Mahoma, ese osito de peluche
Ni Dios, ni Mahoma nos van a salvar de la rocambolesca historia de Gillian Gibbons en Sudán. Ni tampoco de muchas viñetas similares que nos van a impactar en el continuo choque de culturas al que nos dirigimos. Me imagino que la salvación estará en el arte para evitar los obstáculos que sitúan los fundamentalistas (tanto católicos como islamistas) para levantar foros de discusión dónde debían haber lazos de amistad.
Mahoma, ese peluche desconocido por ahora, es el último bastión para levantar una cortina de humo tras la cual se oculta la reivindicación del respeto hacia la religión por parte de una sociedad secularizada. Respeto necesario, pero reclamado de forma exacerbada e injusta.
El peluche con nombre tan polémico ha entrado en la agenda de Gordon Brown y también en la de su ministro de exteriores. Ha hecho que occidente mire hacia Sudán no por su guerra, ni por la hambruna que padecen la mayoría de sus habitantes, sino por el nombre que democráticamente eligieron los alumnos de un colegio. Falta de respeto grave, dirán algunos. Problema ínfimo comparado con las necesidades vitales existentes, pienso yo. Llaménme raro, ateo o lo que quieran pero habría que primar la importancia de la vida antes que motivos religiosos ligados al fundamentalismo practicante en Sudán.
Mahoma es un buen nombre para un oso de peluche, igual que Jesusito para un loro o Rouco para un perro. Haciéndo mía una frase de Fernando Delgado "que Mahoma nos salve de los defensores de Mahoma".



Comentarios
No ddebería insultar a Mahoma señor. No es nombre de oso.
Publicado por: Mustafah | 30 de Noviembre 2007 a las 09:43 AM