Me meto en algo de lo que sé más bien poco. De fútbol tampoco sé tanto, pero es el ámbito en el que me muevo más a diario y más que sea tengo una base. Pero en lo que a F1 se refiere hablo como un aficionado más.
Ayer era un día para reír y disfrutar. Era un día para que Alonso ganara su tercer Mundial y España vibrara una vez más con el asturiano. Pero no fue así. No sé si la alegría y la euforia invadió al equipo desde que se consiguió el tercer puesto en la parrilla de salida, o si simplemente fue una 'cagada' (y disculpen la expresión) el día de la carrera.
Lo que importa es que el Mundial se perdió por seguir a quien no se debía y por asustarse antes de tiempo. Sé que es ventajista hablar ahora, pero por eso ya avisé que yo en esto no soy sino un aficionado más. Es una pena lo sucedido, pero dicen que son los errores los que te enseñan. Si te caes has de aprender a levantarte y a mirar mejor por dónde vas para no volver a caerte. Es lo que debe hacer Ferrari. Una escudería con tal tradición no puede dejarse llevar como ayer. El Mundial se perdió, sí, pero puede que se haya dado un buen paso hacia la consecución del próximo. Salvando si habrá mejor o peor coche, lo que está claro es que lo de ayer difícilmente se volverá a repetir.
Y por supuesto hay que felicitar a Vettel que, como hace unos años Raikkonen, se alzó con el título cuando era el que menos posibilidades tenía. En Red Bull apostaron a su caballo ganador desde el principio y les ha ido bien, aunque haya sido Webber el que ha estado arriba más tiempo.

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