Una de las primeras cosas que me tuve la oportunidad de hacer a mi llegada a Santo Domingo fue probar la comida criolla, que constituye una opción bastante económica a la hora de comer fuera de casa. Por alrededor de tres euros puedes pedir un plato compuesto por arroz, carne, ensalada y un guineo guisado. Así, todos los días.
Cuando comenté que me llamaba la atención que se comiera tanto arroz, aunque fuera preparado de formas variadas, un compañero me comentó que un dominicano, si no comía en el almuerzo -que, por cierto, se toma a las doce del mediodía-, ese día no había comido. Vamos, que el arroz viene a ser algo así como la guarnición habitual por estas tierras. Algo así como las papas fritas y sancochadas al otro lado del Atlántico.
Otro de los acompañamientos que probé fue el guineo guisado, que traducido viene ser un plátano sancochado. Ahora bien, no me pregunten de qué clase, porque aunque estoy casi seguro de que se trata de esas bananas grandes y verdes, su sabor era parecido al de la batata y bastante más duro -con lo que no tiene nada que ver con el de Canarias-, luego, en el supermercado, me encontré con que vendían yogur de guineo, por lo que ya no sé si la palabra designa o no al plátano que se cultiva en las Islas.
Intentando salir de dudas, visité algunos foros, pero sigo igual que antes y la Wikipedia tampoco me ha aclarado mucho [en inglés].
En cualquier caso, sea plátano o banana lo que probé, me quedo con el de Canarias, ya sea al natural, frito, como fruta, acompañando a un arroz blanco o en una variante de las tortillas de carnaval, que, para estas últimas, ya va siendo la época.
[Fotografía de Alvimann/Morguefile]


