Nos ha dejado el gran Hank Jones. 92 años repletos de jazz de altura. Para el recuerdo nos quedarán su multitud de grabaciones históricas -incluyendo el fantástico Kids (2007), grabado a dúo con Joe Lovano-, y la actuación que realizó hace menos de un año en el Auditorio Alfredo Kraus (dentro del Arrecife de las Músicas) gracias a la cual tuvimos ocasión de disfrutar de la leyenda a pocos metros de distancia. Allí vimos a un Jones que, al adentrarse en el escenario, mostraba toda la fragilidad propia de un nonagenario. Todo cambiaba en cuanto posaba sus manos sobre el piano. Su rostro se iluminaba, y del instrumento brotaba pura sensibilidad y sabiduría.

Esa visita también sirvió para que quien les escribe gozara del privilegio de tener un breve encuentro con él para una entrevista que acabó publicándose en la edición impresa de este periódico y que ahora recupero en este blog a modo de homenaje. Un documento al que guardaba especial afecto, y en el que Jones nos confesaba sentirse feliz por el hecho de seguir vivo y en activo. Puede parecer que sus planes de vivir 200 años más acaban de verse frustrados, pero si hablamos del impacto de su legado, seguro que el hombre no andaba desencaminado.
¿Cómo ha conseguido seguir activo y mantenerse en tan buena forma?
Simplemente mantengo el interés en lo que hago. No fumo, no bebo, no tomo ningún tipo de drogas y jamás lo hice. También tengo fuerza adicional por el hecho de ser cristiano.
¿Qué tal se encuentra ahora, por cierto?
Me encuentro muy bien. ¡Sigo aquí! De hecho, planeo seguir rondando por aquí durante los próximos doscientos años.
¿Cuál es la lección vital más importante que ha aprendido?
Estar siempre preparado.
¿En qué aspectos se considera mejor músico ahora que, por ejemplo, hace treinta años?
Sé más sobre armonía y tengo mejor gusto musical.
A lo largo de los años se ha mantenido fiel a su estilo clásico. ¿No se veía intentando adaptarse al jazz fusion y a sus muchas ramificaciones?
Respeto a la gente que hace eso, pero no forma parte de mis gustos. La gente tiene el derecho a tocar aquello que les haga disfrutar.
¿Y qué me dice del free jazz?
La música debería de tener melodía, ritmo y armonía. La coherencia es la madre del cordero. Tocar de manera aleatoria no es algo necesariamente lógico.
¿Cómo era tocar junto a Charlie Parker? ¿Resultaba difícil de seguir cuando improvisaba?
¡Era algo excitante! No era difícil de seguir en absoluto. Lo que él hacía tenía sentido lo tomaras por donde lo tomaras.
¿Quién es para usted el músico más talentoso o importante de la historia del jazz?
Tendría que decir, sin duda, que Art Tatum. Él fue el gran precursor del bebop; sus elecciones armónicas se anticiparon a ese estilo y acabaron ejerciendo una influencia crucial.
¿Y qué talento olvidado debería de haber recibido mayor reconocimiento en su día?
¡Hay demasiados como para siquiera tratar de mencionarlos! (risas)
¿Cómo compararía a los músicos jóvenes de hoy en día con aquellas grandes leyendas a las que conoció en los 40, los 50 y los 60?
Habiendo conocido, escuchado y tocado con los grandes músicos de mi tiempo, no podría decir que haya ahora gente que se les pueda comparar. Al menos que yo sepa.
Teniendo en cuenta que su padre no quería que tocase jazz, resulta irónico que tanto usted como sus hermanos Thad y Elvin acabaran convirtiéndose en músicos brillantes. ¿Cambió su padre de opinión cuando pudo escuchar vuestros logros?
Creo que mi padre lo acabó tolerando. Vivió para verme ganarme el sustento con el jazz, pero no llegó a ver cómo Elvin y Thad hacían lo mismo, ya que ellos eran más jóvenes.
¿Qué le hizo elegir el piano como instrumento?
Curiosamente, no fue una elección mía. Mi madre y mis hermanas tocaban, así que todos recibíamos clases del mismo profesor. No se me ofreció ningún otro instrumento. Era piano.... o piano. (risas)
Una de las últimas acciones de George W. Bush como presidente fue otorgarle la Medalla Nacional de las Artes. ¿De que hablaron cuando se encontraron?
Fue tan sólo una charla casual, nada profundo. Creo que me dijo: «sigue así». Es curioso, pero me dio la sensación de que conocía y apreciaba lo que yo hago.
Habiendo sufrido los tiempos de la segregación, ¿cómo se siente al ser testigo de la llegada del primer Presidente negro en los Estados Unidos?
Es un logro histórico. Significa que hay una mayoría de personas que se preocupan por lo que haces y no por el color de tu piel. Hice dos conciertos benéficos para Obama, y creo que va a ser un gran Presidente.
¿En qué medida cambió su vida como músico profesional cuando la segregación comenzó a remitir?
Como yo no trabajaba en el sur, mi vida tampoco tuvo que cambiar tanto. En Nueva York, nadie tenía que acceder al escenario desde la cocina, al menos no en los sitios donde yo toqué.