los blogs de Canarias7

Archivos Enero 2009

I. Las caídas de Internet: Lo primero que debo hacer hoy es pedir disculpas por no mantener una regularidad en la publicación de entradas, aunque aclaro que la mayor parte de las veces esta situación se produce por causas de fuerza mayor, en este caso, las frecuentes caídas de Internet.

En estos días la secuencia ha sido alerta por lluvias, lluvia, cortes de luz, corte en el wi-fi, encendido de los generadores, conexión a la red wi-fi, pero Internet no da señales de vida, hasta el día siguiente. Si hay suerte, aguantará. Si no, a esperar.

II. Salvado por los pelos: Precisamente de sufrir de forma directa las inesperadas consecuencias de esa lluvia escapé por los pelos el domingo por la mañana.

Eran poco más de las nueve de la mañana y me debatía entre bajar a desayunar o seguir un rato más en la cama. Al final, pudo más el hambre y me levanté. Apenas había andado tres pasos hacia el baño cuando escuché un ruido a mi espalda. Me di la vuelta y vi un chorro de agua cayendo sobre el centro de la cama.

Al parecer habían hecho obras en la azotea y se habían atascado los desagües, con lo que el agua se acumuló en el falso techo y acabó filtrándose justo encima de donde dormía.

Me cambiaron de habitación. Lo malo es que, a la nueva, la señal del wi-fi llega bastante debilitada.

III. Guerra y Naim Thomas: Ese mismo día pasé por delante de una tienda de discos y decidí entrar a ver si encontraba un cd con algunos de los grandes éxitos de Juan Luis Guerra en versión instrumental, que había escuchado en un restaurante mientras comía. Resultó que quien los tocaba era la Orquesta Filarmónica de Santo Domingo y, por supuesto, lo tenían.

Ya que estaba allí, decidí echar un ojo por las distintas secciones, para descubrir que, aunque con más salsa, merengue, bachata y reggaeton, tampoco difería tanto de lo que uno puede encontrarse en las escasas tiendas de discos que quedan en España. Tan poco se diferencian, que en la sección de pop español masculino, descubrí con sorpresa un disco de Naim Thomas.

Al verlo, no pude evitar preguntarme si sería cruel si dijera que habría esperado encontrarlo en la sección de outlets.

Al igual que hoy, el pasado domingo unos negros nubarrones amenazaban con descargar con fuerza sobre Santo Domingo. Sin embargo, no me apetecía pasarme el día encerrado en el hotel, por lo que decidí arriesgarme y salir a hacer algo de turismo por la Zona Colonial de la ciudad.

Al principio, mientras empezaba a callejear por el barrio histórico de la capital, parecía que el tiempo iba a acompañar y el sol hacía tímidos intentos por atravesar la densa capa de nubes. Sin embargo, al llegar a la Plaza de España, después de recorrer las calles El Conde y Las Damas, el horizonte que se dibujaba tras el Alcázar de Colón no era muy halagüeño.

Alcazar de Colón 01

Comoquiera que parecía que iba a caer una buena, decidí pagar los 60 pesos que cuesta la entrada (alrededor de 1,30 euros) y visitar el palacio construido por Diego Colón, el hijo de Cristóbal Colón, a comienzos del siglo XVI.

Justo cuando cruzaba la plaza, camino del palacio, desde el edificio donde se compran las entradas, comenzó a llover, atrapándome en el edificio, junto a otra decena de turistas, durante la siguiente hora y media.

Alcazar de Colon 02

Del Alcázar hay que destacar que no se trata de edificación original, sino de una reconstrucción a partir de las ruinas a que había quedado reducido el palacio, tras sufrir diferentes usos y el abandono durante cuatro siglos. Sin embargo, después de tres restauraciones, el resultado es bastante aceptable.

Además, la amplia colección de utensilios de la época colonial que alberga es bastante impresionante y bien merece la visita.

Sin embargo, hay que reconocer que ver llover desde esa balconada, tal y como, seguramente, lo hicieron los primeros españoles que llegaron a América, no deja de tener su encanto, aunque una hora y media de contemplación se le hace demasiado larga a cualquiera.

Sobre todo, si ya pasan de las tres de la tarde y uno aún no ha comido.

Alcazar de Colon 03

Son casi las nueve y media de la mañana de un sábado nublado y desapacible. Acabo de subir a la habitación tras desayunar y enciendo la televisión para que su sonido me haga algo de compañía mientras me cepillo los dientes y decido qué hacer, si la pertinaz lluvia me lo permite.

Como siempre, es el Canal Internacional para América de Televisión Española -ya le dedicaré una entrada a su programación- el que aparece en la pantalla, ocupada en ese momento por una parranda que interpreta Somos Costeros. Están emitiendo Tenderete.

Es lo último que necesitaba para acabar una semana que ha resultado excesivamente dura, pienso mientras se me pone la piel de gallina, los pelos de punta y mis ojos se vuelven más brillantes de lo normal.

Eso no se hace, me digo sin apartar los ojos de la pantalla, incapaz de cambiar de canal. Por fortuna -o por desgracia, me temo- el programa está acabando.

Eso no se hace, me repito. Tenderete no se merece que lo programen un sábado a las nueve de la mañana. Claro que, en esta cuestión, tampoco soy objetivo.

En el vídeo, la susodicha canción interpretada por Los Gofiones en la Playa de Las Canteras en el año 1996.

El viernes amaneció tristón, con el cielo de Santo Domingo cubierto de nubes y una sensación de bochorno más acusada que en los últimos días. Amenazando lluvia.

A media mañana llega un comunicado a la redacción. Las autoridades dominicanas acaban de decretar la alerta verde -que debe equivaler a nuestra prealerta- en once provincias del país por riesgo de lluvias, que podrían estar acompañadas de ocasionales tormentas, causadas por una vaguada -término que asimilo al de borrasca, aunque al parecer no son exactamente lo mismo- situada al sureste de la isla. Aunque Santo Domingo no está en alerta, parece evidente que no va a escapar del mal tiempo.

No puedo evitar pensar que esta situación va a ser una de las pocas cosas que tengan en común Santo Domingo y Las Palmas de Gran Canaria. Porque en la capital grancanaria es más que habitual disfrutar de un tiempo excelente de lunes a jueves, que, al llegar el viernes empieza a torcerse con nubes y descenso de la temperatura, estropeando los planes para el fin de semana.

Eso, precisamente fue lo que ocurrió aquí, en Santo Domingo, el pasado fin de semana y, por lo que se ve, éste va por el mismo camino.

A las cuatro de la tarde los pronósticos se confirmaban: una fina llovizna empapa la avenida 27 de febrero, aumentando el bochorno y desperezando a los mosquitos que habitan en el Centro Olímpico. Ahora, cerca de la medianoche caribeña, la llovizna se ha transformado en un buen chaparrón.

Habrá que esperar a ver cómo amanece el sábado para hacer planes.

Ayer, 21 de enero, se celebró la festividad de Nuestra Señora de Altagracia, advocación que se considera patrona más popular de la República Dominicana, ya que la oficial es, según me han dicho, la Virgen de la Merced. Fue, por lo tanto, día festivo o, como dicen por aquí, feriado.

Recién llegado y aún sin instalar convenientemente, este tipo de días se pueden convertir en jornadas un poco largas y tediosas, así que decidí aprovechar que no hacía demasiado calor para dar un largo paseo por algunas de las avenidas atestadas que recorro cada día y callejear por muchas de las vías que las rodean.

En efecto, se notaba que era un día feriado. A pesar de que la mayoría de los comercios permanecieron abiertos durante toda la mañana, en las avenidas caso no había tráfico y por las calles apenas se veía un alma. Igualito que cualquier festivo de apertura de comercios en Las Palmas de Gran Canaria.

En esas circunstancias, pasear no era un potencial deporte de riesgo.

En la Zona Colonial, en cambio, la actividad era frenética, motivada en gran parte por la presencia de cientos de turistas. Y en eso sí que ambas islas no son tan diferentes.

Una de las primeras cosas con las que me encontré al llegar a este país es la gran presencia que tienen la música en general y los artistas locales en particular en los medios de comunicación.

Así, el primer día que hojeé alguno de los periódicos locales descubrí que Juan Luis Guerra está a punto de dar un gran concierto junto a sus inseparables 440 en el Centro Olímpico Juan Pablo Duarte y que el grupo Aventura, aquellos que alcanzaron gran popularidad en España a fuerza de machacarnos con su Obsesión, opta a alzarse con hasta cuatro galardones en la próxima edición de los premios Lo Nuestro, reconocen a lo mejor de la música latina, según sus organizadores.

Por cierto, entre los candidatos tampoco faltan Juan Luis Guerra o Luis Fonsi, que aunque no es dominicano, es el máximo favorito.

Supongo que por eso no me sorprendió demasiado que, mientras desayunaba en el hotel la mañana siguiente, la camarera cantase dos veces la susodicha Obsesión, ni escucharla por la radio en el restaurante en el que almorcé ese día, justo antes de que sonara un tema de Raphael, al que siguió una canción que no acerté a identificar, aunque quien la cantaba era Braulio, un cantante que, estoy casi convencido, nunca habría escuchado en ninguna radio en Madrid.

En fin, espero que a ningún inspector de la SGAE le dé por venirse a Santo Domingo a intentar cobrar por cada artista español que suene más allá del ámbito privado. Lo tendría muy difícil porque aquí la música suena por todas partes.

No tengo más que decirles que el domingo, mientras paseaba por la zona Colonial, me crucé con un coche del que salía a gran volumen el Resistiré del Dúo Dinámico, sólo que a ritmo de bachata.

Pd: Soy consciente de que no estoy prestando la atención debida a este blog, pero el aterrizaje está resultando más duro de lo esperado.

Tras haber pasado algo más de cuarenta y ocho horas en la República Dominicana, creo que ya se puede llevar a cabo una breve valoración del inicio de esta aventura que, al igual que la primera impresión que me ha causado Santo Domingo, sólo puede ser calificada como contradictoria.

Avenida 27 de febreroHasta ahora, lo poco que he podido ver, me sugiere que en Santo Domingo viven dos ciudades superpuestas. Así, junto a coches al borde del desguace, circulan todo tipo de todoterrenos, Audis, Toyotas o Mercedes, último modelo, full extras y, por supuesto, cristales tintados, formando un verdadero caos circulatorio, porque en un país en el que, supuestamente, nadie tiene prisa y el estrés sólo se conoce de oídas, el tráfico en su capital es infernal y la distancia de seguridad entre vehículos no existe: si la dejas, alguien vendrá y ocupará el hueco.

El paisaje de la ciudad está salpicado de construcciones modernas, en forma de torres de viviendas y oficinas, que se mezclan con chalés de una planta y edificios no demasiado bien conservados. No se trata de que existan construcciones nuevas y viejas, es que conviven mezcladas en la misma calle.

Santo Domingo es tan contradictoria que te permite hacerte con un móvil (aquí los llaman celulares) made in china por 490 pesos (algo más de 10 euros), con 300 en llamadas, mientras en el expositor de al lado exponen el iphone 3G, con cargador de 110 voltios y clavija americana, eso sí.

Porque resulta curioso que, en un lugar en el que los cortes de luz suelen ser habituales, estén a punto de inaugurar oficialmente su primera línea de metro, que vendrá a competir, bajo tierra, con conchos y voladoras por convertirse en el medio de transporte más rápido.

En fin, que me llama la atención que el apartahotel en el que me alojo mientras encuentro piso ofrezca wi-fi gratis (léase wai-fai) en todo el complejo y que la tele por cable se vea con interferencias.

Así que no debo extrañarme si en medio de este caos caribeño que es Santo Domingo me resulta más difícil de lo que pensaba encontrar un apartamento decente y razonablemente bien situado en el que poder vivir.

Aunque, pareciéndome una ciudad de tantos contrastes, igual me lo encuentro en el momento o lugar más inesperado y, por tanto, contradictorio.

[Fotografía del tráfico en la Avenida 27 de febrero, una de las principales arterias de Santo Domingo, que cruza la ciudad de este a oeste, tomada el 14 de enero a las 19:20 hora local (23:20 en Canarias), cerca de su intersección con la avenida Ortega y Gasset]

Después de un par de semanas preparando la partida hacia tierras caribeñas, ha llegado el momento de abandonar Gran Canaria y tomar un par de aviones hacia Santo Domingo, lo que haré dentro de, más o menos, siete horitas. Si todo va bien e Iberia y la climatología en Barajas lo permiten, unas trece horas después de dejar esta isla estaré en otra, en la que espero vivir alrededor de un año.

Las próximas jornadas serán las de la llegada, la búsqueda del alojamiento, la adaptación al país, a la ciudad, al clima, a la gente o al trabajo y, después, las de conseguir un transformador de corriente y una conexión a Internet para poder navegar fuera de las horas de oficina, así que espero que me sepan perdonar si tardo en publicar los comentarios o estoy más callado de lo que me gustaría.

Mientras me asiento en el Nuevo Continente, me comprometo a ir recogiendo todo el proceso por escrito en mi cuaderno y volcarlo en este blog en cuanto tenga ocasión. Porque, ahora sí, comienza la aventura.

Por favor, deséenme suerte.

Poco después de decirme que iba a pasar este año en Santo Domingo, me recomendaron que concertase una cita en el servicio de Sanidad Exterior, ya que, aunque el Caribe no es considerada una zona de riesgo sanitario, siempre es conveniente asesorarse sobre cuestiones como las precauciones a tener en cuenta a la hora de consumir agua o ciertos alimentos.

jeringuillaAl salir de la cita, tras recibir la recomendación de ponerme cuatro vacunas diferentes y pincharme una de ellas -la de la fiebre tifoidea-, daba las gracias porque la República Dominicana no fuese considerada un destino de riesgo, ya que en caso contrario no sé cuántas vacunas habría tenido que sufrir. Apenas una semana más tarde me inmunizaba también contra el tétanos y las hepatitis A y B en el Centro de Salud que tenía al lado de casa.

Junto a las vacunas me dieron varios folletos con las recomendaciones habituales para viajes a este tipo de destinos: beber únicamente agua embotellada, evitar los puestos callejeros de comida, tener cuidado con la leche, el hielo, las frutas y verduras o llevar repelentes de mosquitos y antidiarreicos.

Hace un par de días fui a mi médico de toda la vida para que me recetara un antidiarreico e ibuprofeno para las cefaleas y salí de la consulta con una lista de más de siete medicamentos para tratar las afecciones más habituales en este tipo de desplazamientos y sus correspondientes indicaciones.

Total, que después de ir a la farmacia con una lista de la compra, al ir a guardar las medicinas en la maleta, me di cuenta de que había olvidado comprar el repelente de mosquitos. Un despiste imperdonable dada la afición de estos insectos a alimentarse con mi sangre.

Sigo pensando que voy a un destino sanitariamente seguro, sólo que, al ser tan diferente a nuestro entorno habitual, pecamos de un exceso de celo preventivo. Claro que, más vale prevenir...

[Fotografía de ronnieb/Morguefile]