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Aterrizar en Gran Canaria

aeropuero.jpgAterrizar en Gran Canaria es especial. Vale que el paisaje no es el más agradable, pero el brusco giro que hace a la derecha antes de enfilar el aeropuerto de Gando es característico de nuestra Isla, y hace que el cerebro, al menos en mi caso, genere algún tipo de química que hace sonreir, y que mi felicidad aumente.


He aterrizado en Roatan, Honduras, casi sobre un arrecife en medio del mar; En Bilbao sobrevolando un cementerio a apenas unos metros antes de poner rueda en tierra; En Guatemala City sobrevolando los techos de las casas que rodean al aeropuerto, que está en medio de la ciudad. En Santo Domingo por una avería técnica, y en Madeira para repostar porque llevaba más peso del permitido. Es peculiar el aterrizaje de La Laguna, en Tenerife, y también el de Mazo en La Palma. En El Aioun parece que el avión se va a posar sobre las dunas, y en Smara, en el Sáhara, el aeropuerto está sobre tierra, casi sin asfalto. En San José, en Costa Rica, es muy sobrio, y en San Salvador, El Salvador, casi mejor ni hablar.

Distintos, peligrosos, lujosos, clandestinos, de tierra, sobre el mar, pequeños y gigantes, cada uno tiene lo suyo, pero uno sabe que está aterrizando en Gran Canaria por el brusco giro que le encamina hacia la recta de Gando. La reminiscencia entra entonces en escena; Es una palabra que genera sentimientos, una cualidad que no todos los vocablos logran alcanzar.

Con todo esto quiero decir que después de un breve parón vacacional ya estoy aquí, y aunque me queda algún paseo por el aeropuerto he vuelto con fuerzas y ganas de retomar la actualidad y la televisión con crítica, opinión, acidez, humor e ironía.

Buenas tardes.

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