Nadie esperaba un Athletic tan impreciso, tan endeble y tan desaparecido en los primeros minutos de partido. Decantó mucho la balanza hacia el lado atlético, y eso o menos es lo que le hace falta a Falcao para hacer de las suyas. Dos golazos para encarrilar una final que se presentaba mucho más complicada de lo que fue.
Muchos lamentan los errores de Stark en los dos penalties que eran y no se pitaron, demostrándose una vez más que la tecnología hace falta en el mundo del fútbol. Una repetición inmediata y el cuarto árbitro sentadito delante de una televisión, chivándole por el pinganillo al árbitro en menos de 10 segundos si es o no penalty, si es o no agresión, si finge o no. Una labor por la que el cuarto árbitro haría algo de provecho, en vez de estar de pie en el campo pintando la mona y llevándoselo fino.
El Atleti ganó su tercer título en tres años. Un registro de los mejores clubes, dicho sea de paso. Y puede ganar el cuarto en agosto en la Supercopa de Europa. Muchos clubes no pueden decir lo mismo. La fiesta que se vivió en Bucarest y en Neptuno la aguó un poco Gil Marín, como de costumbre, anunciando que o entran en la Champions o no podrán retener a Falcao. Unas declaraciones que anoche, noche de fiesta, pintaban más bien poco.
Pero lo que importa es la alegría, la alegría por un nuevo título europeo, la alegría por dejar un poco más de lado la fama de 'Pupas', la alegría porque (como dijo Simeone) los niños podrán lucir orgullosos su camiseta del Atleti en clase. Una alegría que nadie aguará, aunque se empeñen aquellos que dicen amar al club.
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El Atleti quiere estar en la Final de la Europa League. De eso no cabe duda. 

