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¿Enhumorados? ¿de qué?

El sentido del humor constituye sin duda una de las capacidades más valoradas en nuestro tiempo. Se alaba la existencia de este "séptimo sentido" y se pretende su posesión como si se tratara de un talismán que nos protege del estrés, el infarto y una buena porción de males de ahora y de siempre.

Vemos incluso a hombres y mujeres inmersos en la llamada risa inducida o risoterapia a la búsqueda de no se sabe bien qué elixir de la salud. En general, se confunde la risa, el chiste, el cachondeo continuo con el sentido del humor. Y, aunque aquellos son, a veces, manifestaciones de éste, no son en absoluto lo mismo. Ni de lejos. Se puede ser un excelente y divertido contador de chistes y carecer del sentido del humor. Se puede, por el contrario, no ser capaz de contar ni una anécdota, ser soso, incluso -si me apuran un poco- ser hasta algo antipático y, sin embargo, gozar de un excelente y genuino sentido del humor.

Humor, humor, humor.... Siempre está ahí cuando menos lo esperamos, detrás de una palabra, en las esquinas y callejones de la vida, del lenguaje. Detrás de cada frase y momento.

El ser humano, mono al fin y al cabo, lleva más de un millón de años rodando los muebles en este planeta. Quita las cosas de aquí para ponerlas más allá. De una forma u otra esto es lo que hace.

La realidad, la vida, es una sola. No tenemos más que una. Hoy por hoy, que es hoy al cuadrado. La vida es un montón de dados: uno los coge, los mete en el cubilete, los agita y los tira. Son siempre los mismos dados, pero las combinaciones son casi infinitas.

El sentido del humor hará que nos divirtamos con cada una de esas posibles tiradas. Cuanto más lo desarrollemos, más nos reiremos y gozaremos. Así, hasta que el sol se apague. Pero eso ocurrirá dentro de unos cuantos miles de millones de carcajadas.

Descubrir en qué consiste y contagiar a la mayor parte de mis congéneres es mi intención y espero que la de todos aquellos que visiten este blog de ENHUMORADOS.

Estas palabras podrían parecer grandilocuentes, vacías y absurdas... Pero no se llamen a engaño... ¡Lo son!

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