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Recetas (VII): Almejas a la marinera

Después del ladrillo que me marqué ayer con Jethro Tull, lo menos que podía hacer era invitarsus a alguna delicatessen. Ésta es de las más fáciles y (puede) estar entre las más baratas.

Vamos a poner primero la música que, como en esta ocasión no tiene imágenes (las había, pero el sonido no era lo suficientemente bueno) queda muy bien para ir leyendo la receta. Son The Waterboys, y la canción se llama Fisherman´s blues (el blues del pescador).


En confianza, las almejas a la marinera son un plato de muy muy fácil elaboración, ideal para un cocinillas sin excesivas pretensiones, y el resultado, siempre que utilicemos ingredientes de calidad, está practicamente garantizado: los invitados acabarán chupándose los dedos, ad literam.

Pero, ojo, son un primer plato cojonudo, y precisamente por eso, si no quieres que vuelen en un pis pas, hay que tener en cuenta algunos trucos. Uno de los básicos de las almejas a la marinera es procurarse un pan de primera clase, una chapata artesana o una barra de bretón, ese que es largo y fino.

Me explico: como normalmente es lo primero que va a llegar a la mesa, cuando hay mucha hambre, y es exquisito, hay que distraer la atención del personal para que no se las zampen de entrada y te dejen a la cuarta pregunta. Con un buen pan a mano siempre se les podrá decir: "Oye, cabrón, pero moja en la salsa, que está cojonuda", lo que habilita unos segundos preciosos para intentar zamparte al menos dos.

almejas.jpgTambién, si es posible, la casa aconseja proveer de un plato auxiliar frío que sirva de apoyo, por ejemplo, un buen jamón serrano. Si no tenemos ibérico podemos echar mano de un pata blanca de los de La Garriga, que por seis o siete euros consigues 300 gramos decentes. Os lo cuento para que lo sepais, no para que lo pongais en práctica: en muchas jamonerías lo meten como si fuera ibérico con un viejo truco: el plato está previamente calentado, y al poner las lonchas encima, sudan, y da la impresión de que tienen el aceitito propio del de Guijuelo.

Con lo de las almejas y el pan me viene a la cabeza un primo mío de Oviedo que en su primera cita con una posible novieta se la llevó a una taberna típica en la falda del Naranco a comer. Fue hace un montón de años, y mi primo era entonces un veinteañero que no estaba precisamente en el dólar. La nena se pidió de primero, para picar entre los dos, una generosa ración de almejas a la marinera.

Mi primo intentaba imponer un ritmo de mesura, de habituado al molusco -una almejita, un traguito de vino, charleta, un poco de pan mojado, otra...- pero ella no reaccionaba al tempo y, como Lázaro, prácticamente se las metía de dos en dos, sin respirar, hasta que mi pariente estalló:

-Pero cagonlaputa, neña, ¡moja panín, coño, moja panín!

Para hacer unas almejas a la marinera no vamos a malgastar, por ejemplo, unas almejas finas de carril, que nacieron para ser comidas al natural, vivas. Unas japónicas de confianza, unas rubias italianas o incluso unas reloj bastarán para lograr la magia. En Martín Dorado, cetárea de la que ya les hablé en otra entrada, podremos surtirnos de las que más nos convengan en esa ocasión al bolsillo. Dos kilos para cuatro personas es una proporción ajustada.

Empecemos: Lavamos bien las almejas con agua templada y las dejamos en agua fria un buen rato.

En una cazuela ponemos una generosa cucharada de aceite de oliva virgen. Blanqueamos una cebolla, la picamos y la ponemos a pochar en el aceite Cuando la cebolla esté casi transparente, bobita, añadimos las almejas y un poco de perejil, picado, y las dejamos hasta que abran un poco.
Cogemos un vaso de agua y mezclamos en él agua y vino blanco (albariño o ribeiro, si es posible), y desleímos en la mezcla una cucharada de harina y media cucharada de pimentón de la vera dulce. Cuando las almejas estén a medio abrir, le echamos encima la mezcla. Añadimos un poco de sal y lo dejamos a fuego lento unos 15 minutos, removiendo suavemente.

Y ya está. Facilito, ¿no? Pues a mojar panín, cojones.


Para acompañarlo, les sugiero un albariño. Señorío de Sobral, Santiago Ruiz o Fillaboa, por poner tres magníficos ejemplos.


(Foto: mundorecetas.com)

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5 comentarios

1

cojonudas antonio, las almejas siempre estan de vicio y si son fresquitas y naturales mejor. A seguir.

2

bueno, bueno, parece. Yo las hago igualico, igualico, pero no le había puesto pimentón. Eso sí, le añado una pimientita de p.m. o cayena..., que le da un toquesito "que se yo, dejame entrar" y un par de dientes de ajo, picadito, picadito... Esto lo añado cuando están ya sofritas las cebollas y antes de añadir el vino. Están pa chuparse los dedos y yo, cuando me quiero dar un homenaje me los preparo en un pispas y a pecho descubierto.

3

COJONUDO PRIMU. LA ANECDOTA DE JAVIER FUE CON SU ACTUAL MUJER. MUY BUENA.

4

Ostien!!!! A ver si se va a molestar...

5

LA ALMEJA ESTA BUENA DE TODAS LAS FORMAS.........
EL AMEJÓFILO DE PORTOSIN. ANTONIO HASTA LAS VACACIONES EN NOSA RIA.

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