Lo dicho, ayer fue una grandísima fiesta de cumpleaños para el Barça. 111 años de historia culminados de la mejor forma posible: dando un recital de buen fútbol y enseñándole a más de uno que es mejor hablar en el campo que en las ruedas de prensa.
El Barça fue completamente superior, nadie puede discutirlo. Mourinho se intentó colgar, una vez más, de la portería. El empate le valía. Era feliz con eso. Di María jugando casi de lateral, al más puro 'estilo Mou' con Eto'o en el Inter, lo decía casi todo. El Madrid no supo cómo contrarrestar al Barça, que les hacía un rondo prácticamente en cada jugada.
Pero, como no, tuvo que salir a relucir el mal perder y carácter blanco (y que conste que también critico la acción de Pep, aunque eso se hace en todos los partidos). Las continuas entradas duras y, sobre todo, lo de Sergio Ramos. Es impresionante el cociente intelectual que tiene que tener este tío. La edad mental dudo mucho que supere los dos años. Ha demostrado, una vez más, que no sabe perder. Y es normal que reaccione así ya que ,aparte de tener el cerebro que tiene, su compañero Pepe ya le dio una lección de kick-boxing hace un tiempo con Casquero de sparring.
Ya para terminar no tengo más que alabar a Iturralde González. Decían que iba a ser determinante y apenas se le vio. Quien reclama penalty de Valdés a Cristiano lo hace desde las más pura impotencia. Toca primero balón y luego al portugués. No puede volatilizarse. Es lo que hay.
Buena lección de fútbol de un grandísimo equipo ante otro que, en su primera prueba de fuego, ha dejado mucho que desear. Mourinho tenía razón: en Barcelona hay teatro, y del bueno. Feliz cumpleaños Barça.

