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Archivos Septiembre 2009

Vamos apurando los últimos gazpachos del año -aún nos queda el de mango, que no acaba 2009 sin que lo haga- con esta receta que surgió leyendo los periódicos. Les seré sincero, a mi la berenjena no es que me vuelva loco, pero me consta que tiene un buen club de fans. Ángeles, sin ir mas lejos, se pirra por una berenjena a la plancha. No obstante, debo de decir que este gazpacho tiene su aquel, sobre todo, para mi gusto, por la decoración. Espero que les guste.



Anexo: Movimiento de chefs. Aprovecho esta entrada para poner al día a los blogeros locales sobre los movimientos de cocina en torno al patio del Cuyás. restaurante que me consta de referencia para muchos de los fieles. Como sabéis, Jorge Murillo lo dejó en julio al acabarse el contrato. Jorge nos dará una sorpresa muy pronto, esta semana que viene tal vez, y como ya dije, hasta ahí puedo leer. También sabreis que por el barrio circulaba el rumor de que se iba a hacer cargo del local Emilio Cabrera, el propietario de el Secreto de la Alquitara, en Domingo J. Navarro. Pues finalmente, el beneficiario de la concesión cabildicia, si mis fuentes no me engañan, ha sido Fabio Santana, el chef del restaurante La Butaca (en la sede del Cicca, Alameda de Colón), que se supone que abrirá en breve. Así que Emilio se queda donde está -y animado con proyectos interesantes de los que daremos cuenta-, Jorge dará la campanada no muy lejos del local donde se consagró y Fabio, suponemos, hará doblete. Suerte a los tres, que falta hace en estos tiempos.


Y una cancioncita, que no falte. Un flashmob de esos que tanto nos ponen últimamente. Me lo mandó mi amigo Alberto Dotras, siempre al quite en este tipo de fenómenos. Miren la que montó Oprah Winfrey con Black Eyed Peas el otro día en Chicago:


Huy, que casi se me pasa! la receta la saqué de aquí. Es de justicia

Postscript: Casi me olvido. Os acordais de United breaks guitars? Pues el bueno del cantante ha cumplido su venganza y ha sacado la segunda canción contra la compañía, con muchos más medios pero mucho menos graciosa que la primera. Aquí va.


la cola bruce.jpg

Observen la foto de la derecha, publicada por La Voz de Galicia. Es una de las colas para acceder al concierto que ofreció Bruce Springsteen en el auditorio del Monte do Gozo de Santiago de Compostela el pasado 2 de agosto.

Si se fijan en la parte superior de la imagen, verán que se aprecia un pequeño claro, y se intuye, a la izquierda, que su razón es que existen unas vallas amarillas que delimitan -muy poco, ciertamente- el lugar por donde se accede al recinto.

Esas vallas las colocamos, in extemis, mi mujer, Ángeles, mi sobrino Juan y yo.

Lo hicimos a eso de las siete de la tarde, cuando ya llevábamos casi cuatro horas de espera, y ante la evidencia de que la multitud no iba a respetar de ninguna manera el amago de civilizada cola a la que nos habíamos unido cuando llegamos al lugar sobre las 15.30 horas. Las vallas en cuestión estaban apiladas al otro lado de la carretera. Sírvase usted mismo; nadie de la organización se había molestado en colocarlas. Bueno, es que allí no había nadie de la organización, sólo un par de tipos que custodiaban el acceso al hemiciclo.

Dos tipos para controlar a...¿cuánta gente creen que puede haber en esa cola? Tengan en cuenta que la foto sólo muestra una parte de la multitud, una pequeñísima parte.

Los habituales recordarán el reciente post sobre la historia del músico al que una compañía aérea le rompió la guitarra, el que se vengó con una canción. "United breaks guitar", se llamaba la pieza. Si yo supiera música, compondría una titulada "Doctor Music jugó con nuestras vidas".

Porque esa es la verdad: El civismo del público evitó una catástrofe en el concierto de Springsteen en Santiago. Pudo haber un muerto. dos, diez, cien heridos...si no pasó nada fue porque Dios, el apóstol Santiago o Prisciliano de Compostela, a saber, son grandes (a veces). Pero desde luego, no porque la organización o las autoridades competentes hicieran algo para evitarlo.

El auditorio del Monte do Gozo (para que se hagan una idea, lo puede ver aquí debajo, dormitando bajo las gaviotas ; pinchen para verlo en detalle) es sin duda un espacio natural formidable....para 25.000 personas, para de contar, pero es que en esta olla metieron el 2 de agosto a 40.000 almas, así, a lo bruto, sin pasillos, sin señalizaciones, sin orden alguno. Auditorio_del_Monte_del_Gozo.jpg

El perímetro de la instalación era inconmensurable. Desde fuera, imposible hacerse una idea de sus dimensiones. La señalización, escasísima, provisional y apresurada, tanto que a día de hoy no tengo claro cuantos accesos había, si dos, tres o cuatro (en todo caso, una cífra rídicula: ¿cuántas puertas tiene uun estadio?). Ni Doctor Music ni las autoridades ¿competentes? dispusieron de efectivos para controlar el orden de las colas, y las puertas se abrieron más allá de las 20.30 (media hora larga más allá del horario señalado en las entradas) para un concierto que empezaba teóricamente a las 22 horas.

Es decir, que cuando se permitió el acceso, la marea humana en el exterior era de pesadilla. Esto provocó una armageddónica avalacha sobre las gradas (soterradas ad hoc para ganar más espacio, por cierto), que si no llegó a desgracia fue porque en las puertas de control interior (¿digo puertas? dos vallitas sobre la hierba enfanganda) se dieron cuenta (afortunadamente) de que no podían cortar las entradas una a una -eso habría creado peligrosísimos tapones- y optaron por entender que todo el que había llegado hasta allí la portaba. Siendo una opción deplorable, era la mejor en aquel momento, dadas las circunstancias.

Mucha gente llegó al graderío con la entrada sin cortar, y alguna hubo (yo creo que poca; ahora lo explico) que se coló. Sea como fuere, la gente que había creído que aquello iba a ser algo civilizado y decidió llegar, digamos, dos horas antes del concierto, que es lo más normal en sociedades civilizadas, se encontró con que el recinto estaba ya petado y ellos, tras pagar la friolera de 74 euros, no podían entrar o tenían que verlo desde el quinto pino, y esto es literal. Aquí les cuelgo uno de los videos que grabó un universitario que se quedó en el extrarradio. El cabreo del joven es antológico y está justificadísimo.

Les decía que no creo que mucha gente se colara. Sin duda, algunos -qué se yo, 200 o 300- sí lo hicieron, pero es un poco peregrino pensar que 10.000 o 15.000 caraduras llegaron hasta el lejano auditorio sin entrada y con clarividencia para saber que aquello iba a ser la casa de putas en que devino y que podrían pasar por la cara.

Me parece que la explicación es mucho más sencilla: se vendieron más entradas que las que soportaba el aforo. Presuntamente, la -en apariencia, que está sub iudice- codiciosa y negligente Doctor Music (el primer sorprendido soy yo, que los tenía por experimentadísimos y solventes profesionales) no pensó en otra cosa que en la pasta y metió a una multitud casi sin precedentes en la historia del recinto en una lata de sardinas, sin valorar cómo podía acabar aquello. Sigamos con nuestro amigo el estudiante:


Chiquito mosqueo, ¿verdad? Bueno, pues mientras este buen hombre se desesperaba en el quinto coño, nosotros, por circunstancias que ya explicó Ángeles en su post en caliente, estábamos en la primera fila detrás del foso. Felices, pero desde luego atrapados. No way out. También explicó Ángeles que fuimos previsores y no ingerimos ningún líquido desde las tres de la tarde.

Si hubiéramos tenido una necesidad, nos la tendríamos que haber hecho encimba. Y ese era el mal menor.

Imagínense que entre tanta gente civilizada se cuela una panda de maquis pasados de ácido o de cualquier psicotropo -lo que no es descabellado ni mucho menos- que se quedan como el estudiante del vídeo (en la puta calle, o en el puto monte), se mosquean, empiezan a empujar y crean una avalancha. Imagínense que en lugar de Springsteen toca AC/DC o los Stones, imaginen que en lugar de una tarde fresquita hace un día de calor extremo y la gente se pone nerviosa, o que cae un aguacero y la hierba se convierte en un barrizal.

Miren cómo acabó nuestro hombre:


Por si esto fuera poca tomadura de pelo, al día siguiente Doctor Music sale al paso de la carajera que se estaba montando en los foros de internet, en El País, en la Voz de Galicia y en casi todos los periódicos de España, y un portavoz dice que no pudieron evitarlo porque el avión que traía al Boss aterrizó tarde (más allá de las 19.30 horas, creo que dijo), en el aeropuerto de Santiago. Falso: La Voz de Galicia cuelga en la web un pantallazo de la bajada del músico del avión y se ve en el registro de la cámara que son las 18.21 horas de la tarde. A continuación le larga el mochuelo a la Xunta de Galicia.

La consejera del ramo ofrece una rueda de prensa esa misma tarde y muestra el contrato con la productora, donde se especifica claramente que la organización en el monte del carallo es competencia de esta última (mucho habría que decir sobre esta lavada de manos ¿no? pero lo cierto es que está por escrito. Bueno, esa sería otra historia).

La evacuación fue casi tan caótica como la entrada. En lo que se refiere a nuestra experiencia personal, ya les dije que estábamos en primera línea de fuego, sin posibilidad de movernos. Esperamos como 20 minutos desde que se encendieron las luces, y cuando empezamos a ver algunos claros, subimos monte arriba y nos tomamos la primera y única cerveza del día en un bar del interior del auditorio, que, claro, nos supo a gloria. Comimos un gomoso bocata en el mismo bar, y como ya había pasado más de media hora de la apoteosis, entendimos que podíamos regresar a casa con cierta tranquilidad.

Los cojones: La puerta de salida tenía el ancho del portal de mi casa (metro y medio), y por ahí aún fluía lentamente la riada humana, a oscuras, haciendo trial por el monte, sorteando escaleras, apelotonándose en un camino estrecho y cuesta abajo...

El concierto acabó a eso de la una de la madrugada. Llegamos a Vigo (a 90 kilómetros por autopista) a las cuatro de la mañana.

Les dejo con la noticia tal y como la emitió Antena 3 en caliente. Doctor Music, no cuentes conmigo para la próxima.



PD: Para aquellos que accedan a este post por casualidad y no conozcan el blog, para ver la primera parte de la crónica, referida al concierto en sí, pinchen aquí.

Otrosí, muchas gracias y un aplauso al estudiante que grabó las imágenes del caos.


bruce santiago panorámica.jpg

Bruce Springsteen and the E Street Band. Working on a Dream Tour. Auditorio del Monte do Gozo, Santiago de Compostela.
Bruce Springsteen, voz, guitarra
Clarence Clemons, saxo, percusión, voz
Max Weinberg, batería
Roy Bittan, piano, sintetizador
Steven Van Zandt, guitarra, voces
Nils Lofgren, guitarra, acordeón
Charles Giordano, teclados
Soozie Tyrell, violín, coros
2 de agosto de 2009
Entrada: 74 euros
Aforo completo
Duración: Dos horas y 50 minutos aproximadamente.

El boss cumplirá 60 años dentro de un par de semanas, concretamente el 23 de septiembre. Esa es una realidad inapelable a la que suelen recurrir sus detractores (y también gentes dedicadas al hermoso arte de joder por joder) para hablar de agotamiento, de falta de creatividad, de olor a Imserso y de todos los sambenitos que les suelen colgar a los viejos rockeros. Digo esto porque, tras su aparición en el festival de Glastonbury a principios de verano, se habló mucho de que si Springsteen iniciaba por fin la cuesta abajo, de que si el ocaso del boss, de que si...pollas en vinagre.

Puedo estar de acuerdo, y de hecho lo estoy, con que su último disco, Working on a dream, es bastante flojito. Más parece un edredón elaborado con los retales sobrantes de Magic, su magnífico trabajo anterior, que un producto original. Creo incluso que el propio Springsteen lo admite implicitamente cuando sólo interpreta en la gira promocional del disco en cuestión dos de sus temas. Pero ese sería otro debate, porque hablamos de un concierto en directo. Y en este terreno, Springsteen sigue siendo el número uno mundial, desde mi punto de vista de una forma indiscutible.

Muy probablemente, no sea el de Jersey el rey del rock and roll, pero sí es el rey del buen rollo en escena, asunto distinto este, veamos; para mi gusto el rey del rock, o el mejor músico de rock vivo actualmente, podría ser Keith Richards, pero yo no le confiaría a mis hijas ni quince minutos. Con Bruce, sin embargo, les permitiría ir de acampada a Ayacata durante una semana.

Hablaremos de los desastres organizativos del concierto de Santiago en una segunda entrega, que el asunto tiene tela. Ya lo abordó Ángeles al día siguiente del evento, en caliente, con los pies aún doloridos por el vía crucis y en una crónica palpitante, aunque esté mal que yo lo diga. Vamos a centrarnos en el aspecto estrictamente musical, que yo creo que merece la pena.

El espectáculo comenzó con un golpe de efecto sin riesgo alguno, un truco de vendedor de crecepelo para meterse al respetable en el bolsillo: Probablemente ya lo han oído: sale Lofgren con un acordeón y toca la canción más tradicional del lugar, probablemente aprendida en el avión veinte minutos antes. En Udine (Italia) fue una tarantela, en Bilbao el Desde Santurce..., y en Santiago...pues claro, a Rianxeira.

Nada que objetar -that´s entertainment- y, mientras las ondiñas vienen y van, los músicos se afianzan en sus puestos. Del backstage emerge Bruce asistiendo al big man Clemons -supercastigado por la artritis; se operará en enero; suerte, monstruo- , el personal enloquece y contiene la respiración. "¡Santiago, boas noites!", brama el boss, y con el tradicional "One, two, three!", da paso a una atropellada versión de Badlands. Veámoslo.

Estoy a unos veinte metros del escenario, en el centro (les remito de nuevo al post de Ángeles para que entiendan cómo lo conseguimos). Primera línea de fuego. El himno de Darkness on the edge of town me suena...apresurado. Totalmente desangelado si lo comparamos, por ejemplo, con la versión del vídeo grabado en Barcelona en 2007. Además, no me parece la mejor elección para abrir un concierto, ni siquiera con el lubricante de A Rianxeira. Es una de las piezas más épicas, emblemáticas, emocionantes y potentes del repertorio de Springsteen. Lo diré; una de las legendarias (y no le den al adjetivo el prostituido uso que le da hoy en día la televisión, por favor, donde se tacha de legendario hasta al badajo del Dinio) y, para mi gusto, sería ideal para cerrar antes de los bises, incluso como último bis, pero nunca la pieza de apertura. Badlands debe ser una recompensa, un premio después de dos horas de concierto y de tragarse algún que otro coñazo, una pieza sudada, no un anticipo a cambio de nada.

Para que me entiendan mejor, les adjunto la versión que tocó en Barcelona hace pocos años. Me parece que ya la colgué en anteriores entradas. Y la colgaré las que haga falta, porque es el mejor ejemplo de comunión rockera entre un artista y su público que he visto en mi vida:

Aterricemos. Volvamos al Monte do Gozo, comienzos del espectáculo. El grupo no ha probado sonido (bajaron del avión media hora antes del concierto), hay bastantes imperfecciones en los graves y la gente aún no está metida en harina. Badlands casi se malgasta. Un primer vistazo confirma que la Scialfa se ha dado la fugona en la gira Europea, pero no parece importar demasiado. Sozzie Tyrell lleva el mismo farandol y se coloca en su mismo lugar, y nadie parece quejarse. Algunos incluso la confunden con la señora Springsteen.

Pequeños detalles aparte, los tres bombazos elegidos para ir haciendo boca ya nos colocan al borde de la afonía: Tras Badlands, la maravillosa Out in the Street (oh-oh-oh-oh-oh), clasicazo de The River, y sin solución de continuidad y de la misma fuente, Hungry Heart, que el boss deja cantar casi en toda su extensión al público. El sonido va transformándose en el que cabía esperar, cristalino, y los cámaras que se encargan de mostrar al público el detalle desde las macropantallas evidencian que están a la altura de las circunstancias.

Alguien había escrito, en críticas de shows anteriores, que Bruce se estaba mostrando reacio al contacto físico con el público en esta gira. Los cojones; En Santiago baja a la arena como un torero, sin el más mínimo titubeo. Coge manos, da besos, se deja tocar (hasta le soban el paquete en algún momento), recoge un guiñol del público, lo usa para hacerle cosquillas a Weinberg y a Van Zant, lo devuelve para que el dueño tenga algo que contar a sus nietos, se recorre el escenario varias veces, no deja de sonreír, hace muecas, payasadas... es imposible que esté simulando que lo pasa en grande. El boss está contento y sus acólitos no caben en sí de gozo. La energía que emana del escenario no nos permite dejar de saltar, a pesar de llevar siete horas de pie (les remito de nuevo al post de Ángeles)

Cae Outlaw Pete, el single de su último disco, entre espectaculares imágenes crepusculares del valle de la muerte. Un hit de más de siete minutos al que, para mi gusto, le sobran estrofas, siendo benévolo. Se suceden sin demasiada huella Spirit in the nigth, un mediotiempo de su primerísima época, y Working on a Dream, la pieza más comercial del último disco. Entramos en una de las mejores fases del concierto, rockera sin concesiones: Adam raised a Cain, Murder Incorporated, Jhonny 99 y Darkness on the edge of town. Rock en estado puro. "Tengo algunas cervezas y la autopista es gratis, qué me dices a ello, querida", proclamaba Bruce en Sherry Darling, que desgraciadamente no cayó en Santiago. Pero sí el olor a asfalto; la E-Street circula a velocidad de crucero, engrasada como un Studebaker de los cincuenta. Se echa de menos a Danny Federici, el teclista que otorgaba a la banda su sonido característico (murió de cáncer a principios de año), pero Giordano, su sustituto, tampoco lo hace mal. Acaba la tanda con Raise your hand, y pasamos al momento endémico de los shows del Boss en el que la banda complace las peticiones del público.

Ya saben, y si no lo saben, les cuento: En todos los conciertos desde hace muchos años, desde que llena estadios, Bruce reserva el foso ante el escenario a sus seguidores más fieles, los que acuden al recinto por la mañana, o incluso el día antes. A esos, que en Santiago eran unos 1.300 (nosotros nos quedamos fuera por un par de horas), se les toma la filiación antes del concierto y se les concede la famosa y codiciada pulserita fluorescente, que les permite acceder a las primerísimas filas, ver el concierto a sus anchas con la cerveza en la mano (tiene su propio bar) y sobar literalmente a su ídolo.

Estos iniciados (no confundir con los vips, en Santiago colocados en el quinto coño monte arriba) acuden con pancartas en las que escriben las canciones que desearían oir. Llegados al punto previamente establecido, el boss baja a la arena, coge algunos de esos carteles y cumple los sueños de unos pocos.

Las cámaras de detalle nos permitieron ver como Bruce pasaba de largo -para mi desazón- ante carteles que reclamaban Sandy, Because the nigth o Sherry Darling, y elegía otros en los que se leía Burning love, Born to be wild -sí, sí, la de Steppenwolf- y unas cuantas más que finalmente no tocó.

No sé si lo de Born to be wild estaba preparado de antemano, pero lo cierto es que la banda ejecutó una versión perfecta, como si no hubieran hecho otra cosa en toda la gira. Un alma generosa lo grabó (no fui yo) y lo colgó en youtube:


Y, aunque pareciera increíble, aquello aún estaba empezando. Sin parar, con el único respiro de los atronadores one,two, three!, caen las vitalistas My love will not let you down y Waitin' on a sunny day (con niño preparado, como en los mitines políticos), el himno The promised land, la hermosísima This life y los cañonazos que anuncian el intermedio: Backstreets, gloriosa, Lonesome Day, The Rising y, fin de etapa, Born to run, atronadora, esta sí en su sitio. No cuelgo ningún video -que los hay, bastantes- porque no había nadie en condiciones para grabar sin que se moviera la cámara.

A estas alturas, cada golpe del pedal del bombo no percute en el parche, sino directamente en mi estómago. Parece que Gary Talent se ha creído que mi esófago es la cuerda de su bajo. "Los vagabundos como nosotros hemos nacido para correr, nena", aúlla Springsteen por encima de 40.000 parroquianos extasiados. Todos coreamos con una sonrisa boba de felicidad plena. Dios, que pedazo de cabrones, qué buenos son. Mis dos acompañantes, muy poco brucistas hasta hace apenas dos horas, están casi en trance. De hecho, los tres levitamos por momentos, aunque se debe más a la compresión de la primera línea de fuego que a un milagro.

La tanda de bises comienza machacándonos a arengas: primero, con una versión acústica del No Surrender, himno del Born in the USA que también lo fue de la campaña demócrata de Kerry. Este mediotiempo precede a otra de las banderas del boss post 11-S, Land of hope and dreams, y ésta, a otra pieza aún más épica si cabe, American Land, de las sesiones de Pete Seeger. Cuando ya nos estamos cansando de tanto héroe desterrado, y otra vez sin reposo, Bruce enciende la traca final: Glory days, Dancing in the dark (ya no saca a bailar a jovenzuelas, de nuevo eligió a un niño) el Rockin' All over the world del ex Creedence Jhon Fogerty, un middle entre Twist and shout y La Bamba y, para cerrar, fuera de todas las quinielas y por primera vez en toda la gira, Born in the USA.

En medio de aquel acabose, una última y genial payasada: vio un cartel entre el público que le felicitaba por su inminente 60 cumpleaños, corrió a cogerlo, se lo colgó al cuello y simuló un desmayo, mientras un roadie disfrazado de médico acudía presto a suministrarle oxígeno. Aspiró dos o tres bocanadas, se levantó, gritó por enésima vez "one, two, one, two, three!" y se volvió a desatar la tormenta.

Aquí les cuelgo un video de un alma cándida que aún fue capaz de sujetar la cámara para grabar el final. ¿Se mueve mucho? Pues claro. A ver si tú lo harías mejor a esas alturas.



Probablemente muchos de los lectores ya habrán sacado su moraleja de lo narrado, ya; No hay nada nuevo bajo el sol de Bruce, y este concierto podía haber sido el de hace cinco o diez años, porque sus hitos son una apuesta segura y se compusieron hace lustros, cuando no décadas. Es posible, es posible que Springsteen esté viviendo de rentas en cuanto a creatividad, pero, como decía al principio, sigue sudando la camiseta como nadie en el mundo, y cuando digo nadie, digo nadie. Y además, con una sonrisa en los labios, que no es lo mismo que tener los labios hinchados, ¿vale, Mick?


Ya casi me olvidaba del maridaje! Como habitualmente lo que hacemos es colgar una receta y procurarle una música, en esta ocasión buscaremos una receta que cuadre con lo narrado. Mi amiga Fátima me manda un video que casa muy bien con el registro Soprano de Steve Van Zant, ya saben, el que encarna a Silvio en la serie. Espero que os guste, es muy creativo.



PD. A los que acaban de regresar de vacaciones, ánimo, que ya queda menos. A los que se van, que las disfruten mucho con su familia, de la que no dejo de acordarme (joder, es una broma, que lo paseis muy bien).