¿Ya os advertí que no tenía abuela? Joder cómo me quedó la fideuá. Ni en el Rías Bajas te hacen un plato de este calibre.
El secreto está en el caldo, Y en el cariño, claro, pero, básicamente en el caldo, en un buen caldo con ingredientes frescos fresquísimos del mercado (central) de esa misma mañana. Como anuncié en el preaviso de fideuá, yo iba con la intención de encontrar un rape fresco, pero no lo había, y casualmente me encontré con Agustín el de la Casa Vasca y me dijo que es muy raro que en el central haya rape. Cosa curiosa, porque en el de Vegueta sí lo suele haber, y mira que el central está surtido que da gloria verlo, joder, qué maravilla de pescaderías, ordenadas, rebosantes, limpias que ni huelen a cangrejilla, carajo.
Bueno, pues me tuve que contentar con una cola de rape congelada (Pescadería Artiles) que al final salió buenísima, sobre todo porque la cocí bien poco. Para el caldo, como no podía contar con la hermosa cabecita del rape, compré -me parece que ya lo anunciaba- un burro, que es un pescado muy apañao, muuy noble y bien barato, como a 5 euros y pico el kilo. Los carabineros, carísimos, también fueron buena parte del éxito, sobre todo el recuerdo - gentileza de mi amigo Alfonso desde Malllorca- de usar las cabezas en el caldo previamente sofritas junto al ajo y la cebolla, que le dan un punto superior. Tenía que haberlo flambeado con coñac. Bueno, pa otra.
Asunto importante y muy a tener en cuenta: no os fieis de las medidas de caldo. Así como para los arroces hay que cumplirlas a rajatabla, con la pasta no hay problema. Hombre, te puedes pasar, claro, pero que le eches más caldo no va a condicionar el resutado si respetas los tiempos que indica el paquetito. A mí, la fideua me gusta jugosita, y no me vengan con academicismos, que esto es libre, ni con fideos que tienen que quedar con las puntas hacia arriba con un golpe de horno (hala, a secarlo) ni con puñetas en vinagre. Yo lo que ofrezco es mi visión de la cocina, con todo el respeto a los demás, al acervo regional, a la cocina mediterránea y al coño de la Bernarda. Hala.
Os juro por mis hijas que quedó de rechupete. Animaos, que es muy fácil y muuuy gratificante.
Lo mojamos con un Ramón Bilbao reserva, para estar a la altura.
