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Novedades en la categoría cómic

Es inevitable que miremos a nuestras generaciones más jóvenes con una mezcla de envidia por la facilidad con la que han integrado en sus vidas un montón de cosas que nunca tuvimos (¡La de maravillas y perrerías que habríamos hecho de pequeñajos si hubiésemos tenido Internet!), y lástima por la de cosas que se están perdiendo.

Entre estas últimas, considero que los niños de hoy en día serían un poco más felices si tufviesen el aliciente de ir al kiosko cada semana a por una publicación en la que pudiera encontrarse con nuevas aventuras de Rompetechos, Las Hermanas Gilda, Zipi y Zape, Anacleto, Mortadelo y Filemón, el Botones Sacarino, Sir Tim O´Theo etc.

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Aquellas revistas tenían todas un denominador común, venían publicadas por la Editorial Bruguera. Al ver ese icónico logo del gato negro, sabíamos que teníamos por delante la garantía de una diversión a nuestra medida (ni demasiado simplona, ni excesivamente pretenciosa), a cargo de algunos de los mejores artistas del cómic de nuestro país.

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Han pasado los años, y de aquellos días de gloria apenas perviven los cómics de Mortadelo y Filemón y alguno que otro de Super López (todos ellos publicados en álbumes completos de publicación más esporádica). Los méritos de todos aquellos artistas siguen sin estar del todo reconocidos, como si su puesto fuera una eterna segunda división del cómic, muy por debajo de los que se dedican a dibujar cosas "más serias". Con el tiempo, también hemos aprendido que Bruguera no era esa Disneylandia cañí que todos los niños queríamos imaginar, y que algunas de sus maniobras empresariales eran, cuando menos, singulares (aún recuerdo el shock de ver cómo desaparecían de repente todas sus publicaciones, tras el cierre inesperado de la editorial, y la de meses que tuvimos que estar esperando a que alguien como Francisco Ibañez recuperase el derecho de volver a dibujar a Mortadelo y a otros personajes que él había creado).

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Por eso hay que tomarse como un pequeño milagro el hecho de que el cineasta Óscar Aibar se haya atrevido a recrear en una película algunos de los entresijos de aquella editorial, centrándose en uno de sus empleados más fascinantes, Manuel Vázquez (al que da vida Santiago Segura, en un acierto total de casting).

En El Gran Vázquez descubrimos que el artista era tan fascinante como sus inmortales personajes. Un hombre que era un ejemplo andante de la picaresca española, y de la anarquía en el más amplio sentido del término: acumulaba esposas e hijos, era un moroso profesional, y llegó a "matar a su padre" dos veces para conseguir adelantos económicos de la editorial. Por algunas de esas pillerías llegó a pisar la cárcel en un par de ocasiones, pero su genio y carisma era tal, que al salir los propios que le denunciaban estaban dispuestos a acogerle en su seno dándole la enésima oportunidad. Él, con todos sus defectos y todas sus virtudes, podría ser el auténtico gato negro de Bruguera.

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La película no tiene desperdicio para los que recordamos con cierto cariño aquellos cómics, y además nos obsequia con un retrato adicional de Francisco Ibañez, como personaje secundario, cuya amistad con Vázquez queda plasmada con gran ternura. Tan embobado estaba al ver en la gran pantalla a todos esos artistas y personajes que marcaron mis años mozos, que ni me dio tiempo para valorar si se trata de una buena película o no. Si el grado de felicidad con el que se sale del cine es el baremo, entonces se trata de un auténtico peliculón.