Como dijo Jack el destripador, "vayamos por partes". Hoy les propongo el menú más sencillo que se podría plantear en un blog con pretensiones gastronómicas, próximo, como ya digo en el vídeo, al fraude culinario: unas ostras como Dios las trajo al mundo y un pollo asado (cada uno por su lado), aderezados con el descubrimiento de un simpático personajete de Las Canteras, el que da título a este post.
Escena 1. Las Canteras, mañanita del sábado. Con todo el fin de semana por delante, que ya sé que es consuelo de tontos por su fugacidad, plántome en uno de mis paisajes urbanos favoritos, el vivero de mariscos Martín Dorado, del que ya les hablé en una ocasión, concretamente en ésta. Me fascina la cetárea de los Martín, gente seria con más de 30 años currándose el sector. Vengo con mono de ostras. Me recibe y atiende -cojonudamente, como es habitual- el propietario, José Antonio.
Escena dos: Un mero espectador. Miren ustedes a quién vengo a conocer en mi periplo por el vivero. Si estaba aquí en otras ocasiones -y según se constata, mora en la casa desde hace 24 años, nada menos- , no había reparado en él, y lo veo difícil, porque semejante personaje no pasa desapercibido así como así. Quizás antes andaba por las piscinas interiores, estaba de resaca, tenía gripe, o había salido de meras -mira por dónde entiendo yo ahora de dónde viene meratrices-, a saber. Seguro que muchos de ustedes ya conocen al mero Pancho, un primo de este Manolo nuestro, también muy fotogénico, que vive en los fondos rocosos de El Hierro. Ahora les descubro a Manolo, un mero...espectador, un mero meritorio. Miren si no tiene gracia el jodido:
Escena tres, montando el pollo. ¿Que qué hago presentando en calzón corto? Me explico: Suelo moverme en bicicleta y, a la hora de grabar el vídeo, acababa de llegar de conocer al mero Manolo. Comprenderán que con el shock no tenía yo la cabeza donde debía de estar para cambiarme, de ahí que me presente en cullot picado. Me perdonen. Ya se dice en la filmación, esto no es una receta seria ni mucho menos, pero también se puede hacer fiesta de lo cotidiano. Y si sirve para que se lo piensen dos veces antes de bajar al asadero de la esquina a comprar un saco de huesos hormonado y malnutrido, pues tanto que me alegraré. Venga, buen provecho y mejor semana.
Trilogía sabatina (III): Pollo asado from antonio f. de la gandara on Vimeo.

