Quien le iba a decir a los aficionados blues hace unos meses, cuando Villas-Boas fue despedido y el equipo vagaba por la Premier como pollo sin cabeza (parafraseando a Toshack), que su equipo iba a ser el campeón de la Champions League. Ni los más optimistas podían haber imaginado un final tan bueno como éste, ni mucho menos parecido. Abramovich pensaba que la Copa de Europa se le iba a resistir un año más, otro, en los que sus millones no conseguían traer el trofeo más preciado.
Pero llegó Di Matteo y se produjo un cambio milagroso. Demasiado, diría yo. Parece como si a Villas-Boas se le hubiese estado haciendo la cama para que lo echaran y, una vez fuera y con otro técnico, empezar a rendir como realmente saben. Porque son los mismos jugadores, los mismos que no sabían plasmar lo que el portugués quería, los mismos que ahora siguen al pie de la letra las órdenes de Di Matteo.
Al final, un equipo con un juego tosco y ultradefensivo ha terminado levantando la Champions League, muestra de que el otro fútbol también puede ganar un gran título. El Chelsea no mereció pasar a la final. Tampoco mereció ganarla. Barça y Bayern fueron mucho mejores que los londinenses, pero esto es lo que tiene el fútbol, nada está escrito, por más que algunos quieran ver conspiraciones.
Felicidades al campeón.
[Foto | SportYou.es]


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