Ahora que viene el calorcito bla, bla, bla....esa sería la fórmula ñona para empezar una crónica sobre terrazas donde poder comer. Pues mira, no, qué carajo, estamos en Las Palmas de Gran Canaria y aquí se puede ir todo el año de terrazas. Por lo tanto, me ha salido de las narices hablar de terrazas y los criterios de elección son estrictamente subjetivos.
La recién o casi recién peatonalizada calle Mendizábal es la fetén para irse de terrazas, de un tiempo a esta parte. Me imagino que los vecinos no pensarán lo mismo y que estarán dale que te pego orfidal va, orfidal viene, para soportar a tanto cabrón borracho cantando por las noches, pero, bueno, yo me refiero a Mendizábal al mediodía, que se ve muy bonita y muy, que les diría, checoslovaca. Como es peatonal, es difícil encontrarse a aparcacoches toxicómanos gritando (por cierto, que sepan que son una franquicia; gritan, se embroncan entre ellos y acosan a las mujeres que ven mas vulnerables para que les den dinero en todas las ciudades de España) y aparentemente es una zona tranquilita.
Hace cosa de 12 o 13 años, Mendizábal parecía haberse convertido en la calle piloto donde alguna siniestra fábrica de precocinados del norte de España hacía el estudio de mercado para lanzar las gulas urbi et orbe. De la noche a la mañana abrieron 700 tugurios o más, y todos daban lo mismo: tosta de gulas con alioli y guindilla y queso empanado frito con mermelada. Como (la mayoría de) la gente no es tonta, el negocio no duró demasiado, los garitos fueron cerrando o reconvirtiéndose y hoy el grueso de los establecimientos de la zona están regentado por profesionales que, más o menos, ofrecen una carta digna a precios...pongamos que razonables.
La Buena Vida es un negocio recientemente instalado sobre las cenizas de uno de aquellos chiringuitos de gulas. En la decoración, debo de decirles que me gustaba bastante más su ancestro, pero bueno, al menos se evidencia un buen lavado de cara. Según me cuentan, el chef ha estado becado en Arzak, y probablemente de ahí le venga su gusto por bautizar a los platos con nombres laaaaaaaargos: Hay que ir con media hora de antelación para leerse la carta. Los precios no son, digamos, muy ajustados. No me mojo (aún) porque no lo he probado y mis espías me han dicho que no está mal. Así, ayer teníamos de menú "fricatelas con papas cerilla y mermelada de papaya" (plato único), y de postre fresas con chocolate. Pan, bebida y café incluídos, 9,50 euros. Bueno, cómo se están poniendo las fricatelas. Cuando averiguemos lo que son pondremos el grito en el cielo.
En la carta tenía un amplio surtido de entrantes a precios aparentemente razonables, por ejemplo: tosta de queso de cabrales con cecina de astorga, o pintxo de gulas (ya saltó la liebre) salteadas con alioli de cebollino, a 2,5 euros la unidad. Entrando en materia, y como segundos, "templada de langostinos con verduritas de temporada y vinagreta de café" (9,50) "jamoncito de rape hojandrado con jamón ibérico en salsa de cítricos" (14,00) o "solomillo de ternera sobre taco de papa, ragout de hongos y salsa de hierbas frescas" (14,50). Un poco fronterizo y mucho diminutivo, ¿no? ya les diré cuando lo pruebe. De momento, vamos a darle el beneficio de la duda.
Un poco más adelante, prácticamente en la esquina del Mercado de Vegueta, dos establecimientos enfrentados luchan por ganarse al cliente. Si venimos de la Audiencia, a la derecha nos quedará El Herreño, y a la izquierda, La Barbería. Del Herreño, que les voy a contar, glamour, lo que se dice glamour, tiene bien poco, los nombres de los platos son más bien telegráficos (Callos.Churros.Pata. stop.) pero es El Herreño con la foto descolorida del bigotudo fundador presidiendo el comedor, sus camareros de toda la vida y sus buenos mojos. Los platos, a siete euros la mayoría (bueno, el solomillo ya está a 14, cuidado) y la pata, cojonuda, digan lo que digan las malas lenguas que siempre las ha habido.
El de enfrente, La Barbería, está ahí desde 2001. Sobrevivió dignamente a la fiebre de las gulas y es una opción a medio camino entre la carta-talmud de la Buena Vida y el menú en morse del Herreño. Aquí, los nombres son cortos, pero incluyen paréntesis explicativo, por ejemplo: Carolinas (croquetas de queso fresco con nueces, todo picadito) por 7,40 euros; Papas del chef (salteado de papas, bacon, salchichas y champiñón) 6,95; Berenjenas (fritas el láminas y rellenas de marisco) 7.10.
La Barbería me gustaba más cuando iban de garbanzadas, jamones y vinos, pero su actual oferta tampoco está mal. He comido varias veces, el trato es agradable y los precios son bastante razonables. Las papas del chef son muy resultonas. Me recuerdan a un plato que se llamaba algo así como pitipala y creo que era originario de suiza. Si alguien me ilumina, mejor.
Subimos la calle de La Pelota, a la que prometo dedicar una futura entrega, y llegamos a la calle Mesa de León, que para entendernos es la placita del teatro Guniguada. Allí cohabitan pacíficamente, bajo la sombra de un magnífico laurel de Indias (con magníficas palomas que regalan magníficas cagadas, todo hay que decirlo), dos locales con terraza de cierto prestigio: La Recova Vieja y Le Monde.
La Recova Vieja fue el primero en aposentarse en el lugar, y a base de trabajo y constancia ha conseguido hacerse con un nombre y ampliar el local habilitando un espacioso comedor. Todavía no es legendario, pero tal y como está este término de barato, poco le falta. Tiene ofertas contundentes (Cachopo para dos, 23 euros, o secreto de ibérico, 14,20), pero yo me quedo con sus humildes y correctísimas papas bravas (4,50) o con sus huevos rotos con jamón (8,10). Tuvo precios mucho más asequibles cuando se inauguró -ya no me acuerdo hace cuántos años pero bien pueden ser siete u ocho- pero la vida tras el estallido de la burbuja inmobiliaria es así. Excelente para tomar un aperitivo al mediodía.
La Recova, ya se dijo, hace puerta con puerta con Le Monde, un local que empezó su andadura como bar-de-copas-mono-con-chicas-estupendas-sirviendo-y-música-guapa y ha ido evolucionando muy dignamente hacia una oferta, digamos, lounge. En contra de lo que suele ocurrir, la cocina no está añadida a uña de caballo sobre el bar de copas: es seria y ofrece precios competitivos: ensalada césar, 9.10; griega, 7,50; ración de ibérico de bellota, 14,50; carpaccio de solomillo, 9,00; Pollo tikka, 8,10; solomillo al roquefort, 12,75. Las copas nocturas están muy bien servidas: fue el primer local que tiró los vasos de tubo y agasajó a sus clientes con vasos de sidra, y sólo por eso ya merece una medalla.
Termino por hoy, no se me quejarán, con una terraza diseñada únicamente para el aperitivo: la de la cervecería La Gamba, en el pasaje de Las Lagunetas. Sólo por los sinsabores que tuvo que pasar su simpática dueña, Marina, para sortear las mil y una putadas que el hizo el Ayuntamiento antes del cambio de gobierno, merecería tener esta referencia, pero la tiene por propio derecho por ser un lugar encantador que aún mantiene las cañas a ¡un euro! Y al mediodía siempre tienen un pinchito de tortilla. La clientela es muy simpática y está a un tris de alcanzar la categoría de legendaria.

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Antoñito, te estas superando a ti mismo, jo, que ya es dificil......
El plato de papas que no recuerdas se llama Pyttipanna y es originario de Finlandia y Suecia. De hecho, lo venden congelado en la tienda sueca del Ikea de Telde, en la que también se pueden encontrar las famosas kottbullar (albóndigas suecas). Eso si, todo convenientemente industrial.
No contaba yo con que me resolvieran el enigma...gracias Miguel. Una vez aclarado, lo he buscado en la wiki y, efectivamente, es un plato finlandés, pero también suizo.
Gracias Manué, a ver cuando ponemos en práctica juntos el itinerario...
Qué bien, Antonio. Un amigo común me contó que tenías blog, lo siento, no me había enterado. Y me llevé una alegría porque en ésto, como en una cosa más que tú y yo sabemos, sigues siendo el mejor. Te seguiré con pasión, pero hazme el favor de cambiarte la foto, joder, que pareces salido de la ducha tras una buena noche de terrazas. Nos vemos en Arrecife de las Músicas, ¿no?
Como bien apuntas, Miguel, todo "convenientemente industrial", y es una pena, porque seguro que esos platos, en el país, son exquisitos. La carne in situ debe ser cojonuda. O sea, que yo creo que flaco favor la tienda de comida sueca de Ikea. Más les valdría montar una dedicada a Abba; en carnavales seguro que se forraban, con lo que le gusta petardear a la gente por aquí, sobre todo desde "La boda de Muriel"
qué buen rollo de blog. gracias
Ahi queda eso (yo desde luego no seré quien lo borre). Gracias Ernesto.
qué buen rollo de lectora. De nada
¿Y no será, lo de las papas del chef de "La Barbería", el Pyttipanna, que es sueco?
Para Curiosa: Se parece mucho al Pyittipanna, en efecto. De ese plato hemos hablado algo en este blog, no se si en ese post en concreto -ahora no lo recuerdo-, pero se comentó.