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Una calle para El Guincho

Que se vayan preparando nuestros políticos del 2040, porque a alguno de ellos les va a tocar dedicarle una calle, o un auditorio, a Pablo Díaz-Reixa, alias El Guincho. No en vano, a sus 26 años se ha convertido en el músico canario de alcance más internacional desde... ¿Alfredo Kraus, tal vez? Partiendo de un terremoto creado entre las tribus blogueras independientes, el nombre de El Guincho es ahora mencionado con soltura en cualquier publicación musical del mundo. Esos mismos medios ya proclamaron que su debut (Alegranza, 2007) era la respuesta tropical a lo que andaban haciendo Animal Collective y su miembro más ilustre, Panda Bear. Nosotros, desde la ultraperiferia macaronésica, sólo podíamos hincharnos de orgullo al saber que el disco contenía algún que otro fragmento de un disco de Los Gofiones, y títulos tan nuestros como Kalise o Palmitos Park.

Ahora que llega el momento de la reválida, nos encontramos con un Guincho evolucionado, que casi parece renegar de muchas de las cosas que eran tenidas como virtudes de Alegranza.

Para empezar, en Pop Negro no hay sampleados que valgan, y las repeticiones obsesivas que conformaban gran parte de sus atmósferas han desparecido para dar paso a primorosas estrofas y estribillos que beben del pop en casi todas las mutaciones posibles del término. Por desgracia, también se han acabado las referencias a la cultura popular canaria, probablemente porque ya es más ciudadano del mundo que otra cosa. Escuchando este nuevo disco, también podemos confirmar que el sonido casero no formaba parte de las intenciones estéticas de Díaz-Reixa, sino que obedecía a una cuestión de medios e inexperiencia. Grabado a medio camino entre Berlín y diversos estudios españoles, Pop negro no escatima en trucos de producción que cohesionan su multitud de sintetizadores, percusiones electrónicas, guitarras de vocación africanista, y unos bajos que podrían haber salido de los primeros discos de Jamiroquai (gran trabajo del co-productor Alejandro Mazzoni a las cuatro cuerdas).

El Guincho.jpeg


Desde la seguridad del que sabe lo que se trae entre manos, Díaz-Reixa ha citado influencias tan poco probables como Mariah Carey, o las viejas producciones de Paco Trinidad para Luz Casal (aunque, ahora que él lo dice, muchos de sus temas nos traen a la memoria a Los Especialistas, otra banda que hace casi 20 años pasó por las manos de Trinidad). Sin llegar a ser un disco ochentero, la sombra de la música española de esa década planea por el disco (Muerte Midi llega incluso a hacer una cita más que explícita del Veneno en la piel de Radio Futura).
Pero limitar Pop Negro a sus especificidades sónicas sería infravalorar el floreciente talento de el Guincho. Lo más notorio está en la factura de unas canciones que consiguen ser pegadizas sin escoger en ningún momento el camino fácil. Las letras -ininteligibles en el debut- han pasado a convertirse en otro elemento esencial, sugerentes, y con un sentir muy contemporáneo.


Nos vemos en la Calle Ell Guincho, dentro de unos añitos.

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