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Archivos Julio 2011

Como comentábamos en la anterior entrada de este blog, los grancanarios llevaban demasiado tiempo sin echarse un artista "multinacional" a la boca (el conciertazo de Patti Smith este año debería de contar, pero me temo que su magnetismo sólo funciona entre las grandes minorías, nada suficiente como para llenar un estadio). Por tanto, el peso específico de Sting ensombrece cualquier pega que se le pudiera poner pegas al formato con el que nos visitó.

Admitámoslo, esto de incorporar una orquesta sinfónica a un repertorio pop -por muy variados que sean los ejercicios de estilo que ha realizado Sting a lo largo de su carrera- no deja de ser un capricho que le estamos pagando al contado número de artistas que pueden permitírselo. Lo hicieron en su día los jevis Metallica, y el pasado año pudimos ver cómo se lanzaban a ese campo Peter Gabriel (con una aproximación más oscura y profunda, y por tanto menos vendible) y nuestro ya amigo Sting. Mientras tanto, tenemos que comprobar como muchos artistas indies, o de alcance medio se tienen que resignar a reducir bandas, o a hacer giras acústicas en solitario para que los programadores se animen a costear sus conciertos en estos tiempos de crisis. Parece que la ley de los mercados también se aplica al mundo pop.


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La Orquesta Filarmónica de Gran Canaria realizó un trabajo impecable, reconocido por el propio Sting, según cuentan quienes hablaron con él. Pero eso no quita que el invento resultaba infernal e innecesario en muchas ocasiones, con arreglos que no distaban mucho de esos infames discos de arreglos orquestales de éxitos que podemos escuchar en ascensores y en restaurantes chinos con crisis de identidad. Sólo que, amigo, al frente de esos arreglos está un Sting impecable en el apartado vocal, y encima estamos hablando de un puñado de canciones que se han ganado justamente un hueco mayúsculo en la cultura popular internacional.

Vamos, que si se pudiera elegir, hubiese preferido ver al señor Summers con cualquiera de las formaciones que le acompañó en previas giras (me viene a la mente esa en la que le acompañaban el inmenso Vinnie Colaiuta a la batería, David Sancious al teclado, y Dominic Miller -este sí que vino a Gran Canaria- a la guitarra). y no me pido a los otros dos miembros de The Police para no pecar de ambicioso.

Funcionaron los temas que ya tenían ADN orquestal:La versión de Russians rescató de forma impactante las melodóas de Serguéi Prokófiev que le sirvieron de inspiración; los pizzicatos que sujetan la muy celebrada Englishman in New York sonaron más solemnes que nunca (no dejaba de resultar curioso escuchar cómo las improvisaciones jazzísticas al saxo soprano que realizaba Brandford Marsalis en la versión original, eran aquí sustituidas por una más académica interpretación de un clarinetista de la orquesta); Moon over Bourbon Street se las arregló para conservar su aire nocturno y sugerente; la sección de cuerdas supo imprimir las esencias orientales que precisaba Desert rose; y las bonitas Fields of gold y Shape of my heart (en la que lució a sus anchas la guitarra acústica de Dominic Miller) se dejaron envolver por un colchón orquestal que les venía muy bien.

Otros momentos fueron mucho menos lucidos en la transición hacia el formato sinfónico, sobre todo cuando se trataba de abordar el sacrosanto repertorio de The Police No convenció lo de poner a prueba el sentido rockero de la orquesta, ni más ni menos que con Next to you el punkarra tema que abría el disco de debut del oxigenado trío; Roxanne salió adelante por su condición de clásico indiscutible, pero su energía original quedó diluida entre demasiada floritura orquestal innecesaria (eso sí, le alabo el detalle al diseñador de luces, que optó por hacer caso al estribillo de la canción, tiñendo de rojo el escenario. "Put on a reeeeed light!").

Luego están los temas que ya tenían poca salvación de entrada. Sting nos ha regalado composiciones de oro en sus más de tres décadas de carrera, pero también ha cometido algún que otro atentado contra el rock and roll, y en su concierto grancanario decidió rescatar dos de los más imperdonables: When we dance y This cowboy song (esta última con algún baile celta incluido, para más inri).

Pero nada de esto nos podía preparar para el momento más matador de la noche. ese dueto con la corista Jo Lawry en Whenever I say your name al que no le faltó ni uno solo de los peores tics de la escuela Operación Triunfo (impecablemente interpretado, eso sí). Y es que el bueno de Sting, cuando no tiene a alguien como Stewart Copeland vigilando sus espaldas, puede tener irreprimibles tendencias a perderse en el horterismo ilustrado.

No se quejará Sting del entusiasmo del respetable. Coreó cuando fue invitado a ello, y saludó con gritos de aprobación los primeros acordes de cada una de las canciones célebres (casi todas). he leído y escuchado algún que otro comentario en contra de este comportamiento. ¿Qué esperaban?. Aunque estuviera la gente sentada, y a pesar del caracter sinfónico de la cita, estábamos en un estadio celebrando el repertorio de alguien que se labró su fama en el marco del rock. Si quitamos ese tipo de respuesta y obviamos esas circunstancias, poco nos quedaría para acordarnos de por qué le rendimos tanta pleitesía a Sting en su momento.

Al final, cuando los aplausos forzaron un ultimísimo bis, cayó un Message in a bottle en versión a solas con la acústica. Y funcionó, vaya si funcionó. Porque cuando se tiene voz, carisma, y una buena canción, hasta con un acompañamiento de zambombas puede funcionar la cosa.

Pues ya vino Sting, tocó, y a tenor de la reacción de las 12.000 almas que acudieron al Estadio de Gran Canaria, venció.

Como por desgracia las figuras de relumbrón mundial no se dan codazos por tocar en Gran Canaria (es más, hay que pagarles bien por encima de su caché para que se dignen a buscarnos en el mapa, pero eso es otra historia), el público isleño se toma este tipo de conciertos como si de un evento social se tratase. Da igual si el artista es de tu devoción o no, la cosa es ir, que lo de no ser visto en la "gran noche musical del año" sería imperdonable. Esto era especialmente notorio en la zona del cesped, donde se dispusieron nueve barras que no paraban de servir copas, y donde esas pistas de atletismo que tanto enfrían los partidos del "equipillo amarillo" servían de gran salón para el esparcimiento general en la previa del concierto y en el intermedio. Tan bien se lo estaban pasando todos, que casi se diría que no les importó la media hora de retraso que sufrió el inicio del concierto.

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Menos llevadera era la cosa para los que estaban en las gradas, que al ser más y tener menos bares tuvieron que soportar largas colas para adquirir una cervecita que saciara su sed de una noche de verano. Esas colas, el mentado retraso, y las congestiones generadas en los limitados accesos han llevado a muchos a enmendarle la plana a la organización. Como cada cual juzga el concierto que vive, yo he de decir que la organización vista desde la zona del cesped fue mucho más loable. Los que accedíamos por la zona de los medios de comunicación pudimos pasar por el siempre engorroso proceso de las acreditaciones sin apuros y en un clima de total cordialidad. Además, la cantidad de facilidades ofrecidas a los redactores para que pudieran ejercer su labor fue muy superior a lo que suele ser moneda de cambio en los conciertos de pop (las mayores restricciones las tuvieron los periodistas gráficos, que tuvieron que estar delimitados en sus jaulas y que sólo tuvieron dos canciones para disparar sus objetivos, pero eso es exigencia habitual de muchos artistas).

En las gradas era donde estaba el grueso más entusiasta del público. Más de uno había decidido celebrar la ocasión vistiendo con orgullo su mejor camiseta de The Police. No ví a nadie portando camisetas del disco Symphonicities, o de ese engendro de canciones "invernales" llamado If on a winter´s night, lo cual viene a desvelar que 1) el señor Sting no nos llega en su mejor momento artístico (si me preguntan, estimo que no ha firmado un disco decente en estudio desde hace 12 años) ; y 2) que los que allí estaban no le iban a echar en cara los pecados musicales recientes.

Y ya que hablamos de música... ¿Cómo fue el concierto?


Continuará