La maldición de los octavos se ha roto. Mourinho ha conseguido lo que sus antecesores no: pasar de ronda y meterse en cuartos de final. El Lyon era más fuerte que el del año pasado, pero el Madrid también, y poco pudieron hacer los galos. Maniataron un poco al Madrid en la primera parte y otro poco en la segunda, pero aparte de eso poco más que acto de presencia.
No nos equivocamos, jugó Cristiano. Estaba cantado. Mourinho no se la jugaría. Y se vio que el Madrid sin él juega mejor, se asocia, permite más libertad e hilan mejor las jugadas. Con él son más incisivos, más potentes, más certeros, sobreviven más de jugadas aisladas y de contragolpes efectivos. Pero ése es el fútbol que gusta por ahí, y para gustos los colores.
El que sí que no ve colores, salvo el rojo sangre, es Pepe. Ese hombre tiene un grave problema. En los partidos bajo presión se le cruzan los cables y se convierte en un sanguinario. El rodillazo de ayer en la cara a Lisandro, fue, si me apuran, tarjeta naranja. Y, junto con las demás agresiones, el luso no debió acabar el partido. Después se vendrá hablando de Platinato y demás tonterías, pero lo único claro es que el reglamento bien aplicado por Busacca no se aplicó ayer en el Bernabéu. Aún con uno menos, el Madrid hubiese pasado por encima del Lyon, que se mostró más bien como un gatito que de cuando en cuando estiraba las zarpas para mostrar que sí tenía garras.
Ahora toca sorteo puro. Todos contra todos. Unos temblorosos por el rival que se van a encontrar. Otros deseosos, pues para ser el mejor tienes que eliminar a los mejores.
PD: Gran gesto del Madrid y del Lyon ayer al ponerse la camiseta de apoyo a Abidal al final del encuentro (ya que la UEFA no permitía que saltasen así al campo), y por proyectar la imagen del francés en el videomarcador, aplaudido por la afición. Ése es el verdadero señorío del Madrid, y no el 'señorío excusatorio' abanderado por 'Mou' y refrendado por Florentino.
[Foto | SportYou.es]

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