tenemos en cuenta -que no debemos, por casposa- Crímenes en el museo de cera (1953).


Tengo verdaderas ganas, ilusión casi infantil, por ver qué ha hecho Spielberg con el héroe de mi infancia -que por supuesto no es Tintín, sino Haddock- máxime si tenemos en cuenta que lo que mañana se estrena viene de largo, es el resultado de una negociación que se inició en 1983, con Hergé en vida, y que éste, tras hacer concesiones hasta entonces inimaginables -los derechos del merchandising, por ejemplo- y tras casi 30 meses de pourparler, acabó rechazando.


Poco debió de importarle al director de E.T. la negativa del belga; al tris de cerrar conversaciones con Bruselas estrenó Indiana Jones y el templo maldito, en donde se cocía: un arqueólogo audaz que sale ileso de las situaciones más inverosímiles, un joven chino especialmente espabilado, sacrificios humanos rituales oficiados por un sumo sacerdote.. .vaya, carajo, ¿dónde habré visto yo esto? ¿tan vez el Los Cigarros del faraón, El loto Azul o El templo del sol? La segunda entrega de Indiana era Tintín sin tintín o Hergé sin Tintín, como afirma Pierre Assouline en su biografía sobre el dibujante. Han tenido que pasar 30 años para que el sueño de Spielberg y la ilusión de Hergé -que alguien hiciera algo digno en el cine con su criatura- se fusionen en un gran proyecto.


«¿Y si el Tintín vivo, el de la película, no se pareciera bastante al dibujado?», escribía Hergé a un lector en 1955, «¿Y si tú, si todos, no pudieseis reconocer a vuestro Tintín en el actor?», se atormentaba. Proféticas palabras; seis años después se rodó El misterio del toisón de oro, y tres después de ésta, Tintín y las naranjas azules , ambas con actores reales, ambas malas malísimas de cine de barrio (la segunda se rodó en Valencia, por aquello de la naranjas). Sí parece que, al menos en este sentido, Spielberg ha dado con esa fórmula híbrida entre el actor y el dibujo animado. Sólo nos falta comprobar si salva la queja que mandó un niño a Hergé tras ver El templo del sol 250px-Adventures_of_Tintin_Cast.png(1970) , en dibujos animados: «No me gusta el capitán Haddock en el cine. No tiene la mísma voz que en sus álbumes».

Ya lo aviso en el vídeo, pero lo repito por si acaso: Tengo clarísimo que no estoy ofreciendo ninguna novedad a los gallegos, pero sí estoy seguro de que en estas latitudes a alguien aprovechará saber que en el mercado de Vegueta tienen pollos camperos de Coren.

Coren, (Cooperativa Orensana S.A.) es la red avícola y ganadera más importante de Galicia y en los últimos tiempos ha dado la campanada en todo el país con sus pollos camperos y sus huevos de gallina de corral, de los que luego hablo.

Es este que tenemos a punto de entrar en la sartén un pollo amarquesado que, lejos de pasar su vida en una jaula como el común de sus colegas, se ha dado sus buenos paseos diarios por el campo, se ha alimentado con productos naturales, principalmente maíz, y ha crecido sin la intervención de agentes metabolizantes extraños. Así, cada elemento parece el mismísmo gallo claudio, vamos, supera los tres kilos y tiene una carne sabrosísima, de intenso color amarillo, quizás un poco más dura de la que estamos acostumbrado a comer por ahí pero mucho más saludable.

En agosto, cuando estamos en Galicia, es muy habitual acudir a los "puestos Coren", donde te venden el pollo ya asado -sobre todo los domingos, claro-, y aquí yo sabía que los tenían crudos en el Corte Inglés, pero ahora mi chef de cabecera, Jorge Murillo, me ha llevado a una pollería en el mercado de Vegueta, que es el que me queda más a manos, donde no sólo tiene el pollo, sino también huevos del número 1 (ya les conté en otra ocasión que el primero de la larga lista de números que llevan impresos los huevos indica dónde vivio la gallina; dos y tres significa en jaulas, y 1 y 0 en campo abierto).

Así que ahí me tienen -hermanos Marrero se llama- fijo al menos una vez por semana, a llevarme mi pollo y mi docenita de huevos de corral, que no veas que delicia fritos y con beicon de pascuas a corpus. El pollo pesa el doble que los normales y, claro, cuesta casi el doble, pero es que cunde el doble. Normalmente pido de que me corten muslos, contramuslos y alas para hacer un arroz, que fileteen las pechugas para hacerlas empanadas y que me dejen la carcasa para sopa, o sea, que de un pollo saco cuando menos dos comidas completas. En fin, que como un niño con zapatos nuevos, aquí los saco a lustrarlos. Se lo propongo al ajillo, pero ustedes mismos.

Ah, la canción, popular mexicana, está aquí cantada por Joan Baez, y es porque no encuentro la versión que cantaba Julie Carmen en Un lugar llamado milagro. Pero sirve igual, ¿no? buen provecho.