Después de una semana de vacablog y con un agudo dolor de cabeza, desempolvo este olvidado teclado para decir: Feliz 2008.
Anoche mientras comía una sopa calentita en medio del cumbrero frío de Valsequillo, la televisión sonaba sin parar de fondo a un volúmen quizás elevado y sin que nadie le prestara mucha atención. Eso sí cuando estaba en publicidad, aunque nadie le estuviese haciendo caso, alguna voz rechinchosa y jodelona decía: "Cambia ahí a ver que hay". Así que decidí bajarla para sacarla de la cena, pero no se si lo logré.
Con el caliente líquido en la tripita, todo se ve distinto. Reparé en que habíamos caído en la trampa de la televisión canaria. Minutos después Manolo Vieira se movía en el escenario dando brincos y con primeros planos de sus marcados gestos. Con el volúmen bajo Vieira parece un ser salido de algún lugar extraño. Quizá de una madroñera e incubado por un ser desconocido hasta el momento pero que sin duda era un progenitor de genios. Genios sin vergüenza y con la facilidad de trasladar la cotidianeidad al escenario.
He de reconocer que en el primer momento, aún sin emitir sonido el televisor, pensé que la historia de Manolo en fin de año estaba un poco cascada. El mismo humorista contando historias parecidas. Pero cuando empecé a escucharlo, Manolo volvió a hacerme reir con esa sonora carcajada del que le hace gracia la propia idiosincracia practicante. Un negocio que Manolo S.A. ha rentabilizado durante su carrera con la habilidad de un genial gestor.
Después poco más. Curioseé y puse las campanadas sobre anunciadas de televisión española. Desde Las Canteras y para todo el mundo. La consecuencia hoy es que "todo el mundo" se reiría del reloj tan cutre que pusieron. Además los presentadores no ayudaban y al son del compás de la desorganización y quién sabe si de los nervios de ser la cara de las campanadas de Canarias para todo el mundo no estuvieron a la altura y colmaron un tarro de banalidades absurdas con prisas tardías y dicción sobreexcitada.
En fin, que ya estoy de vuelta, disculpen la ausencia.