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Archivos Febrero 2011

"Anda, que ya te vale, Gándara", me diréis, con toda la razón del mundo, si es que queda alguien ahí que todavía me siga.

Sí que me he pasado un huevo, y no tengo disculpa. Que si navidades, que si la gripe, que si...puñetas. Lo que trato de evitar, sinceramente, es que este espacio se convierta en una obligación (aprovecho para advertir que no cobro un duro por ello), y si no viene la inspiración...pues no viene, y qué coño puedo hacerle. Pero tampoco es esto. En cualquier caso, disculpas y promesa de que no pienso dejar la bitácora tanto tiempo nunca más.

Os traigo para regresar (para abrir el año, ¡qué huevón!) una receta, si no de la niñez, sí de la juventud...¿perdida? pues no sé qué decir, probablemente...

La primera vez que la probé fue en un bar/restaurante que se llamaba Nicola, en Vigo -bueno, no dejaba de ser una cafetería de dueño italiano con una cocina muy apañada- a donde solíamos ir, especialmente la noche de los domingos, algunos amigos del pleistoceno (Joaquín, el ausente Diego, Paquito, Ramiro, los más habituales). Corría el 83, quizás el 84. Veíamos allí Estudio Estadio (¡ya estaba Jesús Álvarez, y era igual de simplón que ahora!) y cenábamos algunas cosas que todavía recuerdo con agrado. Entre ellas, una excelente minestrone, y esta milanesa que he intentado reconstruir, que allí se llamaba Piccata milanesa y que, en las labores de ciberarqueología, he encontrado como la versión más ortodoxa del escalope a la milanesa.

Resulta que esta deliciosa presentación de la milanesa de toda la vida me la volví a encontrar en Las Palmas hace pocos años, cuando Mario Hernández organizó con el dueño del restaurante Mediterráneo una recreación de la carta de L´Scala, el restaurante que el mítico Jean León -un tipo fascinante, que en realidad se llamaba Ceferino Carrión y era de Santander; no dejen de interesarse por su biografía- tenía en Hollywood en los años 50.

Bueno, pues llegué al restaurante (me va a perdonar el dueño, pero ahora no recuerdo su nombre, quiero decir el del propietario; sí, que el pequeño local en cuestión está en la calle Hierro, número 4 -la del hotel cantur-) en esa semana especial dedicada a Jean León, y pedí, así, a boleo, un "escalope Tony Franciosa", sin saber de qué se trataba.

Resultó ser la versión más maravillosa de la piccata que comí en mi vida.

Aún no he conseguido el delicioso e intenso sabor a queso que tenía aquel filete. Algún día volveré por allí e intentaré sonsacar al dueño, un hombre culto y peculiar donde los haya. Recuerdo que tenía tintines en los estantes por sí venía algún niño, para que no se aburriera.

Bueno, inalcanzables filigranas de profesional aparte, aquí está mi versión de la piccata, la milanesa o el escalope tony franciosa, como quieran llamarlo. Rico, fácil si se siguen unas mínimas pautas, y excelente para los niños, que no veas el éxito que ha tenido hoy con mis hijas, que son de agárrate. Espere que les guste, y de nuevo disculpas por la demora.



Para ofrecer un poco de contenido extra sin sobreprecio, inserto este curioso trailer falso que me manda mi amigo Santiago, que sabe de mis gustos: Kubrick y Peter Gabriel, juntos. Aquí tenemos una creativa versión de El Resplandor en la que, por cambiar, se cambia hasta el sentido de la película, con música de mi querido Gabriel, hasta convertirla en una alegre cinta familiar en la que sólo faltan los payasos con su Vamos de paseo. Me cuenta Santiago, que de esto sabe un rato, que este trailer ha ganado un premio en un festival de trailers apócrifos, lo que no haya en los USA.... Cuidarsus.