La excursión de The Birkins y The Birkinettes a Cádiz se salda con un buen almuerzo. ¿Dónde come uno cuando se encuentra en una ciudad desconocida y se empieza a acercar la hora del cierre de cocina? Optamos por lo seguro, preguntando al dependiente de una tienda de souvenirs, y bien cerquita de una zona agradable y céntrica (con vistas a la catedral). Seguro que con más tiempo y acumulando consejos locales habríamos acabado en un sitio mejor, ese típico restaurante que tienen todas las ciudades: barato, puro, y apartado del punto de mira inmediato de los turistas. Pero hoy somos turistas en el más puro sentido del término, con un solo día para ver lo que la ciudad nos pueda ofrecer. En cualquier caso, el sitio ofrece delicias andaluzas varias, y el mejor salmorejo que hemos comido hasta hoy.
Hace demasiado calor como para aguantar sin rechistar el callejeo que nos estamos pegando, pero también da pena dejar escapar así como así el día libre. Habrá que solucionarlo reanimando nuestra maltrecha tensión con un parada cafetera de vez en cuando.
Tras una decepcionante parada en el Teatro Romano (en obras, mal equipado, y rodeado de edificios), nuestras tropas se topan con una boda andaluza a la que no falta ni un sólo detalle cañí. No estamos invitados, pero no podemos evitar quedarnos a ver algunas de las sevillanas que los invitados dedican a los novios a la salida de la iglesia.
Nuestra intención es acabar la noche con una cena en el Venta Cecilia, al que no volvíamos desde nuestro segundo día en el estudio. Hay que reservar mesa, y decido que puede estar bien pedirla a nombre de "Los Birkins". Riesgos que corre uno, porque al llegar comprobamos el riesgo de pedir algo a nombre de una banda que dista mucho de ser conocida.
¿Y si nos cambiamos el nombre a "Lolbirquin"?

































