ALUCINE SIN CINE
¿Por qué no introducir en el sistema docente "educación visual", una especie de "Escuela de Espectadores"? Una hora semanal, al menos en Secundaria, y tendremos alumnos, críticos observadores y cinéfilos, para toda la vida.
–¡Siony! Hace menos de un mes, pizco más, pizco menos, de la entrega de los Oscar y ahora acaba de empezar, el 9º Festival Internacional de Cine de Las Palmas de Gran Canaria. ¡Hay que ver! Esta cosas levantan tanto revuelo en la tele y en los periódicos, que uno diría que el cine está su apogeo. –¡Y lo está, Fefa! Pero hay que darle una pasadita por la piedra, porque justo cuando hay más producción y mejores herramientas para hacer cine, es cuando se cierran salas por ausencia de público.
La cosa tiene su aquello, una de las grandes contradicciones de nuestro mundo actual, inmerso, hundido –diría yo–, en un mar de imágenes. –¡Cómo en las procesiones! Una imagen tras otra. –Lo cierto, Fefa, es que la gente más joven, de doce a dieciocho o así, no va al cine de forma habitual. Sólo a películas de las que anuncia la tele, o de sus videojuegos y cantantes. Pero ir a ver de todo, como hacíamos tú y yo, Fefa, desde un musical a una del oeste, de romanos o de policías…, de eso, nada. –Tú no me digas a mi, Siony, que los jóvenes no van ver una película con Clark Gable, el del bigotito y las orejas desabrochadas, o Kirk Douglas con su hoyito, o Greta Garbo, la de la cara de espía como tú.
–Mira, Fefa, no es que no las irían a ver (si es que las pusieran), sino que esos nombres les suenan a marcas comerciales. ¡Que no, Fefa! Que el cine ha mejorado, pero su función ha cambiado. – Nosotras con el cine aprendíamos de todo: historia, geografía, política, música, ¡el amor! Las imágenes del cine eran las únicas: de tele, videojuegos y demás ¡nanay! –Equiricuá, Fefa. Hoy la tele-bombardero ¡venga a lanzar imágenes! y, claro, le quita al cine aquella labor educativa que tenía. Y como lo que dispara la tele y demás pantallitas son imágenes trepidantes de acción, música y color, pues los más jóvenes, deformados en sus pupilas y neuronas, no puede soportar más de dos minutos de diálogo.
–¡Buenoooo! Y si les pones una película de aquellas en blanco y negro… ¡entran en coma irreversible! –¡Eso es lo que hay que parar! –¿Cómo, Siony? –Muy sencillo. Enseñando al alumnado a analizar el lenguaje de las imágenes que ve y mostrándole una selección de lo anterior para que lo conozca y aprecie sus posibilidades de expresión. Como la imagen lo invade todo, ¿por qué no introducir en el sistema docente "educación visual", una especie de "Escuela de Espectadores"? Una hora semanal, al menos en Secundaria, y tendremos alumnos, críticos observadores y cinéfilos, para toda la vida. –Claro, Siony, usamos las mismas armas, pero a nuestro favor. ¡Eso sí que es un festival de cine!
–Los festivales y muestras de cine están bien para mantener la afición de la gente, pero la educación de los jóvenes garantiza el futuro y, encima, los hacemos espectadores activos y críticos. Bien harían los responsables educativos promocionando algo así y dejarse de subvencionar tanto documental intranscendente. –Yo haría una película titulada: "Lo que la subvención se llevó". ¡De risa, por supuesto!

