los blogs de Canarias7

Archivos Julio 2008

Este es el post con el que he soñado escribir a lo largo de mi corta vida como bloguero: Declaro oficialmente que la bitácora está cerrada hasta septiembre por vacaciones.

Alegrías aparte, tampoco se crean que echo el cerrojo tan a gusto. Les aseguro que les voy a echar mucho de menos, pero el asunto es que me voy a un lugar remoto, en medio del rural, y Telefónica no me da más opción para seguir on line que comprar un cacharrito con un contrato de fidelidad durante 18 meses a razón de más de 30 euros al mes. Total, para 30 putos días que voy a estar fuera...

Voto a Brios que les quiero a ustedes mucho pero, como dice la publicidad, tan tonto no soy.

Si en algún pueblo perdido, entre pulpo y albariño, me encuentro un cibercafé y tengo algo que contar, os lo haré saber, pero por el momento cierro la conexión. Gracias a tod@s por su confianza, suyo afectísimo, tal y tal. Vuelvo el 3 de septiembre. Cuídense.

Les dejo con un impecable mensaje de optimismo. Qué pedazo de video, y qué pedazo de canción:

¡No, no, no!, ¡Les juro que ni por asomo me pienso meter a fondo con los Beatles! No me da el blog ni la cabeza para semejante empresa. Pero sí que irán apareciendo por esta bitácora canciones de los fab four en sucesivas entregas. Acepten ésta como un anticipio, o como una anécdota, porque ya verán que la reseño a modo puramente anecdótico, por una genialidad de menos de 20 segundos.

Si no lo han adivinado a estas alturas, se lo confieso: Soy otro de los muchos colgados de los Beatles que pululan por el planeta aún hoy en día, y, ademas beligerante. Me producen lástima los que se atreven a cuestionar la influencia de los de Liverpool en la música contemporánea, porque eso significa que nunca la entenderán (la música). Les podrá gustar ésta o aquella canción o éste o aquel grupo, pero nunca llegarán a entender los porqués de esa música. Y quien dice a los Beatles dice a Robert Jhonson o a los primeros Rolling Stones. Y esto me permite saltar a otro pugilato: A ver si se creían que iba a defender a los Beatles FRENTE a los Rolling, debate que me parece absurdo y que sólo puede ser fruto del desconocimiento de la obra de los unos o de los otros.

No se puede comprender a los Stones sin los Beatles, no se puede asimilar el Let it bleed sin haber oído el Let it be. No hay porque negar a unos para ensalzar a otros (y esto ya me suena familiar, ¿Adriá versus Santamaría, por ir a un debate reciente? detrás de lo excluyente suele haber miedo e ignorancia, joder).

Rubber Soul.jpgComo les decía, esta va a ser una entrada fiel al título, dedicada a una canción de época. In my life es el undécimo corte de Rubber Soul (1965), el sexto álbum de los Beatles (algunos dicen incluso que el mejor, yo no llegaría a tanto), y una de las primeras piezas de lo que Lennon vino a bautizar como su "época Dylan".

Me explico: allá por el 64, cuando se estaba gestando Help!, Dylan solía comerle al coco a Lennon pidiéndole profundidad en las letras, más allá de I want to hold your hand (quiero coger tu mano) o she loves you (ella te quiere).

Según el biógrafo oficial de la banda, Mark Heestgaard, Lennon lo recordaba así: "En los primeros encuentros con Dylan, siempre me estaba diciendo, escucha las palabras, tío, y yo le decía, no puedo tomarme la molestia. Escucho el sonido, el sonido total". Se refería Lennon a la presión de la discográfica para que estuvieran constantemente vomitando hits al mercado: "En los viejos tiempos", agrega Lennon en la obra de Heestgaard, Un día en la vida: "Fabricábamos las canciones muy aprisa, teníamos una fórmula muy vaga y lo podíamos hacer con bastante facilidad, y sólo más adelante intentábamos que la letra concordara con la melodía".

Así, Rubber Soul es el primer disco de los Beatles, digamos, adulto en cuanto a las letras. Ya se había colado un pequeño avance de esta madurez en el disco anterior, Help!, con Yesterday, pero en Rubber los versos alcanzan la mayoría de edad. Por citar algunas de las piezas serias, qué decirles de Norwegian Wood, Nowehere man, Girl o Run for your life.

Pero sí he abierto la puerta del universo de los Beatles con In my life no ha sido precisamente para hablarles del lirismo del tándem Lennon-McCartney, que ya abordaremos en otro momento (por cierto, para variar, ambos se pelearon a lo largo de la historia por atribuirse la autoría de la canción. El combate se salda hoy en día a favor de Lennon. A McCartney se le reconoce la paternidad del middle eigth, la parte en la que el tono cambia media octava), sino para llamar su atención ante un prodigio que no se puede atribuir exactamente a ninguno de los fab four, sino a su genial productor, George Martin: Me refieron al piano que aparece en el middle eigth.

¿Un piano? dirán ustedes. Eso es un clavicordio, sentenciarán.

Pues no, es un piano.

Verán: La letra de In my life intenta transmitir añoranza, magüa por personas y lugares que fueron y ya no están. Lennon quería un toque retro en la pieza, y sugirió que incluyeran "algo barroco" en los arreglos. Así que Martin le compuso un solo a medio camino entre Johann Sebastian Bach y el canon de Pachelbel. Lo intentó cuajar con un órgano, no quedó satisfecho y entonces se decidó a ejecutarlo al piano.

Y aquí está la idea genial: lo tocó al piano y lo grabó a media velocidad, para reproducirlo después al doble de velocidad. Esto, en 1965, cuando las matrices de los discos se grababan en rebox de cuatro pistas, era pura alquimia.

Aquí lo tienen. El solo durante exactamente 18 segundos, pero se convierte en el motor evocador de la pieza, algo parecido a lo que ocurre con la trompa francesa de For no one.

La verdad es que el video es bastante explicativo de lo que quiere decir la canción. Espero que la disfruten y, sobre todo, que los que no sabían esta historia la disfruten a partir de ahora de otra forma, que de eso se trata, de disfrutar. Bon appetit

Hoy les propongo un plato cinematográfico donde los haya y sin duda uno de los más asequibles de la cartelera. Más barato que un ratatouille, y, por supuesto, que un desayuno con diamantes. (Por cierto, dato gratis ya en el primer párrafo: Ratatouille no es otra cosa que pisto).

Les seré sincero, (casi) siempre lo soy: No había hecho los tomates verdes fritos en la vida. Sí los había probado ha un par de años -y me habían encantado- en un restaurante del extrarradio de Madrid, Casa Santoña , en Los Molinos, al que me llevó mi querido amigo Josus. Un lugar encantador que, como ya se habrán imaginado por el nombre, tiene como especialidad las anchoas, aunque también es un asador de carne de primera. Si algún día les queda a mano, no duden en ir, que en el vínculo tienen el mapa. Echénle un ojo al video que se presenta en la página web, que les pondrá los jugos gástricos a tono.

tomatesverdes.jpgPues lo dicho, que los había probado el una ocasión contada, y resulta que el pasadodomingo cayó en mis manos la excelente película de Jessica Tandy y Kathy Bates, filmada por John Avnet en 1992, y después de verla (bueno, de volver a verla, perdón) me entró el puntillo. Así que me fui al google, pinché "tomates verdes fritos" y me salieron, aparte de un centenar de entradas sobre la película, una receta con bastantes visos de fiabilidad. La hice y creo que estoy en condiciones de decirles que me quedó bastante bien, y que puedo reproducirla para ustedes, más a mi modo que al pie de la letra. Por cierto, cosa milagrosa, tenía todos los ingredientes en casa (menos mal, porque eran las 10 de la noche del domingo).

Vamos: En un bol grande ponemos 200 gramos pesados de harina y hacemos con ellos un volcán, como si fuéramos a hacer pan.

Cascamos dos huevos y separamos las yemas de las claras. Reservamos las claras, y las yemas las echamos en el cráter del volcán. También vaciamos ahí una cucharada de aceite de oliva virgen generosa y salpimentamos al gusto. Yo le agregé un punto de orégano fuera de programa.

Sacamos una cerveza de la nevera y la echamos parcialmente en un vaso. Un poco menos de un botellín. Lo dejamos al lado del bol, y comenzamos a remover la harina con las yemas y el aceite con una cuchara de madera. Antes de que se nos forme una pelota indisoluble de engrudo, como me empezaba a temer, le agregamos la cerveza. Según la receta, tenemos que revolver hasta que no quede ningún grumo. Les digo lo que hice yo porque empezaba a ver aquello pesado y chungo: Cogí la minipimer, rianga, y en 30 segundos la mezcla estaba perfecta.

Una vez finalizada esta fase, se deja el bol con el preparado o masa en un sitio templado y se deja reposar durante una hora. En ese periodo, cogemos los tomates, los lavamos, los cortamos en rodajas de unos 8 milímetros y los dejamos secar en abundante papel cocina.

Cuando esté a punto de cumplirse le hora de reposo del engrudo, cogemos las claras, les añadimos un poco de sal y las batimos a punto de nieve (yo lo hice con el brazo batidor de la minipimer once again).

Cuando ya están a punto de nieve las añadimos, a cucharadas, a la mezcla del bol, poco a poco, dando giros envolventes con una cuchara de madera.

Sacamos las rodajas de tomate del papel cocina y las metemos dentro del bol de la mezcla, denando que empapen bien.

Ponemos en una sartén una ración generosa de aceite y lo calentamos hasta una temperatura, digamos, de crucero: Yo recomiendo subir el fuego a tope, echar una miga de pan y cuando se fría de forma rabiosa, bajar la rueda al diez. Entonces, colocamos el bol con nuestras rodajas de tomate al remojo de la masa muy cerca de la sarten y las vamos friendo. Si conseguimos que pasen del bol a la sarten sin perder el rebozado por los huecos interiores del tomate lograremos auténticas y perfectas ruedas, aunque no hay que desanimarse si te salen con agujeros, si no te quedan como las que hacía Kathy Bates o las del Whistle Stop Café.

auténticos verdes fritos.JPGFreimos las rodajas hasta que se doren, y (muy importante), al sacarlas de la sartén las dejamos que se desaceiten en una tabla envuelta en papel cocina. Incluso le ponemos un poco por encima. Cuando se haya absorbido el aceite sobrante, emplatamos y servimos. La foto (pinchenla para ver el detalle, que supera la prueba del algodón) es del plato que hice el domingo, rayándole un poco de parmesano por encima. Es una ración para dos o tres, no conviene embostarse con los fritos, ya saben.

Una fantástica forma de comer tomates como primer plato, o para acompañar una anchoas, por ejemplo. Yo les agregé unas gotitas de salsa Perrins. Ya me contarán.

¿Una música para los tomates verdes fritos? Pues claro que sí. Si bien es cierto que el Whistle Stop Cafe se ubicaba en la película en Georgia, y éstos pavos no eran de allí, sino de California, lo cierto es que se hicieron famosos gracias a la música sureña. ¡Qué menos que un puntito criollo si vamos a cenar con miss Daisy!, ¿no?:



Me imagino que, ya sólo con mostrar esta foto, sabrán de qué vamos hoy.

madness_7.jpg


Esta no va a ser una entrada dedicada exclusivamente a Madness. Mi intención es trasladarles a principios de los ochenta para hablarles del ska, o más bien de lo que yo viví del ska y de sus evoluciones. Debo empezar con una referencia obligada: no tenía en mente abordar, al menos de momento, el universo de los sincopados ritmos procedentes de Jamaica, pero un amigo -que ha devenido en los últimos tiempos en una fuente inagotable de inspiración-, Alberto Dotras, me mandó ayer algunos videos que me hicieron rememorar aquellos divertidos tiempos.

Vamos a abrir boca con un buen ejemplo práctico: Así se empieza un concierto, y lo demás son mariconadas:

Bueno, esta fusión de ritmos, pianos, saxos y bajos alocados es lo que, a principios de los ochenta, se vino a conocer como ska, aunque en realidad no era tal cosa.

El ska había nacido en los años sesenta en Jamaica como una de las consecuencias culturales de la independencia del país frente a su metrópoli, el Reino Unido. Hay versiones diferentes (y encontradas) sobre el fenómeno; Algunos afirman que fue una mezcla entre el reggae y el rock steady (tranquilo, seguro), mientras otros aseguran que el rock steady nació del ska, cuando los músicos ya estaban agotados de dar saltos y sólo podían ejecutar piezas más lentas. Los que quieran explicaciones más completas y solventes, anque la verdad nada concluyentes, pinchen aquí o aquí , donde se contraponen una y otra versión, y a mí déjenme a lo mío.

Yo sí puedo aportarles una grabación histórica de uno de los ancestros del ska, Tommy McCook & The Skatalites, cortesía del señor Dotras:

Había, pues, un ska ancestral antes de que la música llegara a Inglaterra siguiendo los reflujos lógicos de la Commonwealth. Pero hete aquí que cuando el ska arribó a las costas de la pérfida, allí ya estaban muy ocupados explotando su propia revolución rockera, el punk. y así, el ska jamaicano se fusionó con el discursos de las irreverentes hordas punkorras y nació lo que se viene a conocer como el ska/segunda oleada. Aquí tenemos a los que están considerados como más serios y solventes embajadores de tal tendencia, The Specials:


Bueno, esta era una música...diferente. Para empezar, muy alejada de la vitriólica visión cósmica del punk (se me quedó grabada una definición que oí en aquelos años en el excelente programa de la 2 Metrópolis y que nunca más volví a encontrar: hipergeopútrea, si la coge un filólogo se muere de gusto), más cercana al pop y desde luego impregnada hasta la médula del optimismo rastafari. Es cierto que a los seguidores del ska les iba el pogo (a grandes rasgos, bailar a saltos destrozando todo lo que tienes alrededor, preferiblemente a tus congéneres) y eran, digamos, primos de los punkies, pero con una visión mucho más cromática de la música y, sobre todo, de la diversión. Para entendernos, el código ska no prohibía a sus acólitos reirse en los bares o tomar el sol, cosa que, como todo el mundo sabe, era motivo de excomunión para un punkie.

(Un pequeño paréntesis sobre la poses punk, ya que hemos tocado el tema: Los que mejor supieron captar la diferencia entre el punk de los ingleses (justificado históricamente en la desesperación del paro, creado por los hijos de la clase obrera) y la pose nihilista de sus seguidores españoles (en su mayoría, unos ex pijos que nunca habían pasado penurias, ni mucho menos; la mayoría de los Kaka de Luxe eran hijos de papá que habían podido viajar a Londres porque sus familias tenían recursos sobrados) fueron La Polla Records en el tema que pueden oir si pinchan aquí. No eran exactamente santos de mi devoción, pero aquí dieron en el clavo con su moda punk en galerías).

Al amparo de la llegada del Ska al Reino Unido surgieron, básicamente, tres bandas de referencia, Specials, Madness y Bad Manners. Había más, claro que sí (Selecters, Bodysnatchers, English Beat, para diferenciarlos de los excelentes Beat de Paul Collins), pero yo me voy a centrar en éstos, especialmente en Madness. Aquí ocurrirá lo de siempre, claro, que habrá quien diga que los Specials son los puros y Madness unos vendidos por el siimple hecho de que llegaron al gran público. Como estoy hasta los huevos de repetir ese debate, ni quito ni pongo rey y me quedo con que los dos eran iguales de buenos. Y además se llevaban de puta madre, Bad Manners incluídos. A continuación, un breve pero jugoso reportaje (lo siento, en inglés), sobre aquella movida (Dotras courtesy):



¿Ven qué buen rollo? Bueno, pues Madness fue para mí la quintaesencia del ska...y no tanto del ska como del pop inglés refinado, si abarcarmos toda su carrera entre los ochenta y los noventa (hoy siguen, pero ya viviendo de los laureles). Veamos algo de su primera época, por ejemplo la excelente baggy trousers:

Es que no se les puede poner ninguna pega. Divertidos, sencillos, jóvenes, despiertos, brillantes. Otra joya de la época es este My girl, que ya evidenciaba que no se iban a quedar en un simple grupo de farra:


Podríamos seguir así ad infinitum: Nigth boat to Cairo, Grey day, It must be love, House of fun, Our House (hoy jingle de las cocinas...Bosch, creo), Wing of a dove, Yesterday´s man....Por todas, me quedo con ésta, quizás la pieza que más me gusta del grupo, compuesta allá por el 86. Ya queda bien poco de Ska, pero la calidad es sublime: One Better day


¿Se acabó el ska con los grandes temas de Madness, Specials y Bad Manners? (por cierto, no me olvido que a estos últimos los trajo Juan Salán a Las Palmas hace algunos años, en el 95 puede ser, a El Refugio) Sí y no. La batuta la recogieron algunos grupos y en España, por ejemplo, la matraca siguió algunos años con bandas como Ska-P, casi mas skins que skas:

Acabo con una pieza bastante actual, para aquellos que me tildan de puretoso: La Winehouse -bolinguilla, como no podía ser menos- recreando a The Specials en Gales, el años pasado. Monkey Man. Mala imagen, pero buen sonido. Bon apettit.


Permítanme un exceso de confianza, presentarles a un querido miembro de mi familia. Se llama Juan, es el hijo de mi hermana (y de mi cuñado Juan José) y es uno de mis mejores amigos. Le enseñé algunas cosas cuando era pequeño, los principios básicos, pero hace tiempo que vuela solo. Dicen que se parece mucho a mí, y yo creo que en todo caso es una versión mejorada, muy mejorada. Aquí va una prueba, en inglés. Es el que canta. El guitarrista -otro crack- es Nacho, un compañero de la facultad:


Y aquí, otra en castellano.


Dentro de una semana estaremos cantando algunas canciones de éstas juntos. Juan es periodista, se licenció el año pasado, y es un chaval fantástico, aunque, en fin, que yo lo diga, pues tampoco es muy objetivo, ¿no? Cocinando no sé que tal es (comiendo sí, es formidable), pero cantando y memorizando canciones es muy superior a mí. Y le gustan las mismas cosas. De hecho, en los últimos años ha sido mi más fiel compañero de conciertos.
Un fiera, the talented mr Juan. Me tiene "very proud".

Cómo pasa el tiempo. Ya hace casi dos meses que no menciono en el blog a Peter Gabriel. No puede ser.

He regresado a mis favoritos de Youtube y me he encontrado algunos videos que merece la pena compatir y que llevaban ya algunos años en la nevera.

Éste está grabado en el festival de San Remo de 1983. Gabriel la monta gorda para un personal que no sabe muy bien de qué va la vaina y aparece maquillado como en sus mejores tiepos y haciendo el pinta con una de sus aficiones más añejas, volar sobre el público. No se pierdan el galletazo que se da al final en el coxis, que esto tuvo que doler. Incluso, si se fijan, se oyen los gritos del público que siente el topetazo como si se lo hubieran dado ellos mismos. Pero el tipo mantiene la compostura y aguanta hasta el final. Quién le mandaba...


El siguiente es un video de alta potencia, extractado del deuvedé Point of View que Gabriel grabó sobre la gira del 87. Yo ví este concierto en Madrid, en el pabellón de deportes de la comunida, aunbque la filmación es de Atenas. Ojo al bajo de Tony Levin, a la batería de Manu Katché. Da gusto ver tan jovencito a Gabriel, tan lleno de brios y tan comprometido políticamente. Esta cinta fue producida por Martin Scorsese, gran amigo de Gabriel. Games without frontiers



Esta canción, Come talk to me, abría la espectacular gira del 93, que también tuve el placer de ver en el Palau San Jordi, en un concierto que, para mi desgracia, sonó fatal. Nunca la puesta en escena fue más cuidada. Cuando vino a Barcelona, que fue el primer concierto de la gira, no traía a Paula Cole como aquí hace, desafortunadamente. Lo que escenifica es el problema de comunicación que tenía con su mujer, de la que se acababa de separar.


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Del mismo concierto, una pieza no menos espectacular, Shaking the tree, dedicada a las mujeres africanas.


¿Queda alguien vivo que se acuerde de Peter Frampton?

frampton simpsons.jpgAunque sólo sea por haber visto el capitulo de los Simpson en el que salía, alguien en la parroquia debería acordarse del guitarrista Peter Kenneth Frampton (Kent, Reino Unido, 1950). Aunque sólo sea porque el Frampton Comes Alive!, su doble en directo de 1976, es el segundo álbum en vivo más vendido de la historia (16 millones de copias; sólo superado, según la Wiki, por Garth Brooks).

En mi aproximación a otros artistas (vease Bowie, véase Gabriel, acudan a Byrne) he utilizado una canción como bandera, como excusa para rememorar toda la obra del referido y lo que ésta supuso en su época. Con Frampton, me voy a dedicar casi exclusivamente a Do you feel like we do, pues creo que el resto de su producción, a excepción de algunos otros cortes del Comes Alive, es perfectamente obviable y a nadie le va a dar un jamacuco por no mencionarla.

De forma sumarísima, diré que Frampton era un niño muy guapo que tocaba la guitarra como los mísmismos ángeles y que comenzó su carrera apadrinado por el Rolling Stone Bill Wyman. Aseguran los historiadores que en su juventud formó banda con David Bowie (de galletón volvió a acompañarlo en alguna gira, a mediados de los ochenta), pero yo de eso no tengo constancia, auque sí sé que entre el 69 y el 71 militó en Humble Pie, la banda del malogrado Steve Marriot (murió en un incendio). En el 71 empezó su carrera en solitario.

En el año 73, ya con cierta fama (alguna revista le había nombrado la cara más bonita del rock) el guitarrista había formado un grupo, Frampton´s Camel, que había editado un disco homónimo con el que alcanzó el discreto puesto 110 en las listas USA. Con ese background se embarcó en una gira de esas larguísimas (dos años) telonenando a formaciones como la J. Geils Band (a su vez teloneros de los Stones en el concierto del Bernabeu del 82) o a ZZ Top. Para cerrar sus actuaciones, el guitarrista eligió una de las canciones más potentes del Camel, Do you feel like we do ¿Sientes lo que nosotros?, pieza que ni siquiera había sido seleccionada para single por la discográfica; unos linces (recuerden que la DECCA rechazó a los Beatles porque consideró que no tenían futuro).

Como le confundían al combo con otra banda muy en boga en aquella época, los sinfónicos Camel (un día hablaremos de éstos), Frampton se quitó la joroba y se presentó comercialente con su nombre a secas.

Do you feel... no tiene gran cosa en su versión original, que ocupa 6,44 minutos. Una letra estúpida sobre la resaca (I woke this morning with a wine glass in my head, "me levanté esta mañana con un vaso de vino en la cabeza", dice la primera andanada), un punteillo de cierto brillo, cuatro riffs rockeros más americanos que ingleses y poco más. Pero hete aquí que un día alguien hizo llegar al músico una talk box (pinchen aquí para una explicación más completa), o máquina parlanchina, un accesorio que, en síntesis, venía a hacer la ilusión de que el performer verdaderamente estaba hablando con la guitarra, sacando una voz humana de las cuerdas de una Gibson Les Paul.

Bueno, eso en 1976 era...pues la polla en vinagre, amiguitos, si tenemos en cuenta que en el mercado había poco más que cuatro sintetizadores de primera generación, los moog (casi todos ellos en manos de Keith Emerson, Rick Wakeman y Tony Banks), el theremin de las películas de marcianos de los cincuenta (el teclista de Costello trajo uno el otro día) y poco más. Lo más in del momento eran los guitarristas virtuosos: el punteo de Jimmy Page en Stairway to heaven o las sucias escalas de Hendrix en Hey joe, y claro, los veinteañeros se volvían locos en los shows de Frampton, cuando sacaba el aparatito y se oía a la gibson diciendo claramente, con acento robótico, Do you feel like we do.

El muchachito era muy potente en aquellos directos, la peña llegaba al paroxismo con sus punteos, y en el 76 los preclaros ejecutivos de la casa de discos decidieron inmortalizar aquella gira con un elepé en directo. Grabaron el show que Frampton y su banda habían ofrecido en San Francisco y presentaron....pues un único plástico, en el que no estaba incluída Do you fee like we do. Ojo comercial, le llaman.

comes alive.jpgPero aquel día hubo suerte. Jerry Moss, el vicepresidente de la A&M (Alpert -sí, Herp, el de Tijuana Brass- and Moss), no debería haber comido tripis por la mañana, así que tras escuchar el disco, notó que faltaba el gran asunto e hizo un comentario lúcido y parece que histórico (where´s the fuck is the rest? ¿dónde coño está el resto?). Si, boss, lo que usted diga, boss: Se añadieron otros cortes de un concierto en un campus universitario de Nueva York (o sea, Do you feel like we do se grabó en un puto gimnasio!) y el disco salió finalmente a la calle como doble, con el título Frampton comes alive.

Éxito mundial sin precedentes. Frampton fue recibido en la Casa Blanca por el presidente de turno -Gerald Ford-, y el Comes Alive se mantuvo durante 10 semanas en lo más alto de las charts norteamericanas. La revista Billboard nombró al rubiales músico del año 1976, y el doble se convirtió en el disco en directo más vendido de la historia hasta entonces.

Hoy en día, Do you feel like we do resiste bastante mal el paso de los años, pues es puro exceso (14 minutos de los seis iniciales) inhábil para el oido moderno, poco habituado a soportar piezas de más de tres minutos. Pero hay muchas lecciones de rock and roll en sus surcos. Los punteos de Frampton son demoledores, su guitarra...qué decir de su guitarra. Una Gibson Les Paul Custom de tres pastillas de doble bobina de oro (la de la foto es de bobinas simples, no la encontré igual), el sueño de cualquier niño rockerillo de la época, sonando como le daba la puta gana al artista. Y la maestría del pavo usando la talk box, los punteos anfibios que comienzan com o guitarra y acaban como gritos... Les confesaré: a los 13 años, en mi pandilla jugábamos a ser Frampton y su banda con raquetas de tenis por Les Paul, cojines semiduros del sofá como timbales y melódicas por teclados, y siempre acabábamos sudando y haciendo varios bises (nuestras madres y los vecinos de abajo también acababan sudando...).

comes alive II.jpgLes decía antes que poco más se puede contar de Frampton aparte del Do you feel. No es rigurosamente cierto: el Comes Alive! tiene algunas otras piezas notables (Show me the way, Lines on my face, Something´s happening) pero el listón de Do you es demasiado alto. Frampton, desde luego, jamás lo llegó a superar. Su carrera después del 76 fue de fiasco en fiasco y a mediados de los noventa la cagó ya definitivamente publicando Comes Alive II, que es como, digamos, Tubular Bells III o Gorgo y Superman se citan el Tokio (les pongo el vínculo para que vean que efectivamente existió una película llamada así).

¿Me olvidé de la película Srgt. Peppers Lonely Hearts Club Band? Sí, y a propósito. Es que mira, ni vinculo le pongo. Búsquela usted si tiene ganas de perder el tiempo

La sesión histórica en la que se grabó la canción nunca fue filmada. En Youtube circulan un porrón de versiones, a cada cual más impostada y caricaturesca. He intentado seleccionar la que más se acerca a la original. Creo que es ésta, grabada en Florida en el mismo 1976, pero en ningún modo tiene la brillantez de la original, ni los punteos son los mismos. Aún la sigue haciendo, el cabrón, en nuestros días. Bon apettit.

(Postscript para gandules: el numerito con el talkbox empieza a partir del minuto 4.58, por si quieren saltarse la canción, lo que la casa no recomienda en absoluto)


Probablemente, la mejor réplica cinematográfica de la historia.

Siempre se tratará de una opinión personal, pero desde mi punto de vista pocas bandas han sido tan injustamente olvidadas como The Stranglers.

No pierda el tiempo leyendo (y viendo) esta entrada multimedia si usted es de los que prefiere las tortillas de papas bien cuajadas.

Para cerrar el círculo de la historia del encuentro brasileño, creo que era necesario y de justicia acudir al origen del lío, es decir, a la receta que propició el reencuentro entre la familia brasileña y el amigo español. Aquí esta la fórmula de la lasaña.

Creo que no me alejo demasiado del rock and roll , com estilo de vida, si les traigo hoy aquí el sobresaliente discurso de Steve Jobs ante los graduados de la Universidad de Stanford. Como suele decir Melchor de Macanaz, ya visto, pero merece la pena.

Me salgo un pelín del guión del blog para mostarles una novedosa y curiosísima fórmula de publicidad de la que había oído hablar pero que no había visto. Me dicen que en Madrid ya se hacen cosas por el estilo.

El lunes y el martes tuvimos por aquí a Elvis Costello, y hoy nos vuelve a visitar Carl Palmer. El verano es lo que tiene.

Ya les hablé largo y tendido de David Byrne en un reciente comentario, así que no voy a abundar en la ponderación de la genial vena del artista escocés.

Iba a empezar poniendo música (concretamente, Days like this, de Van Morrison), pero algo pasa con Youtube que no sale lo que busco. ¿Será el principio del fin? Sé positivamente que cada vez son más fuertes las presiones por parte de las sociedades de autores para cerrarnos el grifo. Aguanto la respiración.