Richard Wright, teclista de Pink Floyd (Londres, 28 de julio de 1943), falleció el pasado 15 de septiembre en su ciudad natal a los 65 años, víctima de un cáncer.
"Odio a Pink Floyd", rezaba la leyenda de una camiseta con la que, allá por 1977, solía fotografiarse Jhonny Rotten, el cantante de los Sex Pistols.
"No hay nada personal -replicaría ante la imagen Michael Corleone- son sólo negocios"; esto es, para salir adelante como movimiento contracultural, el punk tenía forzosamente que cargarse al stablishment, a los que entonces estaban en el machito musical, y los primeros en ser pasados por las armas serían -naturalmente- los Floyd, que en aquellos años eran el principal icono del prog rock. Nada nuevo: No consta proceso revolucionario en la historia que no se haya saldado con el asalto al palacio de invierno y la siega de alguna que otra cabecita, empezando por las de la familia real, claro: Así, las golovás (que diría Burgess) de Waters, Gilmour, Wright y Mason se sirvieron de Hours d´oeuvre a la kermesse de escupitajos de mediados de los setenta.
No voy a negar que el punk fue un movimiento juvenil de importancia -con más ruido que nueces, eso sí- pero, tal y como confirma Andy Summers (The Police) en su brillante autobiografía El tren que no perdí, en principio la tendencia no fue más que un hábil ardid del manager de los Pistols, Malcom Mclaren, para vaciar el stock de ropa de segunda mano que amontonaba polvo en su tienda de Londres. Para bien o para mal la operación de mercadotecnia fue un éxito en una Inglaterra corroída por el paro y hastiada del conservadurismo de la Tatcher y, por puro efecto dominó, un fenómeno casi mundial en todos los países que, al hilo del fenómeno Beatles, conformaban la Commonwealth musical, entre ellos España, entonces borrega musical de solemnidad.
Por aqui acabábamos de salir de 40 años de caspa, o sea que si había alguien dispuesto a despelotarse, a clavarse un imperdible en el moflete y a quemar los discos de Pink Floyd eran nuestros mozos, omitiendo pequeños detalles como que -ya lo he escrito en alguna ocasión- la mayoría de nuestros protopunkies eran hippies el día antes de coger el billete para Londres. Niños consentidos (Berlanga y compañía) que en su vida habían tenido motivos para estar rabiosos, rebeldes sin causa, en fin.
Yo no me resistí al encanto de -algunos de- los abanderados del No Future, (Clash, Stranglers, algo de los Ramones y poco más) pero nunca quemé mis discos de Pink Floyd ni renegué del rock progresivo, porque hacerlo equivalía a aceptar una equivocación que nunca consideré como tal. Por eso no pude evitar emocionarme el pasado 16 de septiembre, cuando leí la noticia de la muerte de Wright. Miembro fundador de los Floyd e incluso inventor del nombrete según algunos hagiógrafos (homenaje a dos desconocidos profetas del blues, Pink Anderson y Floyd Council), el teclista, desde los inicios de la banda, fue una de los pilares de la originalidad de su sonido. Cierto que con el paso de los años y el peso de Gilmour y Waters fue ninguneado progresivamente (¿protomobbing?) hasta pasar de titular a asalariado, pero ahí están los discos de la primera época para avalar la condición de figura básica del ilustre finado.
¿Cual fue el pecado de los Floyd, por qué se convirtieron en unos apestados hasta hace bien poco? Parte de culpa la tuvieron ellos y parte sus acólitos. En primer lugar, hacían una música conmovedora, trascendental, limpia y correcta cuando de pronto el suelo se abrió a sus pies, entraron a saco los descamisados y rompieron con furia todo lo que oliar a academia, a pentagrama pulcro y a solfeo. En segundo término, sus seguidores tardaron bien poco en auparlos a la condición de dioses y fueron devorados por el fanatismo. Ellos mismos parodiarían la peripiecia de su ascenso al olimpo y posterior bajada a los infiernos en In the flesh de The Wall (1980).
Los puristas siempre han subrayado la importancia del primer líder de la banda, Syd Barret, y los amantes de su segunda etapa destacan el trabajo de Waters o de Gilmour, olvidando a menudo que los teclados son quizás el aspecto más brillante de discos tan fundamentales en el siglo XX como The dark side of the moon (1973, 40 millones de copias vendidas en todo el mundo, 741 semanas en la lista Billboard; se calcula que uno de cada cuatro británicos tienen o tenían el disco en sus estanterías) o Wish you were here (1975, número uno en Estados Unidos e Inglaterra). Y ya sé que las cifras de ventas no son siempre un indicativo fiable sobre la calidad del producto (coma mierda, 1.000 millones de moscas no pueden equivocarse; en 1981, el número uno en los videoclubs españoles eran las películas de Esteso Y Pajares), pero en este caso resultan excepcionales.
Adiós emocionado, señor Richard William Wright, de un seguidor que nunca quemó sus discos, que aún se emociona con el piano de The great gig in the sky o con el preludio atmosférico de Shine on, you crazy Diamond.
Nota al margen 1: Creo que ya lo conté en otra ocasión, pero es una anécdota tan casposa que no me resisto a repetirla: cuando salió Wish you were here, todavía coleaba en España el mandato franquista de traducir todo lo que se publicaba en inglés. Encomiable tarea si estuviera hecha por profesionales, pero los que se encargaban del trabajo no tenían la suficiente preparación como para salirse de la literalidad. Así, en la contraportada de las primeras ediciones del elepé, debajo de Shine on you crazy diamon, se leía Diamantes locos brillan sobre tí. La traducción correcta es Sigue brillando, loco diamante.
Nota al margel 2: El loco diamante era Barret, que a causa de sus problemas con el LSD había tenido que abandonar la banda. El propio Wright contó alguna vez que en una de las sesiones de grabación del elepé, cuando llegó al estudio, se encontró a un tipo calvo al que no conocía esperando con una guitarra en la sala de grabación. Tardó varios minutos en darse cuenta de que era Syd, que afirmaba que había acudido a "tocar su parte". No le dejaron; estaba ya muy deteriorado por el lisérgico. Habrá que concluir, pues, que el trabajo debería haberse titulado Wish you were here clear (ojalá estuvieras aquí lúcido).

Me alegro mucho Antonio que te hayas recuperado, se te echaba de menos en la blogosfera. Y encima vuelves con dos magnificos post.
Como yo soy mas de musica que de comer, intervengo en este, que me ha encantado y en la que recoges fielmente las dudas existenciales de los que nos gustaban cosas de los 70 pero no queriamos perder el tren y la energia de la nueva ola.
Reconozco que a los Pink Floyd los conoci tarde.
Tengo el vívido recuerdo de cuando un gran amigo mio, al que tu conoces bien, llegó a la pandilla con las letras en ingles y traducidas al español (en aquella tipografia magnifica y rancia de las antiguas maquinas de escribir)del "Wish you where here" de Pink Floyd y el "Berlin" de Lou Reed. Y de paso para que nos metieramos mas en la historia, nos contó la historia del lider colgado con el LSD, y que habia dejado la musica.
Te puedes imaginar el cuadro: tres o cuatro adolescentes encerrados en una habitacion de Las Chumberas, fumando Coronas, Condal y Benson, y flipando en colores con el "Shine on your crazy diamond" y demas zarandajas.
Luego empezamos a redescubrir su obra anterior y a seguir en vivo y en directo (Thanks Milikito) su magnifica trayectoria final: Animals, The Wall, The Final Cut..
Haciendo ahora balance de su gran trayectoria reconozco que los disco posteriores a Barret (Me encanta el primer disco de Pink Floyd) hasta "la cara oculta de la luna" se me atragantan un poco y solo salvaria alguna que otra canción suelta como "Echoes", en la que por cierto canta Wright.
Cuando me enteré de la muerte de Richard Wright se me escapó la lagrimita (al igual que con Paul Newman,¡que coño! ¡fueron nuestros referentes!) y llamé a mi amigo para darle la noticia y exigirle que pusiera en la emisora donde trabaja el "The great gig in the sky" en su honor...
Despúes de la pequeña lección de historia que nos has dado intentaré dar mi versíon de lo que pasó en esos años,que aquí como casi siempre llegó con algún retraso... La sociedad estaba cambiando, la clase media tenía más poder adquisitivo y las discográficas tenían hambre. El merchandising fué muy bueno, poco antes a un concierto iban sólo los hyppies... Pero de pronto boom....
Cómo vender lo nuevo? Fácil; cárgate lo pasado. Y así fué. Bajo mi punto de vista los 80's, bajo un punto de vista estrictamente musical, salvo lógicamente algunas excepciones, fueron nefastos. Incluso algunos mitos, que todavía hoy sobreviven se "amariconaron". Hace poco un amigo que pertenecía a una de esas bandas nacionales con mucho éxito en el momento, me decía (textual) : " nos iban buscando por ahí para ver si queríamos grabar, todo se vendía".
Podemos tener alguna canción o grupo que nos retrotrae a momentos buenos de nuestras vidas y sí estás de fiesta con amigos la disfrutaís juntos con alegría y regocijo. En casa, en casa es distinto, yó sigo viviendo In The Dark Side Of The Moon...
Es tu opinión y la respeto, pero no puedo estar de acuerdo en ningún modo cuando calificas los 80 de nefastos en cuanto a música. Fueron fabulosos.
Tendría yo unos 10 u 11 años de edad, en tiempos de Franco, cuando mis padres se fueron a Madrid a pasar unos días y yo les pedí que me trajesen de la capital un disco moderno, algo nuevo de música que no hubiese llegado aún a nuestra inhóspita Galicia.
Me trajeron un precios LP doble, con portada que me encandiló al momento. El grupo se llamaba Pink Floyd y album se titulaba A Nice Pair. "Que nombres tan raros... ¿qué querrá decir Pink Floyd?", me dije.
Entusiasmado me dispuse a escuchar esos 2 vinilos en mi tocadiscos. Los escuché y escuché... y por más que los escuchara, esa "música" no tenía sentido alguno para mi; no le encontraba melodías, y si muchos lloros y fluctuaciones que no acababa de comprender. Era un disco raro raro rarrro. Tanto que, tras dos días de escucha, apenado le dije a mi madre: "Estos discos están estropeados, mamá".
Pero a los pocos días le empecé a pillar su punto, los sonidos comenzaron a tener un cierto sentido para mi, ya le iba captando los tonos, sus destiempos, y acabé por sentir su música, hasta tal punto que me dije "¡Este disco es una joya!"
Pink Floyd y su doble album A Nice Pair fue un gran descubrimiento para mi. Me abrió los ojos, los oídos, la mente.
Pero lo que son las cosas, 10 años después, cuando tendría unos 20 años, descolgué mis posters de Pink Floyd y me abracé al punk y a la new wave.
Y es que con la música, Antonio, no soy tan fiel como tu, yo soy más puta.
Un placer leerte de nuevo, Antonio. Un abrazo
Veo que has vuelto con toda la banda, no sólo con la minipimer, me alegro, me alegro.
Aunque con cierto retraso, mis felicitaciones por tu brillante artículo musiquero de ayer.
Sólo unas líneas, que estoy muy apurada preparandome para pasar un mal trago profesional. Lo bueno, del mal trago, es que sólo es profesional, los otros son incluso peores.
Hasta a mi, que entiendo bien poco de música,(aunque sonarme, sonarme, la verdad....me suena todo), me ha parecido muy instructiva y entretenida tu lectura. Cuando a uno le gusta lo que vende, sabe de ello, y lo comunica bien, el resultado es que siempre vende y vende bárbaro. Y fíjate si lo creo, que se lo cuento siempre a mis alumnos.
Sólo una observación propia de mi propia deformación profesional:
Si Establishment en época franquista, hubiese sido seguramente,traducido como establecimiento; Marketing, en la misma época y situación, habría sido traducido como mercadotecnia.
La palabra no llega a darme urticaria, pero si algo de alergia leve. Total, por un anglicismo más...
Purismos, propios de la edad y condición femenina aparte, creo que este es uno de los mejores artículos de música que te he leído. Y mira que los ha habido buenos
Voy a ver si promocionamos tu Blog entre los de nuestra promocion de Jesuitas, porque es una pena que tus compañeros, muchos, me consta, muy aficionados a la música, y otros, a los recuerdos de la época, no saben lo que se están perdiendo.
A principios de los 80 era capaz de pasarme cuatro horas mirando por una ventana y repitiendo a todo volumen el "How I wish..." o "shine on, you crazy...". Todavía hoy, como diría Cruyff, "...se me pone la gallina en piel". Gracias por recordarnos la buena música.
Suele sucederme, escribir una entrada musical me basta para volver a engancharme a una canción, en este caso "Shine on". Y aprovecho para decir, en referencia a la anécdota sobre la traducción, que si el grupo hubiera puesto esa coma que tú sabiamente colocas entre "on" y "crazy", el traductor al español no hubiera metido la famosa gamba. Hay una gran diferencia entre "Shine on you crazy diamond" y "shine on, you crazy diamond". (Evidentemente, esto no va a cambiar el mundo ni a sanear la bolsa de Wall Street, pero qué bonitas son las pequeñas cosas, ¿no?)
Yo tampoco quemé mis discos de Pink Floyd, tampoco los de Yes o Genesis, pero hice un hueco en mi discoteca para grupos tan imprescindibles como los propios Floyd en esa etapa algo más oscuro y con un concepto musical diferente, en las antípodas del prog rock, y no por ello, peor. Algunos de los que citas, como los Clash, fueron incluso más importantes que los Pistols, que al final se convirtieron en una mera anécdota (como lo demuestra el hecho de que sigan haciendo el pinga hoy en día por los escenarios de los principales festivales veraniegos, con sus escupitajos y su pose hooligan). El punk o el post punk fue algo más que lo ideado por Malcom McLaren y sus imperdibles y hoy sigue influenciando a bandas de todo el planeta. Su fusión con el reggae o la electrónica, nos ha dejado verdaderas joyas. Entiendo que haya corazones que laten más rápido con Genesis que con Joy Division,y que todo es cuestión de gustos, pero no puedo compartir la opinión de Arrala sobre los 80, no con grupos como The Cure, Siouxsie, Stranglers, Smiths, etc...
No puedo estar más de acuerdo contigo, sobre todo en el "postpunk", que es la clave de la pomada. Además, tú eres de los míos, de los que no hicieron borrón y cuenta nueva sino que añadieron el nuevo bagaje sin excluir conocimientos previos.
Muchísimas gracias rubia, por tus piropos y por la labor de proselitismo entre los viejos amigos, y perdona que no te haya contestado antes.