Acaba Noche Hache y me deja un buen sabor de boca. El late night de Cuatro está maduro, en el cenit. Sus secciones se fusionan sin aparente fricción y su habitualidad han hecho familiares a los humoristas que completan el espacio.
El tono político le otorga cierta calidad humorística que escasea en el panorama cómico actual, exceptuando ciertas gotas de Buenafuente. Eva Hache demuestra noche tras noche sus tablas, que la naturalidad es su mejor virtud y lo hace con excelencia. Habría que decir también que lo hace aunque su asesor de imagen la intente boicotear.
La clase de Marta Nebot, seria pero incisiva, la ironía de Ricardo Castella, que afila cada noche la política nacional, el absurdo de Queque, silencioso y matador, y la felicidad expresada de Julián López y sus brillantes aportaciones hacen que sea un rato agradable frente a la pantalla y que sirva para acostarse con una sonrisa en la boca.
Soy consciente de que no he nombrado a Javier Coronas, pero es de esos bichos televisivos con los que no puedo, de los que me sobran. Léase Miki Nadal...