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Archivos Junio 2009

El ciclo "Grandes Chefs" que desarrolla Hoteles Escuela de Canarias (Hecansa) nos trajo el pasado viernes a Montse Estruch, la chef propietaria de el restaurante El Cingle, en Vacarisses, un pueblo a la falda del prodigioso macizo de Montserrat, en la provincia de Barcelona. Se trata de una audaz cocinera, reconocida con una estrella Michelín, que trabaja con flores comestibles. Todo lo que hay en el plato va a la boca. Aquí les cuelgo el resultado de mi encuentro con la artista (y algunas anécdotas que surgieron durante la comida). Espero que les guste, yo creo que la propuesta es muy interesante. Hubo cosas en el menú que me gustaron mucho, y otras, no tanto.


Y, en hablando de flores, habrá que ponerse un poco hippie...


Postscript: Esto de las flores comestibles me recuerda al gran Josechu Curiel, precursor en la materia. Allá por los ochenta, cuando tenía el Charlot (muchos lo recordarán), solía comenzar los almuerzos jalándose el contenido del florero. Curiel, querido, a ver cuándo nos vemos.

También conozco a otros muchos que se beben hasta los floreros, pero eso es otra historia, me parece...

Ésta fue la primera receta que publiqué en el blog, hace más de un año, el 26 de abril de 2008. El otro día, cuando publiqué la receta número XXIX (gazpacho), un querido (y desmemoriado) seguidor de la bitácora que ha sufrido en sus propias carnes mi vena de cocinillas me preguntó qué coño pasaba con el remolacho y por qué no publicaba la receta, ahora que hace calorcito. Le voy a dar el gusto, a riesgo de que me acuseis de vago y en tanto no llegan los mangos a la frutería, para haceros el gazpacho con el que me fascinó el otro día José Rojano.

Sigo siendo un aficionadillo y siempre me dejo cosas en el tintero. En este caso, como vereis, saqué dos tablas de cortar para colocar la cámara y éstas me traicionaron, apareciendo en el suelo al final del video. Así mis detractores tendrán algo de lo que reirse. Y los demás, os explicareis qué carajo hacen ahí. Comprendereis que por semejante chuminada no iba a repetir toda la grabación, con lo que me cuesta cuadrarla con la música. En todo caso, mea culpa y mis disculpas a los exquisitos.

Seguro que con esta receta se van a atrever muchos. Para días de calor como el que hizo hoy es sublime.

Bon apettit, y muchas felicidades a mis juanes y juanas, que estarán de resacón cuando lean estas líneas.

Para no desentonar con la música del video, de acompañamiento os propongo otra locura de canción de "la Locura", maravilloso y veterano grupo que pasó por España hace poquito.


Bueno, aquí lo teneis. Que tío más majo. Todo lo que tenía que decir acerca de lo que siento por Hackett ya lo dije aquí hace un par de semanas, y ahora verdaderamente tengo prisa por colgar el video, para que lo puedan ver los que van a ir al concierto de esta noche. Así que el menudeo sobre la historia de la entrevista lo hago mañana. ¿Vale? (postscript: ir al final de la entrada)

Sólo una pequeña explicación: no lo he subtitulado todo porque el Windows Movie Maker, el programa de edición de video que uso, no es muy cómodo para esos menesteres. Yo creo que se entiende bastante bien. Espero que os guste.

(Perdón por las erratas en los subtítulos, producto igualmente de la prisa. Las corregiré este fin de semana, es un proceso de reedición del video que lleva su tiempo. Hablando de esto, lo tuve que colgar en vimeo porque era demasiado largo para youtube. Igual os pide que actualiceis el flashplayer, hacedlo, vuestro equipo lo agradecerá)


Interview with Steve Hackett from antonio f. de la gandara on Vimeo.


Bueno, ahora que ya ha pasado todo (es domingo), y superada incluso la morriña que me quedó cuando acabó(morriña con serpentine song como música de fondo), os cuento que la experiencia fue, qué os voy a decir, excelente. Hackett es un gran señor que aguantó el chaparrón con gran amabilidad y paciencia. Me imagino que estaría hasta los huevos de entrevistas como la que le hice, de hablar de Genesis, de recordar las épocas de The Lamb, y sin embargo no tuvo un mal gesto, lo que no puedo decir de otros "number one" que he entrevistado, como por ejemplo Carl Palmer o Serrat. Le invitamos -Javier, el amigo que me ayudó con la cámara- y yo a un par de rones (canarios por supuesto) con coca cola (ojo, digo par porque su novia se tomó otro, no porque él tomara dos). Después de mí le entrevistó un compañero que venía de Sevilla ex profeso (otro incondicional como yo; vestía una camiseta de A trick of the tail y traía seis o siete vinilos para que se los firmara) que se tiró 45 minutos hablando con él. Al acabar el concierto me lo volví a encontrar y le comenté, "Carallo, lo exprimiste", y él me dijo que había sido él, motu proprio, quien se había soltado. Y eso que a aquellas horas aún no sabía si iba a tener o no las guitarras.

Incluso, cuando acabó con el compi sevillano, le volví a dar la lata, como un quinceañero, para que saludara a través del teléfono a mi sobrino Juan, que heredó la pasión de mí y de mis hermanos. Pues el tío, "venga, pásamelo", y charló un ratito con él en un tono muy cordial. Ya después del concierto (me saludó con un gesto al verme en las primeras filas) no quise darle más la vara, y no hice ni el amago de acudir al camerino. Buen viaje mister Hackett, y hasta siempre.


Supongo que a alguno de los freakis que comparten mis pasiones le gustará leer la crónica del concierto, que se publicó el domingo en la edición de papel de Canarias7. Aquí la teneis

Lo bello y lo bestia


Los 400 parroquianos que colmaron el aforo de la sala San Borondón del Kraus -qué espacio tan fantástico para conciertos de rock, ¿lo podrían usar más, por favor?- salieron a la noche del viernes apabullados, con la boca abierta. Durante casi dos horas y media, lo que se dice sudar la camiseta generosamente, Steve Hackett y su banda de ibéricos de Guijuelo hicieron disfrutar de verdad a la concurrencia repartiendo cal, arena, campiña, sangre, sudor, lágrimas y algunas cosas más. Lo que se vio, oyó y sintió es difícilmente etiquetable. Ahora te mimo, ahora te reviento a hachazos. Ahora te doy pop fresquito, chatín, ahora toma palo de rock tenebroso, cacho cabrón. Ahora Genesis, ahora salfumán. Lo bello y lo bestia, en un mismo lote.

No me atrevería yo a decir que el señor Hackett sea bipolar como el viejo Gabriel -o como William Blake, fuente de inspiración de ambos- pero sí que su voluminosa obra destila creatividad ciclotímica por todos sus poros. Es algo difícil de explicar sin tener un tocadiscos a mano: Hay un Hackett, digamos, de campiña, casi irlandés, que parece primo de Sally Oldfield (por citar algunas muestras que se oyeron en el concierto, Everyday, Serpentine song, Spectral mornings), y hay otro con muy mala hostia que parece el cuñado de Darth Vaden, tal vez un Alan Parsons sin almíbares, que pone los pelos de punta con un rock despiadado, de noche con aforo completo en la cúpula del trueno (Valley of the Kings, Darktown, Mechanical Bride -puro gore-, A tower Struck Down). Y, como no hay dos sin tres, está luego el sublime guitarrista de Genesis, abriendo el joyero y hurgando en la memoria con orfebrería de 24 kilates (Horizons, Blood on the rooftops, Los Endos, Fly on a Windshield, Broadway melody, Firth of Fifth,In that quiet earth ).

Decir que el sonido fue perfecto es decir poco. Fue cristalino, sobrecogedor, ajustado, elegante y tridimensional. Ví todo el concierto en primera fila (el pedal del bombo me golpeaba directamente en la frente) y al salir del concierto no tenía ni el más mínimo pitido, que es la prueba del algodón. Cómo se notó, y agradeció, que trajera su propio técnico de luces. Apenas 10 focos y dos vari-lites, pero qué juego. Mención especial para la combinación estroboscópica en Mechanical Bride. Y en hablando del lado oscuro de la fuerza, la verdad es que todas las piezas reviradas con las que nos agasajó sólo tienen sentido en directo. No acabo de ver una sobremesa con los amigos escuchando, por ejemplo, Darktown.

Me dio la impresión de que Hackett estaba a gusto, en su salsa, a pesar de que tuvo algunos problemas técnicos con los pedales de las guitarras (amén de que se las perdieron durante unas horas en el viaje desde Londres) y con la batería, prácticamente imperceptibles para el público. Fue sobrio en la exhibición de cordajes y, creo recordar, despachó todo el concierto con su legendaria Les Paul negra de doble pastilla y con una española sin florituras. De la Gibson sacó momentos memorables, como cuando ejecutó el mítico -creo que aquí está justificado el adjetivo- solo de Firth of Fifth (aquí demostró en qué consiste la técnica del tapping, el punteo sobre el mástil) o el dominio del vibrato en Please don´t touch.

El acompañamiento, ya lo dije, de lujo, dos veteranos de las grandes guerras (Roger King en los teclados y Nick Beggs en el bajo) y dos alumnos aventajados (Gary O´Toole en la batería -físicamente clavao a Teo Cardalda e igual de virtuoso- y Rob Townsen, un escindido del jazz, en los vientos). Cuánto más efectivo es este Hackett con formación eléctrica frente al acústico. O´Toole es correcto a la hora de cantar las piezas de Genesis (Rooftops, Firth, Broadway) y Beggs parece que aprendió a contrapuntar las voces del mismísimo David Crosby.

El público lo pasó teta, y yo creo que aparte de los entregados de las primeras filas, la mayoría no tenía muy claro de qué iba a ir aquello, pero rápidamente se metió en harina. Dos horas y media es casi una sesión de Springsteen. Aquí se sudó menos, a pesar del calorazo que hacía, porque no había demasiado que bailar y sí mucho que ver y oir. Un concierto de los de estar calladito y extasiado, vamos. Hackett chapurreó un poco de español y demostró que es cierto aquello de que los de Genesis no se metían cosas raras: se conserva muy bien (59 años), miopía aparte, la verdad es que bastante mejor que Phil Collins, que es un año más pequeño.

Para los minuciosos, la lista de canciones, más o menos como la recuerdo: Fire on the moon, Everyday, Ace of Wands, Valley of the Kings, Darktown, Slogans, Circus of becoming, Serpentine song, Firth of fifth, Horizons, Blood on the Roooftops, Mechanical Bride, Spectral Mornings, Fly on a Windshield/Broadway melody of 1974, Please don´t touch, A tower struck down, In that quiet earth, Stormcatcher, Los Endos y Clocks.

Ficha: Steve Hackett en concierto. Ciclo Arrecife de las músicas. Sala San Borondón del auditorio Alfredo Kraus, 19 de junio de 2009. Aforo completo (400 personas).
Steve Hackett (guitarras, voz); Rober King (teclados); Gary O´Toole (batería y voz); Nick Beggs (bajo, voces); Rob Townsed (vientos y voces).


No quiero cerrar el capítulo sin darle las gracias a Javier Díaz Torres por estar ahí y hacer de cameraman y a Pablo Comesaña por su gran ayuda con el inglés.

Bajo el telón con uno de los temas que más me encandiló en el concierto: Serpentine Song (fijaos si miento o no cuando digo que el batería es clavado a Teo Cardalda)


No se me tiren al cuello todavía los cocinillas, riéndose de que me atreva a publicar una receta de gazpacho, elaboración harto sencilla y casi para niños. Lo hago porque el otro día, en una comida, un querido amigo me confesó que no sabía hacerlo y me pidió que se lo explicara. Y a los amigos hay que mimarlos, así que, Antoñito, aquí está tu gazpacho.

La verdad es que aquella publicidad de gazpacho de tetra brick que decía algo así como "te olvidarás de hacerlo" dio en el clavo. Hacía años que no lo preparaba regularmente, dejándome llevar por la comodidad de los bricks que, hay que admitirlo, están cojonudos, los Alvalle, Don Simón y demás. Pero, amigos, nada como el hecho en casa en cuanto aporte vitamínico, sabor y frescura. Este año, desde los primeros calores, he vuelto al sano deporte de prepararlo con regularidad.

Lo iba a hacer un poco más sofisticado: de mango con sorbete de pimiento rojo y huevas de salmón, hala. Pero, mi gozo en un pozo, aún no hay mango en el mercado insular. Prometo que lo haré en cuanto llegue a las fruterías. El otro día me lo tomé elaborado por el gran chef José Rojano, en el Hotel Santa Catalina (no sé de dónde se sacaría el mango, y no me hagan chistes fáciles), y me pareció una maravilla. En cualquier caso, recomiendo que prueben la carta que presenta el gran Rojano en el Santa Catalina, a precios razonables para semejante marco fastuoso. ¡Joder con el rabo de toro! ¡Carajo con la parrillada de marisco!


Bueno, bajemos a la tierra. Aquí va mi gazpacho. Hay otros cientos de miles de recetas. Como ya dije en otro caso, el gazpacho es como el trasero, todo el mundo tiene uno.


Una curiosité para que vean si hay o no control de las discográficas discográfico. Este video estaba originalmente editado con "Close to me", de The Cure, como música de fondo. Lo colgué en Youtube, y nada más subirlo, me llegó un aviso de que la BGM había suprimido el audio. O sea, que tuve que reacerlo a toda prisa con algo más local, a ver si esta, como son amiguetes, no me la chafan también.

De acompañamiento musical, algo que no tiene que ver con el gazpacho, sino con el fabuloso concierto que vi el sábado pasado, Toquinho y María Creuza rememorando el concierto de La Fusa con Vinicius. Aquí tenemos al maestro y a su delfín con "La felicidade", sudando arte.


Y otra, más reciente, aquí Toquinho solo, en una pieza "que ustedes probablemente conocen", como decía el poeta:



Hoy les presento una de las variantes más exquisitas y originales que surgieron de la fiebre del Philadelphia o, lo que es lo mismo, de la generación de aperitivos nacida al amparo del queso para untar y de la llegada al mercado español de los nachos. Los cócteles caseros se llenaron a finales de los ochenta de variaciones sobre el mismo tema a base de ese excelente fondo de armario que es el queso de Kraft. Echabas en una batidora una tarrina del untable y una lata de...lo que se te viniera a la imaginación (berberechos, mejillones...) y ¡zas! sacabas unos originalísimos patés para comer sobre nachos o chips. Para "dipear", que dicen ahora.

Esta bola de queso y cangrejo que hoy difundo la probé a mediados de los ochenta, probablemente en una nochebuena o una fiesta de fin de año. La sacó, vaya usted a saber de dónde, mi hermana Elia, que ahora me ha cedido los derechos en un magnánimo gesto, porque no crean que se la da a cualquiera. De hecho, me consta que a terceros se la ha dado mal, con algún error, para que no lograran el resultado final.

Lo más complicado de esta preparación ha sido para mí encontrar el cangrejo real. Me dijo Elia que lo tenían en el Corte Inglés, en presentaciones de la casa Amoriños. Para allí me fui y...nada. El encargado de las latas me dijo que se le había acabado, que la tenía que pedir, que me llamaría...y hasta hoy.

Busqué en Spar, en Hiperdino, en tiendas de delicatessen, en Mercadona...y a pesar de que en la web de este último hiper aseguraban tener en stock un cangrejo real de la marca "Dani", no dí con él.

Hace como una semana, cuando ya estaba prácticamente desechando la idea, mi amigo Juanra, otro cocinillas, me informó de que en Alcampo tenían las dichosas latitas de Kamchatka. Para allí me fuí, y el viernes por fin de compré tres unidades, a 6,40 euros la pieza. Así que ya sabeis a donde ir a tiro fijo.

Ya lo digo en el vídeo, este cangrejo no es el chatka famoso de la lata de 40 euros, porque si lo fuera, a qué carajo íbamos a mezclarlo con queso de untar. Es un cangrejo más de andar por casa, más cuerpo que patas, pero sirve aceptablemente para el fin que perseguimos.


Para ambientarlo, y ya que vamos de rusos, una curiosidad, que también es una buena ocasión para ver en qué pastiche se ha convertido el coro del ejército ruso. Oh tempora, oh mores. No sé qué dirá de esto Victor Pinovsky.