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Una de las primeras cosas que me tuve la oportunidad de hacer a mi llegada a Santo Domingo fue probar la comida criolla, que constituye una opción bastante económica a la hora de comer fuera de casa. Por alrededor de tres euros puedes pedir un plato compuesto por arroz, carne, ensalada y un guineo guisado. Así, todos los días.

Cuando comenté que me llamaba la atención que se comiera tanto arroz, aunque fuera preparado de formas variadas, un compañero me comentó que un dominicano, si no comía en el almuerzo -que, por cierto, se toma a las doce del mediodía-, ese día no había comido. Vamos, que el arroz viene a ser algo así como la guarnición habitual por estas tierras. Algo así como las papas fritas y sancochadas al otro lado del Atlántico.

BananasOtro de los acompañamientos que probé fue el guineo guisado, que traducido viene ser un plátano sancochado. Ahora bien, no me pregunten de qué clase, porque aunque estoy casi seguro de que se trata de esas bananas grandes y verdes, su sabor era parecido al de la batata y bastante más duro -con lo que no tiene nada que ver con el de Canarias-, luego, en el supermercado, me encontré con que vendían yogur de guineo, por lo que ya no sé si la palabra designa o no al plátano que se cultiva en las Islas.

Intentando salir de dudas, visité algunos foros, pero sigo igual que antes y la Wikipedia tampoco me ha aclarado mucho [en inglés].

En cualquier caso, sea plátano o banana lo que probé, me quedo con el de Canarias, ya sea al natural, frito, como fruta, acompañando a un arroz blanco o en una variante de las tortillas de carnaval, que, para estas últimas, ya va siendo la época.

[Fotografía de Alvimann/Morguefile]

Una de las primeras cosas que aprendes ya desde antes de llegar a este país es que en República Dominicana el agua corriente es cualquier cosa menos potable. Desde los médicos hasta las agencias de viajes, pasando por cualquiera que haya estado diez días en Punta Cana en régimen de todo incluido, se encargarán de darte cientos de consejos sobre cómo consumir el líquido elemento.

morguefile_agua_mineral.jpgLa regla de oro es, por supuesto, beber sólo agua embotellada y ser siempre uno mismo el que abra la botella, para poder comprobar que nadie ha manipulado el precinto. Para alguien que procede de Canarias, tener que tomar agua embotellada en lugar de beber la del chorro no es ninguna novedad, ya que en la mayor parte de los municipios de las Islas el agua tampoco es apta para consumirla directamente desde el grifo.

Sin embargo, otras precauciones sí son nuevas, como el tener que lavar todas las frutas y verduras en agua a la que previamente se le haya añadido unas gotas de un desinfectante llamado Purísima y que, según pude leer en la etiqueta de una botella, viene a ser cloro.

Por ello, uno puede encontrarse por las calles de Santo Domingo con gran cantidad de botellones, que, a diferencia de lo que ocurre en España, no se trata de gente joven consumiendo bebidas alcohólicas, armando escándalo y generando residuos a altas horas de la noche, sino de garrafones de agua, almacenados en el exterior de algunos comercios, en espera de ser adquiridos por sus potenciales clientes.

De lo que cuestan los botellones, las garrafas y las botellas, no he querido enterarme, ya que, como aquí usan galones y no litros, me temo que tener que lavarse los dientes con agua mineral va a resultar un verdadero despilfarro.

[Fotografía de o0o0xmods0o0o/Morguefile]

El viernes amaneció tristón, con el cielo de Santo Domingo cubierto de nubes y una sensación de bochorno más acusada que en los últimos días. Amenazando lluvia.

A media mañana llega un comunicado a la redacción. Las autoridades dominicanas acaban de decretar la alerta verde -que debe equivaler a nuestra prealerta- en once provincias del país por riesgo de lluvias, que podrían estar acompañadas de ocasionales tormentas, causadas por una vaguada -término que asimilo al de borrasca, aunque al parecer no son exactamente lo mismo- situada al sureste de la isla. Aunque Santo Domingo no está en alerta, parece evidente que no va a escapar del mal tiempo.

No puedo evitar pensar que esta situación va a ser una de las pocas cosas que tengan en común Santo Domingo y Las Palmas de Gran Canaria. Porque en la capital grancanaria es más que habitual disfrutar de un tiempo excelente de lunes a jueves, que, al llegar el viernes empieza a torcerse con nubes y descenso de la temperatura, estropeando los planes para el fin de semana.

Eso, precisamente fue lo que ocurrió aquí, en Santo Domingo, el pasado fin de semana y, por lo que se ve, éste va por el mismo camino.

A las cuatro de la tarde los pronósticos se confirmaban: una fina llovizna empapa la avenida 27 de febrero, aumentando el bochorno y desperezando a los mosquitos que habitan en el Centro Olímpico. Ahora, cerca de la medianoche caribeña, la llovizna se ha transformado en un buen chaparrón.

Habrá que esperar a ver cómo amanece el sábado para hacer planes.

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