Ni en el momento más irreverente de la iconoclastia punk, cuando se enviaba a la hoguera sin miramientos a cualquiera que oliera a saurio, se oyó una voz que cuestionara la autoridad de The Who.
Al principio de la década de los setenta, Pete Townshend, guitarrista y líder de The Who, estaba seriamente influenciado por las enseñanzas de dos maestros: el gurú indio Meher Baba y el compositor minimalista californiano Terry Riley. No sé por qué ponen esa cara, habiendo tipos a los que le gusta Rodolfo Chikilicuatre. Townshend, bueno, The Who, acababa de publicar una de las obras más clarividentes del rock de todos los tiempos, la ópera Tommy (1969, aunque aquí les he vinculado la película, del 75), y estaba trabajando en un nuevo trabajo igualmente conceptual, Lifehouse project (que finalmente no vería la luz).
Supuestamente, Lifehouse... era el esbozo de una nueva ópera rock en la que Townshend pretendía plasmar una serie de ideas encadenadas por un denominador común, el desencanto. Desencanto por el panorama devastado que amanecía de los excesos de la década de los sesenta, desencanto por haberse dejado engañar por el espejismo de las drogas (We won´t get fooled again, no nos volverán a dar el tangazo), desencanto por la desastrosa experiencia de la II Guerra Mundial, cuyas consencuencias sociales ya había abordado tangencialmente en Tommy...
He comenzado el párrafo anterior con un seguro de viaje, "supuestamente", y lo he utilizado a conciencia, porque aún hoy Townshend no ha explicado claramente qué idea intenta transmitir en la canción. A menudo ha dicho que versa sobre la devastación en general, sobre la gente que habla de los problemas del mundo pero no hace nada por ellos, pero nunca ha concretado demasiado (en 2006, durante un concierto en Filadelfia, dio su última versión sobre los hechos: "No sé lo que quise decir". Hala). Así que, tirando de la interpretación (y de otros que han opinado antes que yo, por supuesto), me atrevo a suscribir que la imagen Teenage wasteland (páramo de adolescentes, en la traducción más consensuada) evoca una generación diezmada. En los años setenta, los adolescentes ingleses, sobre todo los del entorno de The Who, acababan de pasar sus primeras experiencias traumáticas con la heroína.
(Un paréntesis/abalorio sobre la influencia de la II Guerra Mundial en el rock: Keith Richards y Mick Jagger nacieron, al igual que Townshend , en pleno ataque alemán a Inglaterra. El inicio de Jumping jack flash habla también de este trauma: I was born in a cross-fire hurricane, nací en el huracán de un fuego cruzado. En The Wall de Pink Floyd hay muchas más)
Como otros músicos de su quinta, Townshend había leído con pasión al poeta británico de referencia en la época de los sueñor rotos, T.S. Eliot y se había apropiado de su metáfora sobre las tierras arrasadas (Wasteland, 1925) para hilvanar la historia de una familia de campesinos escoceses (el granjero Ray, su mujer Sally y sus dos hijos) que abandonaba los páramos de las highlands para irse a vivir a Londres.
Finalmente, el proyecto Lifehouse no llegó a ver la luz (sus maquetas se publicaron en 1999, más o menos cuando pillaron a Pete de marrón con ciertas fotografías comprometedoras...dejémoslo correr), pero en el disco que siguió a Tommy, Who´s next, se incuyó como primera canción el tema que iba a iniciar aquella epopeya, Baba O´Riley.
En 1971 todavia no se había publicado el Brain Salad Surgery de Emerson, Lake and Palmer, y por tanto, todavía nadie en el panorama del rock comercial se habia atrevido a incorporar el sonido virgen de un sintetizador. Uno de los pocos que jugueteaban con aquellos cacharros todavía en pañales desde mediados de los sesenta era el visionario Riley, que después acabaría colaborando con el Kronos Quartet.
Asegura la leyenda que, bajo la influencia de lo que había escuchado de Riley, Townshend introdujo en el sintetizador la fecha de nacimiento de Meher Baba e hizo que el cacharro tradujera a lenguaje sonoro la secuencia de guarismos, tomando como fuente de sonido un organo casero Lowrey: Habían nacido las crípticas notas iniciales de Baba O´Riley.
Siempre que escucho a The Who, y especialmente Baba O´Riley, me viene a la mente el título del disco que los Kinks publicaron en 1981, Give the people what they want, dale a la gente lo que quiere. Pocas bandas han seguido este mandato tan al pie de la letra como The Who o los Kinks. Sus composiciones parecen ideadas especialmente para procurar la máxima diversión al oyente, a ver si me explico: Si puede haber un riff demoledor de guitarra en lugar de un tenue arpegio, lo que habrá será un riff; si aquí cabe un redoble atronador en vez de un ritmo simple, habrá un redoble atronador. Parece que componen pensando: bueno, y ahora, ¿con qué los dejamos pasmados?
Baba O´Riley es un prodigio de vitalidad que sin duda busca darle a la gente lo que busca. La secuencia inicial de sintetizador (enlatada para los shows en directo), cuaja con la atronadora irrupción del bajo de John Entwistle y uno de las más celebradas entradas de la batería de Keith Moon. Sin embargo, en esa espectacular introducción, el lider de la banda, Townshend, se mantiene en un discreto segundo plano con una simple pandereta. La idea parece ser no malgastar el poderoso riff de entrada, que venderá unos compases más adelante, para permitir apreciar en toda su plenitud a los elementos anteriores. Sólo cuando ya hemos entrado en harina, cuando ya nos ha contagiado el poderoso ritmo de la canción y Roger Daltrey ya nos está contando la historia del campesino reflexionando sobre el futuro (Out here in the fields...) veremos entrar a a Townshend, rebanando el ambiente con una guitarra que es como un cuchillo. Lo bueno se ha hecho esperar. Parece que el compositor ha leído las enseñanzas de Cecil B. de Mille sobre como hacer una gran superproducción: un gran pelotazo inicial, y a partir de ahí siempre hacia arriba.
De la ejecución en directo de Baba... se podría hablar mucho más, de cómo cuando todo parece ya dicho la pieza se convierte casi en una jiga irlandesa (el violín final es una idea de Moon...), de ahí que Riley se convierta en O´Riley... pero afortunadamente aquí tenemos las imágenes para evitar darles más el coñazo. Ojo a los molinillos de Townshend, a la increíble forma de aporrear la batería de Moon...DIos, qué banda.
Ah, y celebrando que hoy abordamos una canción verdaderamente importante en la historia del rock, querría regalarles otra visión del asunto que me llegó en la mañana del domingo a través de mi querido amigo Alfonso Quintas. De hecho, fue su envío el que me dio la idea de escribir este apunte. Seguro que les sorprenderá; estos también le dan a la gente lo que quiere. Un espectáculo total (Gracias Alphonso). Bon apettit y feliz semana.

Gracias son las que cada día tú tienes con nosotros....
qué marchón! quita las penas y alegra el corazón. qué buen rollo
Querido mío, insisto en que te van a hacer una oferta de alguna revista de música fetén porque chico, estás a la altura de la más alta. Da mucho gusto leerte aunque desde mi ignorante perspectiva no rememoro sino que más bien, aprendo. Eres un crack, deberías vivir en Cracatoa.
Teniendo en cuenta que esto parece una compilación de los créditos de apertura de todos los C.S.I. existentes y por venir, no puedo dejar de preguntarme qué clase de obsesión sufre Jerry Bruckheimer con The Who.
Interesantísimo artículo, como viene siendo habitual, por otro lado.