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Archivos Abril 2009

Hace ya un par de semanas (los días 3 y 4 de abril), se celebró en el parque de Santa Catalina La Caja Sonora, un concurso destinado a las bandas de rock locales y que en sólo tres ediciones se ha consolidado como una de las citas más importantes para los jóvenes de toda Canarias, por la oportunidad y por ser en su género el que mejores premios reparte. Auspiciado desde su génesis por La Caja de Canarias, hasta este año había contado con la colaboración del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a través de la Concejalía de Juventud. El concurso contó este año con la participación de más de 90 bandas (la relación se puede consultar todavía en su web www.lacajasonora.es). Un jurado especializado hizo una primera criba de la que salieron cuatro finalistas, que se disputaron sobre el escenario montado en Santa Catalina los dos premios en liza (seis mil y tres mil euros para el primero y segundo, respectivamente). Esto sucede durante la primera noche, que se cierra con la actuación de un grupo invitado (el primer año fueron Delinqüentes, el segundo Deluxe y este año, Zoo). La segunda noche, el concurso muta en festival con un cartel en el que además de la banda ganadora, se completa con bandas foráneas (Fito & Fitipaldis en su primera edición; Carlos Jean & Nawja Ninri, Muchachito Bombo Infierno, Rinocerose y Pinter Tones la segunda; y Fuel Fandango, We Are Standard y Gigoelectro Brass la tercera). The F.E.O.S. (giró recientemente por Berlín y Amsterdam), Oscartienelas (hizo lo propio por Nueva York, Los Ángeles y Tijuana hace dos semanas) y Line (finalista también de un concurso nacional llamado Festival Sin Códigos y respaldado por 40 Principales y Subterfuge Records) han sido las bandas ganadoras en sus tres ediciones.

Esta larga introducción, a modo informativo, me sirve para a continuación hacer una reflexión sobre la política cultural de las instituciones más cercanas a este proyecto y todo lo relacionado con la música popular contemporánea, léase rock.

Puede parecer casual, pero desde que La Caja Sonora se puso en marcha, los grupos canarios se han hecho visibles y han encontrado circuitos y proyectos que les dan cobijo. Han aumentado en Las Palmas de Gran Canaria los locales que ofertan música en vivo y que programan fundamentalmente con bandas canarias. Iniciativas como el circuito Dorada en Vivo han incluido en sus conciertos como teloneros a bandas locales; otras como Noches Artemi también funcionan exclusivamente con grupos de la tierra; un festival de la importancia de Eólica puso en marcha un proyecto similar, Recycle Demo, al que se presentaron más de un centenar de formaciones, de las que salieron dos elegidas (Karlovy Vary y The Good Company) para formar parte de un excelente cartel encabezado por Juliette & The Licks. El último Womad apostó en 2008 decididamente por cuatro proyectos canarios (The F.E.O.S., The Good Company, Mussa y El Guincho). Otros festivales (Aguaviva, Costa de Músicas, Fuertemúsica, Lebrancho Rock, Materia Viva) también confían en los grupos canarios...

Alguien podrá decir que los grupos ya estaban ahí desde hace tiempo, y no le faltará razón. Pero hacía falta un impulso similar al de La Caja Sonora para que todo lo demás sucediera, entre otras cosas porque durante los doce largos años de gobierno PPopular el rock acabó en las alcantarillas. Justo en el momento de su consolidación, de hacer más efectivo el apoyo y el respaldo institucional, ¿qué hace el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria? Se baja del carro, deja de empujar. La concejalía de Isabel Mena, que aportaba los 3.000 euros (¡¡¡3.000 euros!!!) del segundo premio, llamado al efecto 'Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria', se declara insolvente mientras su alcalde, el psocialista Jerónimo Saavedra (la gran ex-esperanza blanca), saca de la chistera -por arte de birlibirloque- ¡¡¡dos millones de euros!!! para que el Teatro Pérez Galdós pueda terminar la temporada, que nos cuesta a todos (subrayo y pongo en mayúsculas TODOS) los grancanarios ¡¡¡siete millones de euros!!! del erario público. Por cierto, dos millones de euros que se llevan crudos, sin dejar apenas poso en nuestra tierra, una orquesta rusa y la biznieta de Wagner a mayor gloria de la alta cultura. Eso sí, no tenemos ¡¡¡3.000 euros!!! para un grupo de cuatro jóvenes grancanarios, creadores locales, músicos también, que tratan de abrirse camino en un mercado sumamente competitivo y en el que los canarios aún lo tienen más difícil por no poder disputar en igualdad de condiciones las oportunidades de se le presentan a los grupos de la Península (ya saben, lejanía, insularidad, fragmentación del territorio). Eso a pesar de las medidas correctoras impulsadas desde el Gobierno de Canarias a través del programa Canarias Crea. Las distancias siguen siendo las mismas.

No me llamen demagogo, porque todo es cierto y se agrava con otras situaciones igualmente injustas y en las que el desequilibrio es vergonzante. Ejemplos: Festival de Música de Canarias, ocho millones de euros; Bienal de Canarias, dos millones de euros; Septenio, cuatro millones de euros; Orquesta Filarmónica de Gran Canaria, ocho millones de euros; CAAM, Teatro Cuyás... Ninguno, repito, NINGUNO, es capaz de rentabilizar con taquilla o patrocinio privado, la brutal inversión que requiere su programación. Sin embargo, no hay dinero para La Caja Sonora, tampoco para La Caja Tour (impulsada por el propio Ayuntamiento capitalino), y eso a pesar de las declaraciones de la propia Isabel Mena durante la presentación del último Campus Rock, cuando se le reprochó que no presionara a los organizadores para incluir bandas canarias en el cartel; dijo Mena que ellos sí apoyaban a los grupos locales, pero no dijo hasta cuando.

Para rematar el disparate, el propio Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria le negó a los organizadores de La Caja Sonora el permiso para hacer el festival en la Plaza de la Música, ahora resulta que hay un informe presentado por el Auditorio Alfredo Kraus (nuestro particular Perro del Hortelano, que ni come ni deja comer) y firmado por Óscar Tusquets que desaconseja la realización de conciertos allí, el único sitio en el que no se molesta a nadie. La alternativa (única) era el Parque de Santa Catalina (Santa Ana tampoco está disponible porque con la Iglesia hemos topado). Y ese remedio fue la peor enfermedad. La Policía Local suspendió el concierto cuando el grupo Zoo interpretaba su tercer tema. Una denuncia vecinal provocó la cancelación del recital, con multa incluida para el cantante de la banda por incitar a la violencia contra las fuerzas del orden, que se subieron al escenario reglamentariamente armados (je, je, je, otra vez disparando conejos contra escopetas). Este debate -el derecho al descanso vs derecho al ocio-, merece otro post, entre otras cosas porque éste se está haciendo interminable, pero sí que abre otra interrogante: ¿Qué fue del Parque de la Música? O para revolver algo más reciente: ¿Y todos aquellos planes, buenas intenciones e ideas que surgieron en torno al Espacio Aguaviva?

Termino: Si durante los últimos 20 años hubieran destinado sólo un 2% de lo que nos ha costado a todos los canarios la ALTA CULTURA a la ejecución del proyecto del Parque de la Música, me hubiera ahorrado todo este rollo. Y tampoco hubiera sido necesario crear en el facebook el grupo 'Espacio para celebrar conciertos sin que moleste a nadie' (al que estás invitado) y que ya cuenta con más de 1.000 seguidores.
(Esta situación es además extrapolable a otras disciplinas artísticas, léase teatro, danza, literatura, pintura...).

P.D.: Perdonen que no incluya enlaces, ni vídeos, ni fotos, pero creo que en esta ocasión estarían de más.