CARNAVAL Y TRAGEDIA
La murgas son un claro ejemplo: textos trágicos, con catarsis de pecho incluidas, marchas procesionales, corales de operas aburridas (salvo Serenquenquenes y poco más, las cosas como son).
Este año al Carnaval le ha dado por el Olimpo y Grecia, incluidas frases con errores que demuestran que el griego no está al alcance de todos. Entonces, me voy a permitir una debilidad filológica que hace tiempo vengo investigando. Estoy seguro de que les resultará curioso.
No se extrañen, pero la famosa tragedia griega, proviene –según Aristóteles, nada menos– de cantos satíricos, obscenos seguramente, los ditirambos, que se volvieron cada vez más nobles y serios. La cosa pudo ser así: un grupo espontáneo de personas celebran fiestas en honor de Dionisos, el dios de la orgía y el vino, y para ello forman coros que van cantando y danzando en festiva y animada comitiva.
En algún momento, alguien de ese coro asumía el papel de un héroe, local o regional, y entablaba una especie de diálogo con el resto del grupo. Luego contestación del coro nuevamente y marcha. Así varias veces
Junto a estos coros que acabaron en tragedia coexistieron otros, como parrandas, que cantaban y danzaban tocados por el don de Dionisos –hablando claro "enchispaos"–, en procesiones fálicas, con un falo, –no de Rafael, precisamente–. Otros podrían ir en una especie de fiesta de mascarada animal. Bueno, lo cierto es que, de una forma u otra, estas celebraciones espontáneas fueron conviertiéndose en el encorsetado, serio y solemne espectáculo de la tragedia, por un lado, y en la menos seria, pero también solemne y oficial comedia, por otro.
El asunto se vuelve un poco más misterioso si pensamos que "tragedia" significa "canto del macho cabrío". Esto certifica su carácter dionisíaco. Total: una fiesta de espontaneidad, frescura y popularidad acabó convirtiéndose en fiesta religiosa oficial de la ciudad, incluidos concursos para elegir al mejor autor de tragedias y comedias.
¡Qué casualidad que casualmente ocurran tantas casualidades! (diría Groucho) ¿Cómo fue eso? ¿Hace 2.600 años?. Pues ¡porque se hizo oficial! Porque al tirano de turno, Clístenes, se le ocurrió darle una ayudita oficial. ¡Ya está!. A partir de ahí, cada año una ayudita, y, claro, poco a poco la fiesta se fue domesticando e integrándose en la vida política.
Las representaciones teatrales pasaron a celebrarse solamente en las fiestas religiosas y el Estado las organizaba solemnemente y, hasta los ciudadanos poderosos, patrocinaban con su dinero algunas de las obras y el poder, la polis, garantizaba un asiento a los pobres. Los coros perdieron su carácter satírico y picante para volverse tragedias en las que moría hasta el apuntador. La comedia conservó algo de su carácter en forma de ataque político, luego se volvió intrascendente y evasiva. Cuando Atenas cayó, el teatro la siguió.
Cuando veo lo que eran las murgas, los grupos de máscaras, las fiestas casi familiares en los barrios y miro ahora los lujosos certámenes, desfiles, actos teatrales y solemnes todos, que parecen procesiones, creo que estamos ante el mismo fenómeno. La murgas son un claro ejemplo: textos trágicos, con catarsis de pecho incluidas, marchas procesionales, corales de opera, aburridas (salvo Serenquenquenes y poco más, las cosas como son).
Galas y más galas desde el pregón a la sardina. Espectáculos que solo invitan a mirar, a contemplar..., sentados, quietos. Hoy no hay tiranos... ¿verdad? Pues volvamos a la calle, a la fiesta, a la fresca y purificadora locura con el dios Dionisos, y dejemos al cursi de Apolo viendo el Carnaval por la TV.

