Justicia. Pasan los días desde la maravillosa final del Mundial '10 vivida el pasado domingo. Y entre más días pasan más increíbles me parecen las palabras de Robben o Sneijder. Que la selección holandesa se queje de que se debió expulsar a Puyol o de que el árbitro les robó es lo más idiota que he leído en todo este Mundial. Un árbitro que permitió el juego duro, excesivo y casi asesino de Holanda no puede haber ido en contra de los intereses naranjas. Con el reglamento en la mano muchos holandeses no hubiesen terminado el partido.
Amonestaciones verbales. Que el árbitro, en las primeras entradas duras diga "una y no más, a la próxima te saco tarjeta" es normal y hasta comprensible. Lo que no lo es es que en la segunda parte, e incluso en la prórroga, siga haciéndolo. Webb no sólo no fue en contra de Holanda, sino que encima jugó a su favor. De haber controlado el partido y zanjar rápido el juego violento los holandeses hubiesen jugado con 9 más pronto que tarde. Y si encima estos dos vienen a quejarse... venga hombre.
Cada uno en su sitio. El fútbol fue justo por una vez. Puso a cada uno en su sitio. A los que se preocuparon por repartir leña y destrozar las piernas rivales los castigó con la derrota. Los que se empeñaron en jugar bien al fútbol, incluso cuando te están cosiendo a patadas, fueron premiados con la victoria, con la gloria, con el recuerdo eterno. Ni Holanda ni Howard Webb consiguieron que el fútbol hincara la rodilla. Sneijder y Robben deben hacer un ejercicio de conciencia. Menos quejarse de que el árbitro te robó cuando encima te perdonó, ya que no hicieron otra cosa que dar patadas. España es justa campeona, y Holanda, injusta segunda. Alemania debía haber ocupado ese lugar. Pero por razones de suerte en el sorteo no se pudo.

Escribir un comentario