Pasaban pocos minutos de las ocho de la mañana cuando el móvil sonó. Lo miré y me alerté. Cientos de muertos en Madrid en un atentado "sin autoría pero que apuntaba a ETA".
Dormía entonces en el Casco Viejo de Bilbao, en la calle Esperanza. Una amplia casa por la que corrí abriendo las habitaciones que encontraba en mi camino para despertar a todos y plantarnos frente al televisor. Cuatro vascos y un canario veíamos las sangrantes imágenes en todos los canales que existían. Comentábamos el hecho. El canario, yo, era el único incomprendido. No podía entender cómo no aceptaban que ETA había cometido una salvajada de tamaño desconocido hasta el momento. Ellos, los cuatro vascos, negaban la mayor y decían que era imposible. Mi desesperación me llevó a desayunar fuera de casa. Un pincho de tortilla alimentó mi alma antes de volver para afrontar una discusión que me apetecía tener. Para entonces Arnaldo Otegi estaba en la pantalla y negaba la autoría de ETA. Todos me decían: "¿Ves? ¡Y no lo creías!". Acomplejado pensaba que Otegi no era ninguna referencia vital, ni me aportaba nada de confianza.
Julen, uno de mis amigos, me decía que "sobre ETA quieras o no, Otegi sabe más que tú". Retorcidas pero sabias palabras. Luego lo que todo sabemos. Cada vez más la balanza se inclinó hacia los fundamentalistas islámicos, lo reconocieron y lo hicieron público. Desde entonces la estrategia del Partido Popular marcó durante los siguientes años a todos y cada uno de los ciudadanos vascos. Un amigo tuvo que salir a toda prisa de Madrid porque corría el riesgo de ser pateado. Otro fue a una manifestación contra los atentados y escuchó fuertes insultos contra el conjunto de los vascos.
Fue un día de tensión en Bilbao que nunca olvidaré. Caras, gestos, miradas, acciones. Manifestación a las ocho frente al Ayuntamiento en repulsa y conta el atentando. Todo Bilbao estaba allí, excepto los etarras que no estaban y el Partido Popular que marchaba en otra calle de la ciudad manifestándose por la constitución y la libertad.
El PP, sumido en una realidad paralela, se distanció del Gobierno y acabaron rompiendo el pacto antiterrorista. El PSOE que creía que el atentado de Madrid fue obra de los islamistas fue por un lado y los populares, que piensan que ETA tuvo algo que ver, se fueron por otro.
Ayer se acabó esa diferencia. Otra muerte les unió. Todos los partidos reaccionaron serios y unidos contra el terrorismo. Pena que haya sido un asesinato lo que haya hecho reacción sobre la herida abierta y haya forzado una cicatrización débil por ahora, pero que hace las labores de torniquete eventual.
Por la vida de Raúl Centeno y todos los que ya no están, tienen que ser un frente unido únicamente contra la violencia, nunca contra las ideas.
PD: Sería justo en cada mención a los asesinos separarlos explícitamente del resto de la sociedad vasca. Democrática, noble, humilde, sentida, trabajadora, siempre está fajando por los derechos de todos los ciudadanos. Todos y cada uno de los vascos no tienen nada que ver con los cobardes terroristas de ETA.