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Archivos Febrero 2009

Hace casi dos meses (cincuenta y tres días para ser exactos), asumí el compromiso con los lectores de esta bitácora de contar el día a día de mi vida durante un año, justo el tiempo que iba a vivir en la capital de la República Dominicana.

Sin embargo, lo que se anunciaba como una aventura apasionante a la que me enfrentaba con bastante ilusión no se ha desarrollado de la forma que se esperaba. Durante este tiempo, han acaecido una serie de hechos y circunstancias personales -que ahora no vienen al caso-, me han llevado a meditar profundamente sobre la situación en que me encontraba y a tomar la decisión de regresar a España.

Aunque sería mucho más fácil no escribir esta entrada y dejar morir el blog mientras duerme el sueño de los justos, creo que debo ser honesto con quienes me han seguido desde el principio y me han transmitido su apoyo, ya fueran amigos o simples lectores anónimos, y agradecerles que hayan estado ahí. Saben que pueden seguir leyendo mis andanzas por la red en Un canario en Madrid y en cualquier otro proyecto que pueda surgir en el futuro.

Quiero también dar las gracias a Esther y al equipo de Canarias7 Digital y Canarias7.es por darme la oportunidad de compartir este rinconcito digital con todos sus lectores, aunque haya sido por tan poco tiempo.

Ahora que ya llevo unos días en Gran Canaria, puedo decir que, aunque la experiencia no haya resultado satisfactoria, no considero este regreso un fracaso, ya que lo que he vivido en este tiempo me ha servido para aprender bastante. De República Dominicana traigo buenos recuerdos, el haber conocido a gente estupenda y vivido nuevas experiencias. Sé que algún día volveré y disfrutaré de ese país caribeño, que es mucho más que ron y playas.

Aunque, quizá, ahora no era el momento, les puedo asegurar que la experiencia ha sido breve pero intensa. Compartirla con ustedes, un placer.

Hasta la próxima.

Calle el Conde

Fotografía de la turística calle El Conde, en la Zona Colonial de Santo Domingo.

Siempre me ha gustado caminar, ya fuera por la ciudad o por el campo. Cuando vivía en Madrid, donde dependía exclusivamente del transporte publico, muchas veces prefería andar por sus calles para ir de un sitio a otro, en lugar de usar el metro o la línea de guagua que correspondiera, siempre que, eso sí, la distancia fuera razonable.

En Santo Domingo, en cambio, me he dado cuenta de que esto es casi imposible, ya que, como escribía hace unas semanas, en ocasiones, pasear por esta puede casi equipararse a practicar un deporte de riesgo, sobre todo a la hora de cruzar cualquier calle de intenso tráfico.

Existen los pasos de cebra, como en cualquier otro lugar, cierto, pero también lo es que los conductores los ignoran. Incluso en los semáforos hay que mirar bastante bien a la hora de cruzar, ya que es posible que el vehículo que gira hacia la calle que cruzas lo haga sin intención de detenerse.

En estas circunstancias, la estrategia de mi hermano, consistente en decir "yo cruzo porque es un paso de peatones, tengo la preferencia y ya parará" -que ya es arriesgada en España-, sólo puede llevarte al hospital, después de ser atropellado.

Calle de la Zona ColonialSupongo que estos inconvenientes deben ser consecuencia de la forma tan acelerada que tienen de conducir y que tanto contrasta con su relajado estilo de vida.

Sin embargo, en medio del caos circulatorio de Santo Domingo existe un oasis en el que caminar es un verdadero placer. Se trata de las calles de la Zona Colonial, bien controladas por la Politur (la policía turística), sobre todo en las principales, como El Conde o Las Damas.

A los dominicanos, por el contrario, estos inconvenientes no parecen afectarles demasiado, puesto que cruzan en medio del tráfico, por donde ningún español lo haría sin salir bastante perjudicado, como si lo hicieran en una calle desierta.

También es cierto que no caminan demasiado, lo que resulta muy curioso en una ciudad en la que prácticamente no existe una red de transporte público.

Por lo demás, pasear por Santo Domingo resulta muy agradable siempre que el calor lo permita y uno esté algo atento a para no meter el pie en alguna de las profundas acequias que suelen separar las aceras de la calzada, elemento, por otra parte, muy necesario en los momentos de lluvias intensas -que son muchos- y que sirve también para dar más emoción a este nuevo deporte de riesgo en el que se ha convertido caminar.

[Fotografía de una calle de la Zona Colonial de Santo Domingo]

Como todos los aspectos curios0s de este país no van a ser negativos, hoy toca destacar la gran variedad de zumos -que aquí, como en Tenerife, son jugos- naturales, elaborados a base de de toda clase de frutas tropicales, como piña, toronja con avena o chinola, que venden en casi cualquier restaurante y a precios muy económicos.

JuiceglassA algunos, como el de toronja, que resultó ser una variedad de pomelo y el de piña, les ponen demasiado azúcar y hielo para mi gusto. En los zumos, cuanto menos se le añada -y más natural sea, por tanto- mejor.

Sin embargo, el que más me ha gustado ha sido el jugo de chinola, aunque no supiera de qué fruta se trataba hasta que lo probé. Porque el principal problema con este tipo de frutas es averiguar si es conocida o no antes de probarla.

En el caso de la chinola, cuando pregunté qué clase de fruta se trataba me dijeron que era una especie de cítrico, algo ácido. Como es una clase de sabor que me gusta -y, además, hay que probar cosas nuevas- lo pedí. Me trajeron un zumo de color rojizo, cuyo sabor me resultó familiar. "Juraría que es maracuyá", dije a quien comía conmigo -que también era español-, que me respondió que, ahora que lo pensaba, creía que sí.

En efecto, la chinola resultó ser maracuyá, la famosa fruta de la pasión.

Días más tarde, descubrí en el supermercado un yogur cremoso -igual que el de guineo- de chinola. Y, por cierto, está bastante bueno.

[Fotografía de lisasolonynko/Morguefile]

Una de las primeras cosas que me tuve la oportunidad de hacer a mi llegada a Santo Domingo fue probar la comida criolla, que constituye una opción bastante económica a la hora de comer fuera de casa. Por alrededor de tres euros puedes pedir un plato compuesto por arroz, carne, ensalada y un guineo guisado. Así, todos los días.

Cuando comenté que me llamaba la atención que se comiera tanto arroz, aunque fuera preparado de formas variadas, un compañero me comentó que un dominicano, si no comía en el almuerzo -que, por cierto, se toma a las doce del mediodía-, ese día no había comido. Vamos, que el arroz viene a ser algo así como la guarnición habitual por estas tierras. Algo así como las papas fritas y sancochadas al otro lado del Atlántico.

BananasOtro de los acompañamientos que probé fue el guineo guisado, que traducido viene ser un plátano sancochado. Ahora bien, no me pregunten de qué clase, porque aunque estoy casi seguro de que se trata de esas bananas grandes y verdes, su sabor era parecido al de la batata y bastante más duro -con lo que no tiene nada que ver con el de Canarias-, luego, en el supermercado, me encontré con que vendían yogur de guineo, por lo que ya no sé si la palabra designa o no al plátano que se cultiva en las Islas.

Intentando salir de dudas, visité algunos foros, pero sigo igual que antes y la Wikipedia tampoco me ha aclarado mucho [en inglés].

En cualquier caso, sea plátano o banana lo que probé, me quedo con el de Canarias, ya sea al natural, frito, como fruta, acompañando a un arroz blanco o en una variante de las tortillas de carnaval, que, para estas últimas, ya va siendo la época.

[Fotografía de Alvimann/Morguefile]

Detalle del semáforoAún a riesgo de seguir recibiendo críticas -unas mejor intencionadas que otras- por comentar las curiosidades que he ido encontrando en esta caótica ciudad, hoy quiero mostrar el curioso cartel -que pueden ver a la derecha- que cuelga de uno de los semáforos que hay en la Avenida José Ortega y Gasset de Santo Domingo.

Mirado con ojos europeos, resulta bastante curioso que un establecimiento comercial done la electricidad con la que se alimentan los semáforos que rigen la circulación del cruce en el que se encuentra su tienda. Sin embargo, en una ciudad en la que los cortes de luz son más que habituales -siento la vuelta del tópico, pero la realidad es tozuda- y las plantas eléctricas e inversores son los recursos habituales para mantener el normal funcionamiento de cualquier aparato eléctrico, el hecho de que una empresa ceda la electricidad para el correcto funcionamiento de un elemento público y que esa cesión se le reconozca no debería ser llamativo.

Pero, cuando uno llega de un país en el que estas cosas no pasan, no puede dejar de ir fijándose en esas placas que, colgadas de algunos semáforos, rezan "Energía donada por...".

Semaforo_general.jpg

El semáforo, visto desde un poco más lejos.

Hace un par de semanas comentaba el horario tan intempestivo en el que Televisión Española emite el programa Tenderete por su canal Internacional para América. No es que uno sea un gran apasionado del veterano programa sobre el folklore canario -ni de la televisión española en general-, pero cuando se está lejos de su país, cualquier cosa que se lo acerque recibe una atención especial.

Control remotoY acercar España a quienes están fuera de ella es, precisamente, el tipo de servicio público que bebe desempeñar este canal de TVE. Prueba de ello es la gran cantidad de programas informativos que forman parte de su parrilla de programación. Porque, además de los informativos producidos de forma específica para el Canal Internacional, emite también los Telediarios de España, en directo. Cuatro horas de diferencia con respecto a Canarias produce el curioso efecto de que veas el Telediario de las dos a las diez de la mañana y el de las ocho a las cuatro de la tarde, lo que resulta bastante chocante.

Programas como Los desayunos, 59 segundos o Informe semanal se emiten en diferido, en un horario similar al que tienen en España, con lo que, psicológicamente, ya no "chirrían" tanto.

Sin embargo, el resto de la programación del canal -toda de producción propia, por el tema de los derechos de emisión- hace que junto a esta amplia oferta informativa, uno también se encuentre con programas como Gente o Corazón de..., o que, a las ocho de la tarde, tenga que tragarse la primera temporada de Cuéntame en emisión diaria o el mismo capítulo de la fallida Guante blanco en tres ocasiones y que eche de menos la emisión de España directo, espacio que no me negarán que refleja -y por tanto traslada- la realidad del país mejor que cualquier otro.

Por ello, no me sorprende que la mayor parte de las noches -siempre que la mala conexión a Internet me lo permite- me haya sorprendido viendo Saber y Ganar desde la web de la cadena.

Ahora bien, hay que reconocer que lo mejor de este canal es que no emite ninguna clase de publicidad y así sí que da gusto ver la televisión. Aunque sea la repetición de la primera temporada de Cuéntame.

[Fotografía de ppdigital/Morguefile]

Una de las primeras cosas que aprendes ya desde antes de llegar a este país es que en República Dominicana el agua corriente es cualquier cosa menos potable. Desde los médicos hasta las agencias de viajes, pasando por cualquiera que haya estado diez días en Punta Cana en régimen de todo incluido, se encargarán de darte cientos de consejos sobre cómo consumir el líquido elemento.

morguefile_agua_mineral.jpgLa regla de oro es, por supuesto, beber sólo agua embotellada y ser siempre uno mismo el que abra la botella, para poder comprobar que nadie ha manipulado el precinto. Para alguien que procede de Canarias, tener que tomar agua embotellada en lugar de beber la del chorro no es ninguna novedad, ya que en la mayor parte de los municipios de las Islas el agua tampoco es apta para consumirla directamente desde el grifo.

Sin embargo, otras precauciones sí son nuevas, como el tener que lavar todas las frutas y verduras en agua a la que previamente se le haya añadido unas gotas de un desinfectante llamado Purísima y que, según pude leer en la etiqueta de una botella, viene a ser cloro.

Por ello, uno puede encontrarse por las calles de Santo Domingo con gran cantidad de botellones, que, a diferencia de lo que ocurre en España, no se trata de gente joven consumiendo bebidas alcohólicas, armando escándalo y generando residuos a altas horas de la noche, sino de garrafones de agua, almacenados en el exterior de algunos comercios, en espera de ser adquiridos por sus potenciales clientes.

De lo que cuestan los botellones, las garrafas y las botellas, no he querido enterarme, ya que, como aquí usan galones y no litros, me temo que tener que lavarse los dientes con agua mineral va a resultar un verdadero despilfarro.

[Fotografía de o0o0xmods0o0o/Morguefile]

Ya he dicho en más de una ocasión que Santo Domingo, al menos desde mi punto de vista, es una ciudad que destaca por sus contrastes. Es muy habitual, por ejemplo, encontrar un puesto de comida en cualquier esquina, justo al lado de establecimientos que nos resultan tan familiares como Pizza Hut, Baskin Robbins o McDonald's.

Me encantaY es precisamente un anuncio de los nuevos desayunos que ofrece esta última cadena de comida rápida -que me encontré en una marquesina mientras paseaba- el que ha puesto en evidencia, una vez más, que ésta es una ciudad de contrastes.

Porque resulta cuando menos curioso que en un lugar en el que son tan dados a los anglicismos, el eslogan de McDonald's no sea I'm lovin' it, como en España, sino Me encanta. Frase que, por otra parte, no es más que la traducción de la anterior.

[Lamento no poder dejar constancia gráfica del anuncio, pero tuve la mala suerte de encontrármelo el único día que salí sin la cámara. Por fortuna, Alvimann encontró un restaurante y colgó su foto en Morguefile]

Cuando, paseando por la zona Colonial de Santo Domingo, me encontré con la imagen que se reproduce al pie de esta entrada, no pude dejar de preguntarme qué sentido tiene camuflar una antena de telefonía móvil de esta manera en una ciudad en la que gran parte de sus edificios alojan todo tipo de estos ingenios en sus azoteas -de hecho, he visto carteles del tipo "se alquila esta azotea para antena"- y sus fachadas se encuentran cubiertas por toda clase de cables, que forman auténticas telarañas. Intuyo que para evitar reclamaciones por daño a la salud, por tanto, no será.

Salvo que el motivo sea estético, esto es, que no desentone demasiado en la parte más turística de la ciudad, no le veo sentido. Y, aún así, en esa zona de Santo Domingo, los cables siguen campando a sus anchas. Como, por otra parte, también puede comprobarse en la misma foto.

Antena_camuflada.jpg

Como no lo tengo nada claro, espero sus teorías acerca del porqué del camuflaje.