Hace dos o tres años, cuando vivíamos en la burbuja del crédito fácil y el despiporre consumista, el actor Carlos Hipólito cosechaba éxitos por los escenarios con El método Grönholm, una comedia en la que un grupo de personas se enfrentaban a un proceso de selección para conseguir un jugoso puesto de trabajo. Para ese fin, cualquier medio valía, aunque fuera apelando a las bajezas que dicen que cada uno de nosotros lleva dentro. El texto fue definido como un perfecto reflejo de la deshumanización del capitalismo.
Ahora, con las cosas como están (esto ya casi suena a eufemismo), podremos ver a Hipólito en el Teatro Cuyás como parte de la nueva versión de Glengarry Glen Ross, del inmenso David Mamet (en la foto). Es, también, una obra coral, en la que el capitalismo vuelve a dar muestras de sus mecanismos despiadados. Sólo que ahora, signo de los tiempos, los personajes no compiten para que les contraten, sino para conservar su puesto de trabajo. El que no cumpla con las expectativas de ventas, a la p*** calle (la expresión no es gratuita, ya en su día el texto de Mamet escandalizó a algunos por su impactante número de "fucks" por minuto).

Parece mentira, pero Mamet escribió Glengarry Glen Ross en los años 80, y en este 2010 no hay nada más tristemente vigente que ver a todos estos promotores inmobiliarios desesperados por vender unas parcelas que no interesan a nadie.
Por cierto, que este fin de semana la oferta teatral en LPGC tiene doble lucimiento, con la mediática visita de Maribel Verdú y Aitana Sánchez-Gijón al CICCA y al Auditorio de Teror con su Un Dios salvaje.
Puede haber tiempo para todo, pero si hay que elegir (y esto es apelar al gusto personal), donde aparezca un Mamet, prefiero dejar todo lo demás en segundo plano.
De despedida, aquí va un momento memorable de la excelente versión cinematográfica de Glengarry Glen Ross, protagonizada por Al Pacino, Jack Lemmon, Ed Harris, Alec Baldwin y Kevin Spacey, entre otros. ¿Probablemente el reparto más impactante de la historia?
