los blogs de Canarias7

Novedades en la categoría Paranoia

Hace un par de semanas comentaba el horario tan intempestivo en el que Televisión Española emite el programa Tenderete por su canal Internacional para América. No es que uno sea un gran apasionado del veterano programa sobre el folklore canario -ni de la televisión española en general-, pero cuando se está lejos de su país, cualquier cosa que se lo acerque recibe una atención especial.

Control remotoY acercar España a quienes están fuera de ella es, precisamente, el tipo de servicio público que bebe desempeñar este canal de TVE. Prueba de ello es la gran cantidad de programas informativos que forman parte de su parrilla de programación. Porque, además de los informativos producidos de forma específica para el Canal Internacional, emite también los Telediarios de España, en directo. Cuatro horas de diferencia con respecto a Canarias produce el curioso efecto de que veas el Telediario de las dos a las diez de la mañana y el de las ocho a las cuatro de la tarde, lo que resulta bastante chocante.

Programas como Los desayunos, 59 segundos o Informe semanal se emiten en diferido, en un horario similar al que tienen en España, con lo que, psicológicamente, ya no "chirrían" tanto.

Sin embargo, el resto de la programación del canal -toda de producción propia, por el tema de los derechos de emisión- hace que junto a esta amplia oferta informativa, uno también se encuentre con programas como Gente o Corazón de..., o que, a las ocho de la tarde, tenga que tragarse la primera temporada de Cuéntame en emisión diaria o el mismo capítulo de la fallida Guante blanco en tres ocasiones y que eche de menos la emisión de España directo, espacio que no me negarán que refleja -y por tanto traslada- la realidad del país mejor que cualquier otro.

Por ello, no me sorprende que la mayor parte de las noches -siempre que la mala conexión a Internet me lo permite- me haya sorprendido viendo Saber y Ganar desde la web de la cadena.

Ahora bien, hay que reconocer que lo mejor de este canal es que no emite ninguna clase de publicidad y así sí que da gusto ver la televisión. Aunque sea la repetición de la primera temporada de Cuéntame.

[Fotografía de ppdigital/Morguefile]

Son casi las nueve y media de la mañana de un sábado nublado y desapacible. Acabo de subir a la habitación tras desayunar y enciendo la televisión para que su sonido me haga algo de compañía mientras me cepillo los dientes y decido qué hacer, si la pertinaz lluvia me lo permite.

Como siempre, es el Canal Internacional para América de Televisión Española -ya le dedicaré una entrada a su programación- el que aparece en la pantalla, ocupada en ese momento por una parranda que interpreta Somos Costeros. Están emitiendo Tenderete.

Es lo último que necesitaba para acabar una semana que ha resultado excesivamente dura, pienso mientras se me pone la piel de gallina, los pelos de punta y mis ojos se vuelven más brillantes de lo normal.

Eso no se hace, me digo sin apartar los ojos de la pantalla, incapaz de cambiar de canal. Por fortuna -o por desgracia, me temo- el programa está acabando.

Eso no se hace, me repito. Tenderete no se merece que lo programen un sábado a las nueve de la mañana. Claro que, en esta cuestión, tampoco soy objetivo.

En el vídeo, la susodicha canción interpretada por Los Gofiones en la Playa de Las Canteras en el año 1996.

Tras haber pasado algo más de cuarenta y ocho horas en la República Dominicana, creo que ya se puede llevar a cabo una breve valoración del inicio de esta aventura que, al igual que la primera impresión que me ha causado Santo Domingo, sólo puede ser calificada como contradictoria.

Avenida 27 de febreroHasta ahora, lo poco que he podido ver, me sugiere que en Santo Domingo viven dos ciudades superpuestas. Así, junto a coches al borde del desguace, circulan todo tipo de todoterrenos, Audis, Toyotas o Mercedes, último modelo, full extras y, por supuesto, cristales tintados, formando un verdadero caos circulatorio, porque en un país en el que, supuestamente, nadie tiene prisa y el estrés sólo se conoce de oídas, el tráfico en su capital es infernal y la distancia de seguridad entre vehículos no existe: si la dejas, alguien vendrá y ocupará el hueco.

El paisaje de la ciudad está salpicado de construcciones modernas, en forma de torres de viviendas y oficinas, que se mezclan con chalés de una planta y edificios no demasiado bien conservados. No se trata de que existan construcciones nuevas y viejas, es que conviven mezcladas en la misma calle.

Santo Domingo es tan contradictoria que te permite hacerte con un móvil (aquí los llaman celulares) made in china por 490 pesos (algo más de 10 euros), con 300 en llamadas, mientras en el expositor de al lado exponen el iphone 3G, con cargador de 110 voltios y clavija americana, eso sí.

Porque resulta curioso que, en un lugar en el que los cortes de luz suelen ser habituales, estén a punto de inaugurar oficialmente su primera línea de metro, que vendrá a competir, bajo tierra, con conchos y voladoras por convertirse en el medio de transporte más rápido.

En fin, que me llama la atención que el apartahotel en el que me alojo mientras encuentro piso ofrezca wi-fi gratis (léase wai-fai) en todo el complejo y que la tele por cable se vea con interferencias.

Así que no debo extrañarme si en medio de este caos caribeño que es Santo Domingo me resulta más difícil de lo que pensaba encontrar un apartamento decente y razonablemente bien situado en el que poder vivir.

Aunque, pareciéndome una ciudad de tantos contrastes, igual me lo encuentro en el momento o lugar más inesperado y, por tanto, contradictorio.

[Fotografía del tráfico en la Avenida 27 de febrero, una de las principales arterias de Santo Domingo, que cruza la ciudad de este a oeste, tomada el 14 de enero a las 19:20 hora local (23:20 en Canarias), cerca de su intersección con la avenida Ortega y Gasset]

Otros blogs en C7.es