Nos damos un respiro, y sin que sirva de precedente, o sí, salimos de nuestra frontera archipielágica para explorar producciones discográficas foráneas. Tan ensimismado estaba en la cosecha local, que andaba descuidando el latifundio en el que hoy se ha convertido este negocio de la música. Y a punto he estado de dejar pasar dos discos que me tienen emocionado desde la primera escucha. El título de este post puede inducir al error. No, Dan Auerbach y Van Morrison no han formado ninguna sociedad musical. El primero, 50% (incluso más) de The Black Keys, acaba de publicar su primer trabajo discográfico en solitario, Keep It Hid (Nonesuch Records). El segundo, todo un mito de la música popular contemporánea, celebró el pasado mes de noviembre el 40 aniversario (se dice pronto) de la publicación del magistral Astral Weeks con un concierto en el Hollywood Bowl en el que interpretó el disco entero, con dos bonus tracks, Listen To The Lion-The Lion Speaks y Common One y que ahora sale también en disco. Los dos se pusieron a la venta el mismo día, el pasado 10 de febrero. Los dos merecen el precio que figura en su dorso.
Dan Auerbach es un tipo peculiar. Con The Black Keys ha firmado cinco magníficos discos en los que explora sonidos primitivos. Junto a Patrick Carney, Auerbach cultiva una suerte de blues que bajo el manto de los métodos que utiliza para la grabación -conocido como lo-fi o baja fidelidad, o sea, graba con métodos analógicos en su propio estudio, Akron Analog, en cuatro pistas, casettes, etc-, da como resultado una música intensa, emocionante, intrigante. Ahora, en solitario, Dan Auerbach no ha cambiado de registros y en Keep it Hid se adentra en otros géneros como el bluegrass y la psicodelia con más convencimiento. Podría escribir mil líneas sobre este disco y este artista, pero prefiero dejar un enlace con uno de los temas del disco, el primero del tracklist -Trouble Weighs a Ton-, que interpreta a dúo con su tío, James Quine (la familia tiene mucha importancia en su carrera musical). Sólo diré que sus letras son oscuras, tristes, pero hermosas. Él mismo dijo que sabía que no invitaban al optimismo, y que podría hacer canciones sobre la felicidad "y esas mierdas y vendería cientos de miles de discos, pero no sería yo".
Y como un disco lleva a otro, decidí revisar la discografía de The Black Keys usando el método de lectura del periódico -es decir, empezando por el final-, para reencontrarme con composiciones tan recomendables como este I Got Mine de su reciente Attack & Release (2008), en directo en el programa de David Letterman. Sólo son dos, pero parecen una big band.
En cuanto a Van Morrison, ¿qué se puede decir que no se sepa de este gran artista? Si el original Astral Weeks es una de las grandes obras maestras del rock, este directo es fiel reflejo de su profesionalidad, del exquisito sonido de sus conciertos. Cuarenta años después, Astral Weeks sigue siendo una auténtica maravilla a la que Morrison agrega su plenitud y los conocimientos después de una carrera en la que ha perseguido como nadie la perfección. El cierre, con Common One, es sencillamente genial. Aquí dejo otra perla, Sweet thing.
Hoy me siento feliz por encontrar discos tan emotivos y por compartilos con ustedes. Que lo disfruten tanto como yo.

