los blogs de Canarias7

Novedades en la categoría España

Una de las primeras cosas que me tuve la oportunidad de hacer a mi llegada a Santo Domingo fue probar la comida criolla, que constituye una opción bastante económica a la hora de comer fuera de casa. Por alrededor de tres euros puedes pedir un plato compuesto por arroz, carne, ensalada y un guineo guisado. Así, todos los días.

Cuando comenté que me llamaba la atención que se comiera tanto arroz, aunque fuera preparado de formas variadas, un compañero me comentó que un dominicano, si no comía en el almuerzo -que, por cierto, se toma a las doce del mediodía-, ese día no había comido. Vamos, que el arroz viene a ser algo así como la guarnición habitual por estas tierras. Algo así como las papas fritas y sancochadas al otro lado del Atlántico.

BananasOtro de los acompañamientos que probé fue el guineo guisado, que traducido viene ser un plátano sancochado. Ahora bien, no me pregunten de qué clase, porque aunque estoy casi seguro de que se trata de esas bananas grandes y verdes, su sabor era parecido al de la batata y bastante más duro -con lo que no tiene nada que ver con el de Canarias-, luego, en el supermercado, me encontré con que vendían yogur de guineo, por lo que ya no sé si la palabra designa o no al plátano que se cultiva en las Islas.

Intentando salir de dudas, visité algunos foros, pero sigo igual que antes y la Wikipedia tampoco me ha aclarado mucho [en inglés].

En cualquier caso, sea plátano o banana lo que probé, me quedo con el de Canarias, ya sea al natural, frito, como fruta, acompañando a un arroz blanco o en una variante de las tortillas de carnaval, que, para estas últimas, ya va siendo la época.

[Fotografía de Alvimann/Morguefile]

Hace un par de semanas comentaba el horario tan intempestivo en el que Televisión Española emite el programa Tenderete por su canal Internacional para América. No es que uno sea un gran apasionado del veterano programa sobre el folklore canario -ni de la televisión española en general-, pero cuando se está lejos de su país, cualquier cosa que se lo acerque recibe una atención especial.

Control remotoY acercar España a quienes están fuera de ella es, precisamente, el tipo de servicio público que bebe desempeñar este canal de TVE. Prueba de ello es la gran cantidad de programas informativos que forman parte de su parrilla de programación. Porque, además de los informativos producidos de forma específica para el Canal Internacional, emite también los Telediarios de España, en directo. Cuatro horas de diferencia con respecto a Canarias produce el curioso efecto de que veas el Telediario de las dos a las diez de la mañana y el de las ocho a las cuatro de la tarde, lo que resulta bastante chocante.

Programas como Los desayunos, 59 segundos o Informe semanal se emiten en diferido, en un horario similar al que tienen en España, con lo que, psicológicamente, ya no "chirrían" tanto.

Sin embargo, el resto de la programación del canal -toda de producción propia, por el tema de los derechos de emisión- hace que junto a esta amplia oferta informativa, uno también se encuentre con programas como Gente o Corazón de..., o que, a las ocho de la tarde, tenga que tragarse la primera temporada de Cuéntame en emisión diaria o el mismo capítulo de la fallida Guante blanco en tres ocasiones y que eche de menos la emisión de España directo, espacio que no me negarán que refleja -y por tanto traslada- la realidad del país mejor que cualquier otro.

Por ello, no me sorprende que la mayor parte de las noches -siempre que la mala conexión a Internet me lo permite- me haya sorprendido viendo Saber y Ganar desde la web de la cadena.

Ahora bien, hay que reconocer que lo mejor de este canal es que no emite ninguna clase de publicidad y así sí que da gusto ver la televisión. Aunque sea la repetición de la primera temporada de Cuéntame.

[Fotografía de ppdigital/Morguefile]

Son casi las nueve y media de la mañana de un sábado nublado y desapacible. Acabo de subir a la habitación tras desayunar y enciendo la televisión para que su sonido me haga algo de compañía mientras me cepillo los dientes y decido qué hacer, si la pertinaz lluvia me lo permite.

Como siempre, es el Canal Internacional para América de Televisión Española -ya le dedicaré una entrada a su programación- el que aparece en la pantalla, ocupada en ese momento por una parranda que interpreta Somos Costeros. Están emitiendo Tenderete.

Es lo último que necesitaba para acabar una semana que ha resultado excesivamente dura, pienso mientras se me pone la piel de gallina, los pelos de punta y mis ojos se vuelven más brillantes de lo normal.

Eso no se hace, me digo sin apartar los ojos de la pantalla, incapaz de cambiar de canal. Por fortuna -o por desgracia, me temo- el programa está acabando.

Eso no se hace, me repito. Tenderete no se merece que lo programen un sábado a las nueve de la mañana. Claro que, en esta cuestión, tampoco soy objetivo.

En el vídeo, la susodicha canción interpretada por Los Gofiones en la Playa de Las Canteras en el año 1996.

Poco después de decirme que iba a pasar este año en Santo Domingo, me recomendaron que concertase una cita en el servicio de Sanidad Exterior, ya que, aunque el Caribe no es considerada una zona de riesgo sanitario, siempre es conveniente asesorarse sobre cuestiones como las precauciones a tener en cuenta a la hora de consumir agua o ciertos alimentos.

jeringuillaAl salir de la cita, tras recibir la recomendación de ponerme cuatro vacunas diferentes y pincharme una de ellas -la de la fiebre tifoidea-, daba las gracias porque la República Dominicana no fuese considerada un destino de riesgo, ya que en caso contrario no sé cuántas vacunas habría tenido que sufrir. Apenas una semana más tarde me inmunizaba también contra el tétanos y las hepatitis A y B en el Centro de Salud que tenía al lado de casa.

Junto a las vacunas me dieron varios folletos con las recomendaciones habituales para viajes a este tipo de destinos: beber únicamente agua embotellada, evitar los puestos callejeros de comida, tener cuidado con la leche, el hielo, las frutas y verduras o llevar repelentes de mosquitos y antidiarreicos.

Hace un par de días fui a mi médico de toda la vida para que me recetara un antidiarreico e ibuprofeno para las cefaleas y salí de la consulta con una lista de más de siete medicamentos para tratar las afecciones más habituales en este tipo de desplazamientos y sus correspondientes indicaciones.

Total, que después de ir a la farmacia con una lista de la compra, al ir a guardar las medicinas en la maleta, me di cuenta de que había olvidado comprar el repelente de mosquitos. Un despiste imperdonable dada la afición de estos insectos a alimentarse con mi sangre.

Sigo pensando que voy a un destino sanitariamente seguro, sólo que, al ser tan diferente a nuestro entorno habitual, pecamos de un exceso de celo preventivo. Claro que, más vale prevenir...

[Fotografía de ronnieb/Morguefile]

Desde que, a mediados de julio, me comunicaron que mi destino para 2009 iba a ser la República Dominicana, una de las cosas que tuve que escuchar en más ocasiones fue que debía armarme de paciencia a la hora de tramitar el visado y, además, hacerlo cuanto antes, ya que la burocracia caribeña suele tomarse todos sus trámites con paciencia.

Durante los más de dos años que he vivido en Madrid he tenido que soportar a algún que otro peninsular que, intentando hacerse el gracioso, comentaba que en Canarias nos lo tomamos todo con calma y trabajamos mucho menos que en el resto de España, porque el calor nos deja aplatanaos. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que, por lo general, nos tomamos la vida de forma más tranquila; con menos estrés, pero ello no tiene por qué implicar un aplatanamiento y una menor productividad.

sellos pasaporteY pensé que algo de eso debía haber en el tópico de la lentitud de la burocracia caribeña. Sobre todo, cuando a finales de septiembre, en el Consulado General de la República Dominicana me informaron de la documentación necesaria y los plazos para la obtención del visado, cuyo tiempo máximo de tramitación oscilaba entre los 15 y 20 días, tal y como aseguraban en su web.

A pesar de que aún disponía de casi tres meses, empecé a recopilar la documentación necesaria para ir ganando tiempo. Hice bien, porque tardé más de tres semanas en conseguir un certificado de antecedentes penales y legalizar su firma. Para ello, tuve que ir dos veces a las oficinas del Ministerio de Justicia -aunque sólo fuera para llevar el papel de una mesa a la de al lado y que le pusieran un sello- y una tercera al de Asuntos Exteriores, donde, aunque es necesario tener cita previa, pasé más de tres horas -una de ellas bajo la lluvia- para cumplimentar un trámite de menos de un minuto.

En cambio, al día siguiente de presentar toda la documentación en el Consulado me llamaron para decirme que tenía que necesitaba un documento más. Diez días después de entregarlo, ya tenía el visado aprobado y estampado en mi pasaporte.

Al final resultó que sí tenía que armarme de paciencia, pero no por la burocracia dominicana, sino por la española, lo que me hizo recordar unos viejos anuncios que proponían un Caribe contagiado del estrés del mundo occidental y llegar a la conclusión de que los tópicos casi nunca aciertan y que la ausencia de prisas por todo no significa incompetencia, sino una mayor calidad de vida, algo en lo que me parece que coincidimos la inmensa mayoría de los habitantes de tierras cálidas.

[Fotografía de kconnors/Morguefile]

Otros blogs en C7.es