Las lágrimas de Pep al final del partido en Abu Dabhi muestran la salida de los sentimientos reprimidos durante largos meses. La siempre comedida actitud de Guardiola, dando por sentado que ningún partido será fácil, evitando la euforia, ahogando los pensamientos de superioridad que pudieran surgir a medida que se iba jugando mejor y se cosechaban títulos, ha terminado por salir a la luz.
Sus lágrimas bien muestran la tensión que llevaba por dentro durante estos meses, y que gracias al pundonor y coraje de sus jugadores ha podido salir a la luz. Si el Barça hubiese perdido seguramente también hubiese llorado, pero habría tenido un significado completamente distinto: "Estuvimos a un paso y no lo conseguimos". Lágrimas de tristeza.
Pero al ganar las lágrimas fueron de alegría, de ser eternos como le dijo a sus jugadores. Sus lágrimas expresaron lo que todos sentimos durante estos meses y que el sábado tuvo su punto culmen. Ahora comienza un nuevo reto, todavía más bonito y difícil: revalidar títulos y confirmar que son el mejor equipo de la historia. Las lágrimas volverán a brotar.
(Foto: Mundo Deportivo)
PD: Cambiando de tema, lo ocurrido en un partido de infantiles en Las Palmas entre los padres no tiene nombre. Los entrenadores de fútbol base intentando enseñar a los niños que hay que respetar al rival y disfrutar, y mientras los padres haciendo el cafre en las gradas. A veces algunos sobran, mejor se quedaran en su casa.

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