Por fin una huelga con sentido común entre los futbolistas. Esta vez no se trata de cobrar más o de jugar menos. Se trata, simplemente, de cobrar. Porque ya está bien de que los clubes, amparados en leyes que les permiten endeudarse hasta las cejas, terminen dejando con el culo al aire siempre a los mismos.
Demasiados millones de deuda, demasiados clubes amparados en leyes concursales que les permite seguir gastando y sin descender (aunque esto va a cambiar), aumentando la deuda, y encima los jugadores con los que tienen deudas pendientes no cobran. Siempre sale favorecido el club y perjudicado el jugador.
Si un club no puede pagar, no puede fichar. Eso es imprescindible. Un ejemplo. Lendoiro debe dinero. Mucho dinero. A jugadores y clubes. A él también le deben, todo hay que decirlo. Pero él no paga. Y sigue fichando. Sin problemas. Como el Zaragoza. Pero éste está amparado en la Ley Concursal, o lo que es lo mismo, la casa de tócame Roque.
Esta huelga está legitimada, por mucho que Astiazarán (otro que, no contento con casi hundir a la Real Sociedad, también quiere hundir el fútbol español desde su sillón de presidente de la LFP) se empeñe en decir que no entiende por qué se convoca.
Y no se trata solo de los futbolistas de Primera y Segunda A, que cobran mucho, muchísimo. Se trata también de los jugadores de la Segunda B, donde se estaban pagando unos sueldos desorbitados para esa categoría y los futbolistas de ahora son los que pagan los platos rotos. El fútbol no es más que un negocio. Habría que establecer por Ley unos sueldos justos y nos las salvajadas que se cobran hoy en día.
Si no hay fútbol en las dos primeras jornadas no pasa nada. Los problemas vendrán para la LFP y la RFEF, que tendrán que romperse la cabeza para cuadrar fechas. Lo que importa es que los clubes y la patronal sepan que con los sueldos no se juegan. Ellos tienen familia que necesita el dinero para comer. Los futbolistas también.
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