RE-VUELTA AL COLE
Definitivamente me atrevo a decir que los estudiantes de la ESO e incluso -muy a mi pesar- de Bachillerato, cada vez saben menos de casi todo. La verdad es que no me explico cómo es posible que, en la era de la información multicanal, impuesta casi de forma dictatorial a través de las pantallas, sepan menos. Pero no solamente de cosas lejanas, como la capital de la India, por ejemplo, o de Australia, no, no, me refiero a lo más cercano como a un problema de la ciudad o de Canarias. El otro día hice un chiste diciendo que una amiga mía trabajaba de canguro en Australia y solamente un 20% lo cogió. Lo que me preocupa no es que el chiste sea malo, sino la galopante ignorancia que les está afectando sin que, al parecer, ni los profesores ni los padres puedan hacer mucho por ellos.
Hubo una etapa en la que se penalizó la memoria, luego el esfuerzo, para no traumatizarlos, después el justo castigo por no trabajar, para no angustiarlos y ahora debemos estar ya a punto de abolir el uso correcto del lenguaje, para no confundirlos. La verdad es que hemos logrado que lleguen a ser casi ignorantes funcionales, incapaces de resumir siquiera el cuento de Caperucita, pero tranquilos, eso sí.
No nos engañemos: el lenguaje es la base del pensamiento. Si nuestra competencia lingüística crece, se desarrolla y se cultiva, a la recíproca, lo hará nuestra capacidad para pensar, deducir y relacionar porque al crecer aquella lo hace nuestro contenido mental.
Si el lenguaje se está simplificando a través de los chats, sms, emails, etc., y se está reduciendo a la mínima expresión de siglas que parecen códigos secretos, también lo irá haciendo el pensamiento de los que sufren esta patología, una especie de microglosia u oligolalia, una forma desconocida de estreñimiento verbal, una verdadera estenosis mental de mil pares de lexemas .
Y si quieren asustarse de verdad, sobre todos quiénes pensaban que los contenidos canarios debían ser reforzados para conservarlos, hagan una encuesta en cuarto de la ESO o Bachillerato, metidos ya en gastos, y pregunten a los estudiantes si saben que es una isa, una folía o una malagueña, o pregunten lo que es un pejín, una jarea o un fonil. Lo más que conseguirán será que identifiquen a la malagueña como "nacida en Málaga".
Entonces se darán cuenta de que la encuesta en realidad es una "encuesta arriba", una pendiente por la que es mejor dejarse caer. ¡Hasta el fondo y más allá!

