Cuando aprendí esta receta no se llamaba remolacho, sino sopa de remolacha fría. Fue Ángeles, mi mujer, la que la rebautizó, por su similitud con el gazpacho. Como la mayoría de recetas que les voy a proponer en sucesivas entradas, es muy sencilla y asaz resultona.
Yo me imagino que esta receta es una variante española de la borsch, la sopa rusa de remolacha que durante siglos supuso la dieta base de los mujiks. Una de las múltiples diferencias es que aquella está ideada para comerla en medio de la estepa siberiana, es decir, con un frío de mil pares de cojones, y, por supuesto, se sirve muy muy caliente. Nuestro remolacho es más cañí y se toma frío. La aprendí, o más bien la aprehendí, de Cecilia Pernas, una excelente cocinera gallego-madrileña que todos los veranos nos hace una cena con las últimas maravillas que ha incorporado a su recetario.
Comprar en el super dos paquetes de remolacha cocida, de esos que vienen al vacío, una cebolla y un tetra-brick de caldo de pollo. Se supone que en casa tienes un bote de orégano machacado que no está caducado y un poco de sal, porque si no, no se qué haces metido en un blog de gastronomía.
Saca la remolacha del paquete, lavala y córtale los pedúnculos, que son esos trozos más oscuros que se parecen a los pezones de Kunta Kinte. Trocea una cebolla y dórala en una cazuela, cuando esté bien pochada añadele la remolacha troceada. Finaliza echándole el caldo de pollo y un poco de sal y deja cocer unos 20 minutos. cuando queden unos cinco minutos écharle un poco de orégano. Retira del fuego.
Vete hasta Gáldar a ver si llueve. Cuando vuelvas, el contenido de la cazuela ya se habrá enfriado. Desenfunda la minipimer y dale un buen meneo hasta que no quede ni un solo grumo. Pasa el resultado por un chino o un pasapuré y mételo en la nevera.
Si quieres echarte un poco de pisto, cuando lo sirvas añadele un aire de nata líquida, pero no revuelvas, que quede como una firmita blanca en la superficie.
Ideal como primer plato un día de calor, o para meter en un tupper un día de asadero y ofrecerlo en el aperitivo.

Me gusta el nombre casi tanto como el saborcito que debe tener. Ocurrente caldo (aunque debería decir "fraldo" porque de caldo, poco), mezcla de literatura y receta, interesante familiar del gazpacho de aún más sugerente colorido y sabor, que su primo.
No tardaré mucho en probarlo, menos en repetir y aún menos en convidar a todo el que lo sabrá apreciar. Graciar por colorear mis platos y mi nevera.