El Valencia tiene esta noche una oportunidad de lujo en Mestalla para resarcirse de su mal resultado en Leverkusen. No por mal juego, sino por despistes. El problema del Valencia esta noche no se llama Bayer Leverkusen, ni Michael Ballack, ni Unai Emery. El problema del Valencia es su propia afición.
Sin ánimo de criticar por criticar, la afición valencianista que se da cita en Mestalla jornada tras jornada es una de las menos pacientes del fútbol español. Por no decir la menos. El equipo puede llevar una dinámica de buen juego y victorias durante muchos partidos que, con uno o dos tropiezos en forma de empates o derrotas puntuales, les caen encima a jugadores y cuerpo técnico. Y es una pena, pues es en esos momentos, cuando los fallos aún se pueden revertir, donde se debe dejar claro el apoyo a un equipo, a unos colores. De nada sirve criticar, silbar o abuchear cuando lo que interesa es que todo el mundo reme en la misma dirección para que primen los aciertos sobre los fallos.
El Valencia tiene un gran equipo, se ha sabido reponer a la marcha de sus campeones del mundo y pilares básicos, tiene un entrenador capaz de sacar lo mejor de esa plantilla (pese a que hay gente a quien no le gustó en un principio su forma de entrenar, como a mí). Lo que le falta es tener el apoyo unánime de la afición que va al campo en cada partido.
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