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Archivos Diciembre 2008

Desde que, a mediados de julio, me comunicaron que mi destino para 2009 iba a ser la República Dominicana, una de las cosas que tuve que escuchar en más ocasiones fue que debía armarme de paciencia a la hora de tramitar el visado y, además, hacerlo cuanto antes, ya que la burocracia caribeña suele tomarse todos sus trámites con paciencia.

Durante los más de dos años que he vivido en Madrid he tenido que soportar a algún que otro peninsular que, intentando hacerse el gracioso, comentaba que en Canarias nos lo tomamos todo con calma y trabajamos mucho menos que en el resto de España, porque el calor nos deja aplatanaos. Nada más lejos de la realidad. Es cierto que, por lo general, nos tomamos la vida de forma más tranquila; con menos estrés, pero ello no tiene por qué implicar un aplatanamiento y una menor productividad.

sellos pasaporteY pensé que algo de eso debía haber en el tópico de la lentitud de la burocracia caribeña. Sobre todo, cuando a finales de septiembre, en el Consulado General de la República Dominicana me informaron de la documentación necesaria y los plazos para la obtención del visado, cuyo tiempo máximo de tramitación oscilaba entre los 15 y 20 días, tal y como aseguraban en su web.

A pesar de que aún disponía de casi tres meses, empecé a recopilar la documentación necesaria para ir ganando tiempo. Hice bien, porque tardé más de tres semanas en conseguir un certificado de antecedentes penales y legalizar su firma. Para ello, tuve que ir dos veces a las oficinas del Ministerio de Justicia -aunque sólo fuera para llevar el papel de una mesa a la de al lado y que le pusieran un sello- y una tercera al de Asuntos Exteriores, donde, aunque es necesario tener cita previa, pasé más de tres horas -una de ellas bajo la lluvia- para cumplimentar un trámite de menos de un minuto.

En cambio, al día siguiente de presentar toda la documentación en el Consulado me llamaron para decirme que tenía que necesitaba un documento más. Diez días después de entregarlo, ya tenía el visado aprobado y estampado en mi pasaporte.

Al final resultó que sí tenía que armarme de paciencia, pero no por la burocracia dominicana, sino por la española, lo que me hizo recordar unos viejos anuncios que proponían un Caribe contagiado del estrés del mundo occidental y llegar a la conclusión de que los tópicos casi nunca aciertan y que la ausencia de prisas por todo no significa incompetencia, sino una mayor calidad de vida, algo en lo que me parece que coincidimos la inmensa mayoría de los habitantes de tierras cálidas.

[Fotografía de kconnors/Morguefile]

Comenzar a escribir un blog supone adoptar un compromiso con sus lectores potenciales, ya que cuando se comienza un nuevo blog, su autor se compromete a tratar de contar cosas que puedan resultar interesantes y a hacerlo con una cierta regularidad. Si esa bitácora forma parte de una plataforma como la de Canarias7.es, el compromiso adquirido es aún mayor.

Hoy, después de haber pasado los últimos dos años y tres meses de mi vida en Madrid, yo asumo ese compromiso.

El próximo 12 de enero, exactamente 516 años y tres meses después de que Rodrigo de Triana gritase "¡Tierra a la vista!", volaré hasta la República Dominicana, en cuya capital, Santo Domingo, voy residir durante todo 2009.

Allí, espero aprender el duro pero gratificante oficio de corresponsal extranjero. Lo haré en la delegación del mayor medio de comunicación español: la Agencia EFE. Sin embargo, el tiempo -poco o mucho- libre quiero dedicarlo a observar el día a día de un país que es mucho más que Playa Bávaro y Puerto Plata. Mucho más que playas de ensueño y ron.

Armado con mi eterno bloc y el correspondiente bolígrafo, además de una flamante réflex y una pequeña videocámara digital, a partir del próximo 12 de enero, espero poder dejar constancia aquí de cómo es la vida diaria de un corresponsal en Santo Domingo.

Hasta entonces, -y si los compromisos de las próximas tres semanas me lo permiten- intentaré relatar cómo se prepara uno para vivir durante todo un año en el Caribe.

Éste es mi compromiso. En este momento, levamos anclas rumbo a La Española.

Sobra decir que están todos invitados a compartir la experiencia conmigo.

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