En el comentario anterior mencioné de pasada lo de los camareros que hablan en diminutivos. Prometí tratar el asunto en futuros comentarios, pero con sólo darle un par de vueltas me dí cuenta de que es un tema que merece tratarse de inmediato. Ya saben, como las infecciones, cuanto más a tiempo, mejor.
El camarero-de-los-diminutivos es una especie ampliamente distribuída por la geografía nacional. Como en el extranjero los camareros pillan enseguida que no eres del país y hablan lo justo, -saben que no vas a coger sus gracias-, no puedo darles datos fiables sobre la proliferación de este especimen allende nuestras fronteras.
Me centraré, pues, en el camarero-nacional-de-diminutivos.
Adviertase, para no caer en malentendidos, que esta tendencia al diminutivo es gremial, Quiero decir con ello que no es la misma que surge de forma natural en el habla canaria, no. La afecta tanto el camarero de Cáceres como el de Barcelona, Galicia o San Sebastián, y para dar con sus orígenes habría que remontarse a eso que llaman la noche de los tiempos, que la verdad no sé qué carajo es, pero que sirve para todo.
No es, pues, una forma de hablar natural del elemento, el gracejo local, sino un paripé de cara a la galería. En cuanto se quite el mandilón o acabe el turno dejará de expresarse de esa manera.
Es difícil desentrañar qué carajo piensa un camarero-de-diminutivos cuando nos canta la minuta de esta guisa: "la sopita", "la ensaladita", "el revueltito", "los callitos", "los choricitos", "el vinito", el cafecito" y, por supuesto, al acabar nos trae "la notita" o la "cuentita".
¿Piensa que está hablando con niños? lo dudo, porque los he visto repitiendo sus diminutivos a client@s entrados en carnes, calv@s o bigotud@s y con cara de pocos amigos.
¿Cree que la cursilería es una forma de empatía? La repuesta anterior sirve igualmente.
¿Entiende que, acudiendo al diminutivo, la imagen que nos proyecta de lo que vamos a pedir sale más favorecida? No creo, todo lo más, conseguirá hacernos temer que las raciones son pequeñas.
Entonces, ¿por qué este tío nos trata como a tontos del culo? (y observese que he dicho tío; no creo recordar haber visto a ninguna camarera hacer la misma tontería)
Pongamos que cuando voy a un restaurante con mis hijas, y estamos en una situación relajada, familiar, no me molesta que el camarero se tome algunas licencias y haga ciertas gracietas con las niñas. Pero si voy sólo, con mi mujer o con unos amigos y no conozco de nada al tipo de me está sirviendo, los diminutivos, al menos a mí, me sobran. Y prefiero un camarero que me diga, por ejemplo: "Buenas tardes. ¿Va a comer? Muy bien, pues de primero tenemos una sopa minestrone excelente, unas gambas al ajillo muy frescas, un pulpo muy tierno y unos espárragos trigueros que me va a perdonar, pero están de cojones".
-Pues bárbaro, oiga, a ver esos espárragos...
Y punto pelota. Un camarero que habla así y después de tomar nota se va a encargar lo tuyo sin agregar ninguna gracieta probablemente no tenga lamparones en el pantalón, ni luto en las uñas. Y de esto les prometo que hablaremos en otra entrega.
Me centraré, pues, en el camarero-nacional-de-diminutivos.Adviertase, para no caer en malentendidos, que esta tendencia al diminutivo es gremial, Quiero decir con ello que no es la misma que surge de forma natural en el habla canaria, no. La afecta tanto el camarero de Cáceres como el de Barcelona, Galicia o San Sebastián, y para dar con sus orígenes habría que remontarse a eso que llaman la noche de los tiempos, que la verdad no sé qué carajo es, pero que sirve para todo.
No es, pues, una forma de hablar natural del elemento, el gracejo local, sino un paripé de cara a la galería. En cuanto se quite el mandilón o acabe el turno dejará de expresarse de esa manera.
Es difícil desentrañar qué carajo piensa un camarero-de-diminutivos cuando nos canta la minuta de esta guisa: "la sopita", "la ensaladita", "el revueltito", "los callitos", "los choricitos", "el vinito", el cafecito" y, por supuesto, al acabar nos trae "la notita" o la "cuentita".
¿Piensa que está hablando con niños? lo dudo, porque los he visto repitiendo sus diminutivos a client@s entrados en carnes, calv@s o bigotud@s y con cara de pocos amigos.
¿Cree que la cursilería es una forma de empatía? La repuesta anterior sirve igualmente.
¿Entiende que, acudiendo al diminutivo, la imagen que nos proyecta de lo que vamos a pedir sale más favorecida? No creo, todo lo más, conseguirá hacernos temer que las raciones son pequeñas.
Entonces, ¿por qué este tío nos trata como a tontos del culo? (y observese que he dicho tío; no creo recordar haber visto a ninguna camarera hacer la misma tontería)
Pongamos que cuando voy a un restaurante con mis hijas, y estamos en una situación relajada, familiar, no me molesta que el camarero se tome algunas licencias y haga ciertas gracietas con las niñas. Pero si voy sólo, con mi mujer o con unos amigos y no conozco de nada al tipo de me está sirviendo, los diminutivos, al menos a mí, me sobran. Y prefiero un camarero que me diga, por ejemplo: "Buenas tardes. ¿Va a comer? Muy bien, pues de primero tenemos una sopa minestrone excelente, unas gambas al ajillo muy frescas, un pulpo muy tierno y unos espárragos trigueros que me va a perdonar, pero están de cojones".
-Pues bárbaro, oiga, a ver esos espárragos...
Y punto pelota. Un camarero que habla así y después de tomar nota se va a encargar lo tuyo sin agregar ninguna gracieta probablemente no tenga lamparones en el pantalón, ni luto en las uñas. Y de esto les prometo que hablaremos en otra entrega.

No puedo estar más de acuerdo con el Sr. Gándara. No hay cosa que me reviente más que un camarero confianzudo. Bueno, sí, un solomillo de 15 euros caliente por fuera y frío por dentro. Es que hay cada cosa...
No saben los lectores lo que me alegra este blog de Gándara. Y la suerte que tenemos todos de usufructuarlo a él también de este modo.
Que sea un amigo del alma no me inhabilita para sostener con todo rigor que es también uno de los tipos más inteligentes y cultos (no sólo en un sentido libresco) que hay por estos lares.
Y uno de los periodistas que mejor escriben en Canarias.
Por cierto, me voy a París unos días, con mi madre, que cumple años la semana que viene. Y tengo previsto traer algunas viandas propias de 'Le Gabacherie' (digamos) a ver qué te parecen. A tí, a Ángeles y un grupito de amigos. En mi casa la semana siguiente.
¿Qué te parece, Antoine, si me das algun consejo al respecto? ¿Qué quesos, patés, fuás u otras cosas (conservas quizás, no sé), en fin, qué podría comprar en París para una cena de amigos?
Que bien nos ha venido a tod@s la frescura de Antonio en este blog. Aunque sea recipiendario de algunas de las mejores piezas musicales que envia por correo a sus amigos, no me inhabilita, como a Antonio Gonzalez, para apoyarle en sus comentarios sobre el Gandara. Lo unico que quiero decirle es "Chacho, cambia la foto que no te hace justicia. Eres mucho mas guapo."
Adelante Antoine y a disfrutar del blog y a hacernos disfrutar.
Totalmente de acuerdo con la "entradita".
Los camareros son un gremio muy interesante, en el que proliferan los grandes profesionales que se caracterizan por ser discretos, simpáticos y eficaces. Pero, como ocurre en cualquier colectivo, siempre hay algún que otro impresentable, que suelo clasificar en dos grupos:
Los del todo impresentables. Son los de lengua muy larga. Los que , aprovechando que te sientas en la mesa, les falta tiempo para comentarte que ayer estuvo cenando por ahí un amigo que iba un poco cargado. En una mesa de cuatro, de los que tres solo lo conocen de vista, se agachan para hablarte al oído, pero mantienen suficiente distancia para que lo escuchen los demas (son verdaderos especialistas en establecer la distancia necesaria para aparentar una intimidad que no es tal), y, de repente, lo sueltan: “D.Papillón, , ayer tuvimos aquí a fulanito”. Y siguen erre que erre: ¡Vaya número que montó¡, con decirle que tuvo que venir el dueño y llamarle la atención.
Y lo peor no es eso,lo peor es que cuando los miras con cara de pocos amigos ni se inmutan, y siguen y siguen hasta que les dices que te traigan una cerveza de una puñetera vez y que se vayan al carajo, pero, eso si, se lo tienes que decir educadamente no vaya a ser que tomen represalias con el condumio que está por venir.
Estos son los peores, pero también están los listo-impresentables. Son los que te la quieren meter doblada con el vino, sobre todo si pagas tu y has invitado a tres o cuatro personas, y en la mesa te recomiendan un vino a precio de oro, que aceptas con cara de circunstancias para no quedar mal con tus invitados.
Aunque, a decir verdad, los camareros son un reflejo de la sociedad que tenemos, igual de malos o buenos que los médicos, los abogados, los electricistas o los escayolistas que tenemos.
Un saludo y enhorabuena D. Antonio por esta página tan interesante y tan amena.
Antoñito de mi alma, mil gracias por las flores, y recordarte aquello de que "siempre queda fragancia en la mano que reparte rosas". Ya que te vas a Paris de la France, ciudad donde No he estado y de la que no me voy a tirar el pegote, te recomiendo que visites cualquiera de la miles de fromageries que allí te encontrarás y te traigas, por ejemplo, un beaufort de invierno , un brie, un roquefort y alguno de esos que mezclan con ajo (son una virguería). Hacemos una raclette fundiéndolos sobre papas, jamón y carne que puede estar muy bien y es muy fácil. De vinos, ¡qué coño te voy a decir de vinos franceses! Traete algún alsaciano, de burdeos o un borgoña, rouge (tinto) y cru, es decir, del año, para que no te claven, o un champagne normalito, que aqui equivale a un superior, léase Taittinger (pronúnciese Tatanyé) o Cordon Rouge. En conservas de canard (pato) los franceses son unos maestros. Mario Hernández Bueno hablaba hace algunos años de una fábrica de conservas legendaria en París, pero no recuerdo, pregúntale a él.
Señor Papillon, da usted en el clavo con su afilado retrato del gremio de los camareros, que, como usted dice, son un reflejo de la sociedad que tenemos. Siga regalándonos sus impresiones; yo intentaré seguir tirándole de la lengua, o en este caso de la tecla.
Hola, me he quedado gratamente sorprendida con este blog. Felicito a su creador por la originalidad y el acierto de sus post.Me atrevo a colaborar de vez en cuando, como ahora en el que el título de Camarerito me ha sugerido así, a bote pronto, aquella canción de Machín que decía algo así como camarera, camarera, tu eres la camarera de mi amor. Y colación de ésto viene lo de las camareras, porque haberlas haylas. Creo que en general suelen ser bastante mas curiosillas que sus colegas de profesión en versión masculina. El "cariño" y "cielo" a pesar de no ser diminutivos, a mi personalmente me chirrían en los oídos. Esa sobredosis de confianza autogenerada me desagrada tremendamente, ese colegueo sin autorización a pesar de ser adjetivos llamémosle cariñosos...no, yo no puedo con ellos ...y ya sea que se esté almorzando a toda prisa para continuar trabajando o cenando tranquilamente con mi pareja, es una intromisión ciertamente ilegítima. Y lo mismo me ocurre con los camareros digamos de "postín" y en sitios de "postin" o hiperpijos, en los que el camarero resulta una auténtica mosca cojonera que te avasalla a preguntas estúpidas que interrumpen la conversación que tengas continuamente. Los señores desean tal...cual..una tiene la sensación de estar siendo milimétricamente analizada por el "camata" cursilíiisimo, que cual lince al acecho saltará a cualquier oportunidad que le brinde cualquier atisbo de señal real o imaginaria de hacernos la pelota. Ufff,y ya que escribimos sobre comidas, decir que toda la parafernalia camareril a mi personalmente me indigesta la mejor de las especialidades culinarias. Pesados.
Hola Greta, bienvenida al blog. No pueden ser más acertados sus comentarios. Así está el sector servicios. Sölo le faltó mencionar a los/las que se dirigen a tí como "cari". Otro día hablamos de los taxistas, que también tienen tela....Vuelva cuando quiera.
Querido Antonio, gracias por esta nueva ventana que nos abres a todos. No voy a dorarte la píldora mucho...pero me ha encantado. Enhorabuena.
Pd. Lo de los camareros creo que ya está tipificado como " Efecto Flanders"
Lo peor son las personas que actuan como Maitres , aquellos q les preguntas por un plato y te dicen " esto esta chachi "
en fin ....
saludos