Cada vez que sale el tema de forzar las tarjetas para llegar limpios a un partido determinado no puedo dejar de reírme. Me hace gracia como cierto sector sectario siempre ve como algo malo esa acción si proviene del noreste de España, y se callan y aplauden cuando vienen de la Meseta.
La semana pasada, cuando Xabi Alonso forzó (de manera muy disimulada, la verdad) la quinta amarilla para poder medirse al Barça, simplemente se hicieron eco de la acción y la dejaron ahí, como normal. Esta semana, cuando Piqué y Busquets podrían hacer lo mismo ante el Rayo ya se empezaba a cocinar la campaña de acoso y derribo por 'alterar la competición'. Y dicho y hecho. 'Busi' no se 'limpió', pero Piqué la forzó y, la verdad sea dicha, no disimuló demasiado. Ahora puede que se entre de oficio, pudiéndose sancionar con un partido más, por lo que parece que es igual de grave forzar una tarjeta que agredir a un entrenador e intentar sacarle un ojo. Cosa que puede lograr la Central Lechera con sus habituales presiones.
Pero volvamos a lo de siempre. El tema de forzar tarjetas para llegar limpios a un partido no debería de estar sancionado. Cada equipo hace lo que quiere con su plantilla, y si considera que ha llegado el momento de completar un ciclo, descansar y llegar fresco a un partido importante pues adelante. Como quien dosifica los partidos y da descansos a los futbolistas en algunos partidos. Otra cosa es si hay un espectáculo bochornoso de por medio. Si quieres forzar una tarjeta agarra a un contrario de la camiseta, zancadillea, discute, toca el balón con la mano... A algunos futbolistas les falta ese punto de picardia, al igual que algún que otro entrenador, como Mourinho, capaz de montar un show penoso en Amsterdam. Lo que sí que no va a cambiar es la hipocresía de muchos, que aplauden una acción cuando se produce en el equipo de sus amores y la critican cuando es en el contrario. Y luego tienen la cara de llamar 'fanáticos' a los demás.
[Foto | MundoDeportivo.com]





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