La llegada de Simeone al Atleti ilusiona, no nos engañemos. Si ponemos en una balanza el nombre de Gregorio Manzano y en la otra el del 'Cholo' está claro hacia dónde se inclinará. Goyo Manzano fracasó una vez en su intento de capitanear el barco colchonero y ha vuelto a fracasar en el segundo intento. No es entrenador para el Atleti y se ha vuelto a demostrar. Llegó porque ni Miguel Ángel Gil Marín ni Cerezo se pusieron de acuerdo en quien traer. Y al final, como siempre, la bicefalia del club rojiblanco termina trayendo la desgracia al club.
Simeone promete entrega, valentía. Puede prometer mucho, pero lo que está claro es que solamente se verá si es verdad o no cuando empiece a rodar el balón. La afición está contenta con su llegada. Lo idolatraban como jugador y eso ha trascendido a su etapa como míster. El tiempo dirá si realmente funciona o no. Simeone estaba destinado a entrenar al Atleti. Hasta el menos listo lo sabía. Ahora habrá que esperar que le dejen trabajar y que todo salga bien.
Aunque seguirá habiendo un problema. Y grande. Como ya dije, se llama 'bicefalia'. Y, dentro de ella, la peor parte se apellida Gil. Es el cáncer del Atleti, el verdadero problema. Un tumor que empezó creciendo a partir de una célula cancerígena que llegó al club sin poner un duro y que ahora, más de 20 años después, se ha reproducido tanto que la única solución es la erradicación completa. Ni radioterapia, ni quimioterapia, ni 'títuloterapia'. Nada de nada. Sólo con la marcha de la familia Gil el Atleti puede empezar a respirar de nuevo. Esperemos que la afición se siga acordando de cual es el verdadero problema de su club. Y eso se hace animando hacia el césped y gritando hacia el palco.
[Foto | SportYou.es]

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