
La voz de Chavela Vargas interpretando la inolvidable canción popularizada por Vicente Fernández anunciaba el pasado sábado 20 de junio un regreso que había despertado una enorme expectación. Los Coquillos, grupo que durante la década de los 90 forjó himnos que aún permanecen en la memoria colectiva de Canarias, saltó al escenario para reencontrarse, primero con el proyecto, aparcado desde hace casi un lustro; luego con un público entregado a la causa y que se citó multitudinariamente -no cabía un alma en el anexo de la Plaza de la Música-; y por último con un repertorio en el que no hubo espacio para experimentar, sólo para los clásicos, algo que agradeció el público, hambriento de coros reconocibles.
El Festival Artemi propició este primer encuentro de Los Coquillos y también dio la alternativa a otros cuatro proyectos nacidos en Canarias. Un cartel exclusivamente local que contó con una producción impecable y que descubrió un nuevo espacio para los conciertos al aire libre. La explanada de la Plaza de la Música se presenta como un lugar idóneo para este tipo de encuentros.
La noche comenzó con altas temperaturas sobre el escenario con la actuación de un combo forjado en el barrio de Guanarteme, Los Hijos de Conchita Bugalú. Trece estupendos músicos para una banda que homenajea como pocos a un estilo poco conocido en esta parte del planeta y en el que se fusionan el soul, el funk y los ritmos latinos. Estupendas secciones de metal, de percusión y voces y una selección de temas y versiones algunas sorprendentes, con el Fire de Jimi Hendrix pasado por la batidora del latin jazz.
Marvel Hill presentó en Gran Canaria alguno de los temas de su próximo disco. Rock enérgico y de guitarras reviradas y un futuro más que prometedor. Una pena el sonido, que no les acompañó hasta casi el final de su concierto, de lo mejor de la noche, sobre todo el tema con el que cerraron su actuación.
The Mistake es puro nervio. Estos cuatro tinerfeños (Dani, Bruno, Jorge y Cas) están a punto de terminar la grabación de su cuarto disco tras la publicación en 2007 de Anticongelante (B-Core), disco que cimentó su actuación, eso sí, salpicada con algún tema de su próximo trabajo. Excelente directo (no les acompañó un buen sonido, al igual que a Marvel Hill), repertorio y actitud. Uno de los mejores grupos que transitan por el cada vez más interesante circuito canario.
De Soto completó la noche demostrando oficio y muy buenas maneras (tiene una excelente banda detrás). Este veterano músico curtido en mil batallas ha reconducido su carrera hacia un terreno más versátil lo que facilita puentes de comunicación con una audiencia complicada como la del pasado sábado, que esperaba con impaciencia la aparición sobre la tablas de Los Coquillos. Pero De Soto supo navegar con buen tino y completó una actuación notable y además, con un buen sonido.
Y para terminar, Ginés, Miguel, Andrés y Miguelo, de riguroso negro, congregados con nervio y la ilusión de los principiantes a los pies de la escalera hacia el escenario con una sonrisa en la boca que lo decía todo. Felicidad en el seno de la banda por Volver y locura entre las primeras filas de un patio de butacas que llenó el aforo como en las grandes ocasiones. Faltaron muchos temas, sí, en un formato de festival el tiempo es limitado y hubo escabechina. Pero no faltaron las canciones que tenían que estar, las que llevaron a este grupo a convertirse en un fenómeno singular, único. El cierre, con Borracho hasta el amanecer y La cabra de la legión, para enmarcar. La locura. Arrejuntarse para esto, Sí, sí, sí. El sábado toca Ingenio.
