El microoondas puede ser una máquina infernal. No digo que lo sea, digo que puede serlo según en qué manos caiga. Vale, como casi todo, como internet, como un bisturí, como una moto de alta cilindrada... No me refiero a ese aparatito que solemos tener encima del pollo de la cocina y que sirve para calentar la leche por las mañanas. Me refiero a esos cacharros que tiene en los bares al lado de la máquina de café, donde los camareros meten la tortilla de papas del día anterior a poco que te despistes.
Habrán observado que en los bares hay una tradición secreta. Alguien, probablemente en los oscuros años del franquismo (hay que echarles la culpa de todo lo que se pueda), dio con la fórmula de la tortilla que sale ya revenida de la sartén, que incluso recién hecha está combada como un zapato viejo, seca (les podría dar una lista de los bares que siempre la tienen así, aunque acudas un lunes por la mañana y haya cerrado el domingo), y los creadores de tecnología se aliaron con ellos e inventaron el microondas para darle un punto más de sadismo. Para que encima de vieja, correosa y manida, te la comas caliente, que es una engañifa más (como servir el vino muy frío; no sabe a nada, pero al estar fresquito cuela como si estuviera bueno, Un poco de pis de gato tampoco sabrá excesivamente mal con un par de horas por la nevera y una rodajita de naranja).
Si no andas espabilado, algo vital en los tiempos que corren, lo normal es que en los bares te metan cualquier cosa que les pidas en el cacharro infernal. ¿Un bocata de pata? Te das la vuelta para saludar a un amigo y ¡zas!, la pata al microondas. ¿Un platito de pulpo? Te llama al móvil, es un suponer, la delegada de Tupperware de La Guancha (a saber qué coño te va a proponer) y cuando cuelgas, el pobre cefalópodo ya está sudando, con el pimentón quemado, encima del mostrador. ¿Y qué me dicen de ese plato de paella cocinado tres horas antes y recalentado...?
Un bocata de pata con la pata recalentada en el microondas es algo asqueroso. Una tortilla con las moléculas agitadas artificialmente es un sacrilegio. Y en muchos lugares no se andan con sutilezas y te meten el bocata entero en el engendro, hala. El pan momio, gomoso, y con ese calor infernal que sólo el microondas logra alcanzar. ¿Y si encima de han puesto alioli antes de la tortura? Ya el colmo de los colmos es el tipo que pide el bocata para llevar, para comérselo en la oficina o cuando le entre la gusa, y previamente se lo pasan por el microondas. Se lo llevará recalentado, se le reenfriará en la mano y cuando lo coma tendrá un engendo recalentado y reenfriado dos veces, dos. Pero claro, no pasará nada porque, para rizar el rizo de la exquisitez, habrá pedido un sobrecito de ketchup, y ya se sabe que con un poco de Heinz hasta una bayeta húmeda sabe a gloria.
Siempre me ha asombrado esa gente que va a La Garriga a por bocatas para llevar y pide que se los pasen por la plancha para luego coger ruta hacia playa del Inglés. Y eso que en La Garriga, gracias a Dios, utilizan planchas, y no microondas.
Y, ¿qué me dicen de ese microndas que parece un contratado de una empresa de trabajo temporal, que se pasa toda la mañana currando y cuando tú llegas en el aperitivo tiene ya sus buenos costrones de chipirones estallados, restos de callos y una microlluvia de salsa de tomate? En la barra hay trucos diabólicos para que te despistes: el Marca, un periodico gratuito, las migas del anterior comensal....
Todo preparado para que pierdas el hilo y ¡zas!, te metan en el cacharro infernal hasta los cacahuetes.
Si no andas espabilado, algo vital en los tiempos que corren, lo normal es que en los bares te metan cualquier cosa que les pidas en el cacharro infernal. ¿Un bocata de pata? Te das la vuelta para saludar a un amigo y ¡zas!, la pata al microondas. ¿Un platito de pulpo? Te llama al móvil, es un suponer, la delegada de Tupperware de La Guancha (a saber qué coño te va a proponer) y cuando cuelgas, el pobre cefalópodo ya está sudando, con el pimentón quemado, encima del mostrador. ¿Y qué me dicen de ese plato de paella cocinado tres horas antes y recalentado...? Un bocata de pata con la pata recalentada en el microondas es algo asqueroso. Una tortilla con las moléculas agitadas artificialmente es un sacrilegio. Y en muchos lugares no se andan con sutilezas y te meten el bocata entero en el engendro, hala. El pan momio, gomoso, y con ese calor infernal que sólo el microondas logra alcanzar. ¿Y si encima de han puesto alioli antes de la tortura? Ya el colmo de los colmos es el tipo que pide el bocata para llevar, para comérselo en la oficina o cuando le entre la gusa, y previamente se lo pasan por el microondas. Se lo llevará recalentado, se le reenfriará en la mano y cuando lo coma tendrá un engendo recalentado y reenfriado dos veces, dos. Pero claro, no pasará nada porque, para rizar el rizo de la exquisitez, habrá pedido un sobrecito de ketchup, y ya se sabe que con un poco de Heinz hasta una bayeta húmeda sabe a gloria.
Siempre me ha asombrado esa gente que va a La Garriga a por bocatas para llevar y pide que se los pasen por la plancha para luego coger ruta hacia playa del Inglés. Y eso que en La Garriga, gracias a Dios, utilizan planchas, y no microondas.
Y, ¿qué me dicen de ese microndas que parece un contratado de una empresa de trabajo temporal, que se pasa toda la mañana currando y cuando tú llegas en el aperitivo tiene ya sus buenos costrones de chipirones estallados, restos de callos y una microlluvia de salsa de tomate? En la barra hay trucos diabólicos para que te despistes: el Marca, un periodico gratuito, las migas del anterior comensal....
Todo preparado para que pierdas el hilo y ¡zas!, te metan en el cacharro infernal hasta los cacahuetes.

Pero me he roto la mandíbula a carcajadas. Exquisito tu paseo por el microondas y las habilidades del camarero de turno en el bar de turno para despistarnos. Esto promete. Por cierto, la foto es genial. Más risas, fundamentalmente porque va ni que pintada con el estilo del blog. Ánimo. Prometo seguir leyendo atentamente.
Estoy basicamente de acuerdo con el periodista, pero lo peor del microndas no es solo lo que describe en su articulo, lo peor es cuando el camarero, con toda la prisa del mundo, nos sirve un plato recalentado de cualquier guiso con muy buena pinta y uno, que tiene en ese momento un apetito voraz, decide asaltar el condumio puesto a su disposición, pero cuando se lleva la cuchara a la boca descubre con horror que está frio por dentro, que la grasa de horas en el mostrador no se ha diluido por el calor, así que el sufrido cliente se ve obligado a llamar de nuevo al camarero y a esperar pacientemente una nueva operación de recalentado que, normalmente, da como resultado un plato que es necesario dejar reposar cinco o diez minutos pues de lo contrario su paladar corre serio peligro de quedar destrozado por el efecto calentamiento, en este caso, no global, sino particular.
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Se ve, amigo Papillón, que es usted un experimentado gastrónomo.
Arturo, tómate lo que quieras. La idea era esa, compartir unas risas.
EL artículo me ha evocado una agradable mañana de octubre. Madrid lluvioso, los amables conductores tratando de pasar lo más cerca posible de la acera para ver si con suerte, a modo de guiño amable, te proyectaban una ola de barro acuoso...tratando de romper este ambiente bucólico y pastoril me dispuse a desayunar en la cafetería de la facultad. Barrita de pan con tomate y aceite, por favor. LA sorpresa vino cuando me di cuenta de que no solo habían utilizado tomate frito envasado, sino que le habían dado un toque de microondas una vez emplatado. Y ferrán adriá ganando títulos internacionales! que poco reconocimiento el del camarero de a pie.
Divertido y que razon tienes,el micro solo lo concibo para transmitir las ondas,siempre he odiado una tortilla o pata entre otras riquesas de nuestra gastronomia popular pasadas por tan adultero invento.Enhorabuena y continua siendo tan ingenioso y profesional.Un abrazo.
Muy oportuno comentario sobre un mal insuficientemente tratado. Que bien descrito ese introducirte "a traición" la tortilla en el microondas y ya se j.... Mi conclusión sería: Las sobras siempre frías
Apreciada señorita Elia, que casualmente se llama usted como mi abuela, eso que me cuenta es un auténtico crimen de lesa tomatidad. El pan con tomate (pa amb tomaquet y no pan tomaca como se suele simplificar) es uno de los grandes inventos de la humanidad, y da gusto que cada vez haya más lugares donde en lugar del puñetero taquito de mantequilla te ofrecen unas buenas rebanadas de pan tostado, un tomate, un cuchillo, una aceitera y unas escamas de sal.